Jaldo y Manzur de brazos cruzados: “El 52% de los tucumanos son pobres”

Decenas de miles con una vida “totalmente insalubre” por el “hacinamiento”, números de pobreza, indigencia y desempleo que dan “mucha pena” y un gobernador y vicegobernador que “no aprovecharon” la oportunidad de resolver estos problemas cuando

Mundo 13 de marzo de 2023 Redaccion GLP
Desde GRUPOLAPROVINCIA.COM te informábamos hace poco sobre las críticas que se le hacen al gobierno de Luis Manzur y Osvaldo Jaldo en la provincia de Tucumán, por los altos niveles de indigencia y la escasez de obras públicas.

El legislador Federico Masso, de Libres del Sur, dialogó con nosotros, en esta ocasión, para describir la situación en su provincia, donde, según dijo, “se perdieron oportunidades históricas” y la realidad da “mucha pena”, con un déficit de vivienda que lleva a decenas de miles a vivir en condiciones “totalmente insalubres” y un gobierno que no genera “trabajo genuino”.

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–En principio, me gustaría conocer qué fue lo que lo motivó a presentarse como candidato para pelear por la gobernación.

Lo que me motivó, y nos motivó en el espacio político, es que no hay más tiempo para discutir otro modelo de provincia totalmente distinto de esta realidad de hoy, de una provincia donde quienes gobiernan creen que los tucumanos se deben acostumbrar a la impunidad, a la corrupción, al clientelismo. Con esa idea de renovación de poder se han perdido oportunidades históricas para que Tucumán, que hoy tiene cifras que nos interpelan y nos dan mucha pena: 52% de pobreza, 16% de indigencia, 13% de desempleo, prácticamente un déficit de 35.000 viviendas, de las cuales 13.000 familias necesitan sí o sí una vivienda popular, porque viven en condiciones infrahumanas. Tenemos trabajadores de las principales actividades económicas en Tucumán, que son semestrales, como la caña de azúcar, el arándano, el citrus, que terminan la actividad en septiembre y quedan sin nada. Hoy, cuando el gobernador dice que bajó el desempleo, tenemos a 18.600 tucumanos viviendo en condiciones infrahumanas en el sur del país, en la cosecha de la fruta, para poder cada sábado, cuando termina su semana de trabajo, enviar dinero a su familia, porque la verdad que la situación está muy difícil, ¿no?

–¿Cómo calificaría al gobierno de Manzur y Jaldo?

El gobierno de Manzur y Jaldo es una continuidad de prácticamente ya dos décadas que gobierna el peronismo en la provincia. Han tenido una oportunidad histórica entre 2007 y 2009, cuando la economía tenía viento a favor, y lejos de avanzar en los problemas estructurales que tiene Tucumán, que no se condicen con el siglo XXI, no aprovecharon esos dineros para invertir en lo que no se ve. Yo siempre digo que las obras importantes son las que no se ven. Tenemos una red de agua potable de 53 años, una red cloacal que no llega todavía al 50% de los tucumanos y que data de hace 70 años, y sobre todo algo que me parece para destacar y que en la era de quienes conducían el Ministerio de Infraestructura a nivel nacional, Julio De Vido, José López, un tucumano que nos da vergüenza nombrar, se hicieron en Tucumán 47.800 mejoras habitacionales. Con ese dinero se podrían haber construido en Tucumán 30.000 viviendas sociales para sacar del hacinamiento y de un día a día totalmente insalubre a decenas de miles de tucumanos. Y la verdad es que no se hizo. Y eso es lo que hoy estamos padeciendo. Porque el que tiene agua no tiene presión. El que tiene cloaca la tiene colapsada. Con un déficit de 35.000 viviendas se anunciaron 3600 y se están construyendo 420 viviendas.

Federico Masso.

Y la verdad que el desafío que tiene Tucumán para salir es generar trabajo genuino desde el punto de vista de lo privado, para lo cual no puede esperar más la provincia una ley de promoción industrial que genere puestos de trabajo genuino a través de la instalación de fábricas, de industrias, de capitales nacionales, provinciales, con una ley de promoción industrial en serio y una merma muy fuerte de la presión impositiva que hay en Tucumán. Usted sabe que alguna vez algunos capitales importantes de Tucumán se fueron a invertir en Santiago del Estero. Actualmente distintos call centers que reúnen a miles de jóvenes trabajando piensan cerrar e ir a Chaco porque hay menor presión impositiva. Creemos que Tucumán tiene que volver a ser el Tucumán que, de la mano del trabajo y la educación, pudimos ver los que hoy peinamos canas hace cuarenta años.

–Usted recorre constantemente el interior de la provincia. Hablábamos de que hay un 52% de pobreza, lamentablemente, en Tucumán. ¿Cómo repercute esto en el interior? ¿Hay hambre, hay miseria en el interior provincial?

Mire, en el interior nos interpela el hambre. A pesar de que después de la crisis de 2001 y 2002 se ha logrado extender una red de lo social extensa en el país y en Tucumán, con distintas organizaciones de la sociedad civil que tienen comedores, merenderos, centros de capacitación, todo, y que hoy en Tucumán son más de 100.000 niños los que comen en comedores y merenderos comunitarios, la verdad que por un lado nos da mucha bronca cuando se nos acercan madres con sus hijos en brazos pidiéndonos comida porque hace quince, veinte horas que no comen nada sólido. Lo vemos cuando vamos a nuestros merenderos y un niño pretende comer seis medialunas de golpe y cuando uno le pregunta a la mamá, nos dice lo mismo. Y le tenemos que quitar, porque va a hacer un vómito manguera, como se llama cuando uno come de golpe con el estómago vacío. Es el Tucumán que vemos no sólo en el interior; lo vemos a treinta o cuarenta cuadras de la Casa de Gobierno. Una realidad de pobreza cruzada muy fuerte con el consumo problemático. Con un Estado con una política en salud mental muy, muy negativa, que lejos de estar cerca de esos jóvenes, de esos niños que necesitan recuperarse, piensan para adelante y creen que con una ley de narcomenudeo, que la aprobamos hemos aprobado por unanimidad, sólo pasa por ir por los inescrupulosos que venden lo peor de las sustancias. Pero nosotros creemos que a la vez que ir por los inescrupulosos tiene que haber una pata del Estado fuerte, que son los ministerios de Educación, de Salud y de Desarrollo Social, para, en primer lugar, recuperar a miles de jóvenes que quieren recuperarse, que hoy están en la senda de la Iglesia Católica y en distintos hogares de la Iglesia Evangélica, y que cuando uno se acerca a ellos los ve con ganas. Ahora, para esas ganas que ellos tienen, tiene que haber un Estado presente que les permita objetivamente poder salir. Y para salir necesitan un tratamiento constante.

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