Vivir en Argentina cuesta caro, según un informe internacional
Ropa, calzado y electrodomésticos ubican a Argentina entre los países más caros del mundo. El costo de vida sigue alto y los salarios no alcanzan, advierte el IERAL.
Argentina cerró 2025 consolidándose como uno de los países más caros de la región y del mundo en varios rubros clave, en un contexto atravesado por salarios deteriorados y una economía con precios elevados en dólares. Así lo revela un informe de la Fundación Mediterránea–IERAL, elaborado por los economistas Marcelo Capello y Federico Belich, que comparó el costo de bienes y servicios locales con el de otros nueve países.
El estudio, que analizó precios de alimentos, servicios, indumentaria y bienes durables, expone una de las principales tensiones del esquema económico impulsado por el gobierno de Javier Milei: mientras el oficialismo sostiene que la apertura y el ajuste permitirían ordenar los precios, el costo de vida sigue siendo alto para los hogares argentinos, especialmente frente a países de la región.
Alimentos y servicios: una posición intermedia
En el rubro alimentos y bebidas, Argentina se ubica en una posición intermedia dentro de la comparación internacional. El informe muestra que en el 39% de los productos relevados los precios locales resultan más altos que los de otros países. Brasil presenta valores inferiores en nueve de los diez productos analizados, mientras que en Chile y Polonia alrededor de la mitad de los bienes son más baratos. La brecha se amplía frente a China, donde el 80% de los productos comparados tiene precios más bajos que en Argentina.
Dentro de la canasta alimentaria, el país aparece relativamente caro en productos como el agua mineral, pero mantiene precios más bajos en alimentos básicos como el queso, las papas y la carne bovina. Según Capello y Belich, este comportamiento se explica por el peso de la producción agropecuaria local y la incidencia de los derechos de exportación sobre los precios internos.
En servicios personales y familiares, Argentina resulta más cara en el 32% de los casos analizados. Frente a Brasil, los precios locales superan a los del país vecino en el 80% de los ítems relevados, mientras que la brecha se reduce frente a China (70%) y Chile (50%). El informe señala que la comida en restaurantes aparece como uno de los servicios más costosos, mientras que las cuotas de gimnasios y algunos servicios subsidiados muestran valores relativamente más bajos.
Indumentaria y bienes durables, el mayor desfasaje
El mayor problema se concentra en los bienes durables, la indumentaria y el calzado. En este segmento, Argentina se consolida como uno de los países más caros del mundo: en el 81% de los casos, los precios locales superan a los internacionales. Autos, motos, electrodomésticos, productos electrónicos, ropa y calzado exhiben valores significativamente más altos que en el resto de los países comparados, lo que impacta de lleno en el acceso al consumo.
Según los autores, esta brecha se explica por la combinación de alta protección comercial y elevada carga tributaria interna. “Los derechos de importación y los impuestos nacionales, provinciales y municipales terminan reforzando esta diferencia de precios”, señalaron Capello y Belich. Aunque reconocen que una mayor apertura y la reducción de algunos impuestos acortaron levemente la brecha en los últimos meses de 2025, el problema estructural persiste.
Un ranking que confirma el encarecimiento
El informe también ubicó a Argentina en el ranking internacional de precios en dólares a partir de una base de datos de 100 países. Los resultados son contundentes: el vestido de marca internacional ocupa el primer puesto como el más caro del mundo, las zapatillas deportivas el cuarto lugar, y productos como jeans y agua mineral figuran entre los más costosos a nivel global. En contraste, el vino de gama media, el bife de nalga y la cuota mensual de un gimnasio aparecen entre los bienes relativamente más baratos.
Las conclusiones del estudio son claras: la “normalización” de precios celebrada por el Gobierno no se tradujo en una mejora para los hogares. Con salarios en retroceso y precios elevados en dólares, Argentina mantiene una ecuación que encarece la vida cotidiana y restringe el consumo, incluso en rubros esenciales.
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