Radicalismo en ebullición: cierre de listas el 8 de mayo y una interna que se multiplica en toda la Provincia
La Unión Cívica Radical bonaerense entró en zona de definiciones con un calendario que ya no admite dilaciones: el 7 de junio habrá internas en toda la provincia y la disputa por la conducción partidaria se trasladará, sin escalas, a los 135 distritos.
El fallo del juez Alejo Ramos Padilla que ratificó el adelantamiento de los comicios terminó de despejar el escenario formal, pero dejó intacta la discusión política de fondo: cómo reconstruir autoridad en un partido atravesado por fracturas, judicialización y liderazgos en tensión.
El cierre de listas, previsto para el 8 de mayo a las 23:59, aparece como la próxima estación crítica. Hasta entonces, los distintos sectores combinan negociaciones contrarreloj con armado territorial, en un equilibrio inestable entre el discurso de unidad y la preparación para una confrontación abierta.
Interna extendida: del comité provincia a cada distrito
El proceso no se limitará a la conducción bonaerense. La carta orgánica obliga a que ese mismo día se renueven autoridades en todos los comités locales, lo que convierte la elección en una pulseada simultánea en cada municipio. Presidentes de distrito, comités de circuito y delegados a los órganos partidarios serán definidos en una jornada que, en los hechos, funcionará como un test de fuerza territorial.
En distritos como Avellaneda, la convocatoria ya formalizó el alcance de la elección: además de autoridades locales, se elegirán delegados a la Convención Provincial, miembros del Comité Provincia, representantes ante la Convención Nacional y delegados al comité nacional. Un esquema que replica, con matices, en municipios como Tigre, 9 de Julio, Mercedes, Coronel Suárez, Trenque Lauquen, Pilar, Colón y General Alvear.
La dimensión territorial no es un dato menor. El radicalismo bonaerense conserva una estructura con fuerte anclaje municipal, expresada en intendencias como las de Ramón Capra (General Alvear), Juan Chalde (Coronel Dorrego), Esteban Reino (Balcarce), Román Bouvier (Rojas), Francisco Recoulat (Trenque Lauquen), Érica Revilla (General Arenales), Lucía Gómez (Adolfo Gonzales Chaves) o José Luis Salomón (Saladillo), entre otros. Ese entramado será determinante tanto en la interna como en la proyección electoral futura.
Entre la unidad declamada y la disputa inevitable
En el plano político, la discusión sigue atravesada por dos lógicas que no terminan de sintetizarse. Por un lado, el sector referenciado en Maximiliano Abad, junto a Gustavo Posse y Daniel Salvador, insiste en la necesidad de dotar de legitimidad a la conducción tras el “fracaso rotundo” del esquema de contingencia que siguió a la crisis judicial. Por el otro, el espacio de Miguel Fernández y Alejandra Lordén plantea la integración como condición, aunque avanza en paralelo con un armado propio.
La tensión se replica en los distritos. En Junín, el presidente del comité local, Leandro Salvucci, describió un clima de diálogo incipiente: “Estamos contentos por el proceso que estamos llevando adelante, creo que habla de una madurez política de todos los sectores”. Allí, las conversaciones buscan evitar la interna, aunque con cautela: “Hoy todos estamos de acuerdo, pero después hay que plasmarlo”.
Desde Evolución Radical, Juan Pablo Itoiz aportó una mirada más cruda: “Estamos en una encrucijada, ante errores cometidos no solo el año pasado sino a lo largo de varios años. La situación no da para más”. El ex concejal apuntó a la crisis provincial, a la conducción “de contingencia” y al desempeño de dirigentes en distintos distritos: “En muchos distritos quienes asumieron responsabilidades no han estado a la altura de las circunstancias”.
Pese a ese diagnóstico, también coincidió en la necesidad de ordenar primero el partido: “No podemos poner el carro adelante del caballo. Primero hay que ordenar el partido, renovar autoridades y normalizar el funcionamiento del comité; después discutir la estrategia electoral”.
Mar del Plata y el peso de los territorios
En General Pueyrredón, el presidente del comité local, Gustavo Serebrinsky, explicitó esa tensión entre unidad y competencia. “Siempre hay que tratar de lograr una unidad”, afirmó, aunque advirtió que el escenario electoral no está descartado y que cualquier acuerdo dependerá de la “razonabilidad” y de lo que ocurra en el resto de la provincia.
Serebrinsky puso el foco en el rol del distrito: sostuvo que el radicalismo marplatense mantiene un “peso específico histórico” y recordó que fueron “la sorpresa” en los últimos comicios, en un contexto de polarización. En esa línea, planteó la necesidad de recuperar protagonismo: “Aspiramos a que el radicalismo vuelva a ser un factor de poder”.
La ambición también se proyecta a nivel local: “Aspiramos a volver a gobernar Mar del Plata”, señaló, aunque reconoció límites estructurales. “Ningún sector por sí solo puede dar respuesta a la demanda social”, afirmó, dejando abierta la puerta a futuras alianzas, pero con la intención de que la UCR lidere esos acuerdos.
El dirigente también marcó una definición política sobre el clima actual: “El no diálogo ha fracasado en la Argentina”, sostuvo, y advirtió sobre la lógica confrontativa, especialmente en redes sociales: “La violencia es inconducente y tiene vuelta”.
En ese marco, defendió el valor de las internas como herramienta de legitimación frente a las decisiones cerradas: “Cuando las decisiones no las toma la organización, las toma el dedo”.
Mientras tanto, con el calendario en marcha y sin señales firmes de síntesis, la UCR bonaerense se encamina a una elección que no solo definirá nombres, sino también el tipo de partido que busca reconstruir en medio de una escena política fragmentada.