Entrevista GLP. Julio Bárbaro: “El jefe no es Milei, es Eduardo Eurnekian”
Julio Bárbaro, analista político
-¿Qué cree que Javier Milei no quiere escuchar de análisis como los que usted realiza?
No, él tiene capricho. Primero el jefe no es él, es Eduardo Eurnekian, con quien discutí, lo conozco. Antes había que dar golpe de Estado para conducir un país. Hoy el mercado nos conduce.
El pensamiento de Eurnekian está en los empleados que él puso. El poder económico es infinitamente más fuerte que el poder político, los partidos se disolvieron, Cristina se llevó el peronismo a la casa.
Va a haber que rehacer todo esto, que es el retorno del pensamiento. Los economistas son pobre gente. Georges Clemenceau decía que la guerra era demasiado importante para dejarla en manos de los militares. Y la política es demasiado importante para dejarla en manos de los contadores.
No hay país del mundo donde la economía dirija a la política. Por eso además damos en quiebra. Cuando usted empobrece y se endeuda a la vez, no tiene que discutir la decadencia, la está viviendo.
-¿Todavía estamos a tiempo de frenar este rumbo o considera que el daño ya está hecho?
Los daños vienen desde hace 50 años, de Martínez de Hoz para acá. Yo fui taxista de clase media, y hoy hay médicos de clase baja. La Argentina se diferenciaba de América por la clase media que tenía.
Y hoy nos quieren volver América, como son los países hermanos donde hay estabilidad de la moneda con 80% de miseria. La moneda no es la medida de la distribución de la justicia en una sociedad.
Milei es un pobre tipo a quien Eurnekian lo puso ahí para ver qué hacía, pero el pensamiento nefasto es el de Eduardo Eurnekian.
-¿Qué mensaje le daría a los argentinos que sienten que hoy les han quitado la esperanza?
El mensaje que le doy es que hay una nueva generación, hay jóvenes en cantidad. Escuché un discurso de Nicolás Massot que me pareció muy bueno. Creo que la política está renaciendo.
Y decirle a los jóvenes que lo mejor que le puede pasar en la vida a una persona es poder devolverle el destino a una sociedad. Ellos pueden irse a Europa, a Estados Unidos, pero esa posibilidad de trascender solo la tienen acá. Vivir en la Argentina es el regalo de poder devolvernos la esperanza.