La inflación omitida por el gobierno destapa más pérdida salarial real
Juan Manuel Villarreal
La decisión del Gobierno de suspender la publicación del nuevo Índice de Precios al Consumidor (IPC) abrió una discusión inmediata sobre el verdadero deterioro del poder adquisitivo. Distintas consultoras privadas coinciden en que, con la metodología actualizada, los salarios del sector registrado habrían mostrado una caída bastante más profunda que la que surge del indicador vigente.
Las estimaciones hablan de retrocesos que pueden superar el 13% en los últimos dos años. La diferencia respecto del cálculo oficial ronda hasta siete puntos porcentuales.
Qué mostraba el IPC que quedó en pausa
Entre noviembre de 2024 y diciembre de 2025, el IPC que hoy difunde el INDEC acumuló un alza del 259%. Sin embargo, el indicador revisado —según cálculos del investigador de la Universidad Di Tella, Martín Rozada— hubiera marcado una suba del 273%.
La brecha responde, en gran parte, a la canasta que se utiliza para medir los consumos. El esquema vigente toma patrones de 2004/2005, donde los servicios públicos y otros precios regulados tienen menor peso relativo. En un contexto de fuertes ajustes tarifarios, esa subponderación termina suavizando el impacto.
En números concretos, Rozada estimó que el índice actual estaría subestimando en alrededor de 14 puntos porcentuales la evolución real de los precios.
Cómo impacta en el salario real
Un IPC desactualizado modifica inevitablemente la lectura sobre las remuneraciones. Aun acuerdos paritarios que empataron o superaron la inflación oficial podrían quedar retrasados frente a una medición más representativa del consumo.
LCG calculó que, entre noviembre de 2023 y noviembre de 2025, el salario registrado cayó 6,4% usando el IPC actual. Con el nuevo indicador, el retroceso sería del 10,4%.
Desde Vectorial fueron más allá: “El uso de un IPC actualizado permitiría dimensionar con mayor precisión la pérdida real. Mientras el salario promedio cae cerca del 6% con el índice oficial, supera el 13% con la canasta 2017/2018”.
Empiria, en tanto, estimó una diferencia intermedia de alrededor de seis puntos.
Qué puede pasar con las paritarias
La discusión no es meramente estadística. Tiene efectos directos sobre las negociaciones salariales en curso y las que vendrán.
Antonio Andrés Navarro, economista de LCG, consideró que la suspensión del nuevo IPC pudo haber respondido a la necesidad de evitar reconocer un deterioro mayor en medio del debate por la reforma laboral. Aun así, advirtió que el traslado a las paritarias dependerá de la fortaleza de cada sindicato, un factor que hoy luce debilitado.
El debate dentro de los gremios
Hasta el momento, ninguna organización sindical planteó formalmente utilizar el índice alternativo. Eso ocurre pese a que en enero la inflación trepó al 2,9%, la cifra más alta desde marzo.
Paradójicamente, las consultoras privadas estimaron que, con la metodología nueva, el dato del primer mes del año hubiera sido levemente menor, entre 2,7% y 2,8%.
Para Claudio Caprarulo, director de Analytica, la cuestión de fondo pasa por la legitimidad. “La nueva fórmula daría cuenta de una caída mayor del salario respecto de la medición actual. Dependerá de la posición que tomen trabajadores y representantes sobre qué IPC consideran válido”, explicó.
Tope salarial y ruido sobre la credibilidad
El escenario se complejiza porque el Gobierno viene aplicando un techo en las negociaciones, evitando homologar acuerdos que superen pautas de entre 1% y 2%. Al mismo tiempo, desde abril la inflación mostró una aceleración, en paralelo con el movimiento del tipo de cambio.
La marcha atrás con el nuevo índice derivó en cuestionamientos que exceden la discusión técnica.
Desde Econviews hablaron de un problema autogenerado. “Todo indica que se buscaba mostrar mejores números en 2026, cuando las tarifas iban a correr por encima del promedio. Pero el cambio termina afectando a una gestión que tiene en la credibilidad uno de sus principales activos”, señalaron.
La consultora que dirige Miguel Kiguel dejó planteado otro interrogante: si el mercado y la sociedad seguirán tomando como referencia los datos del INDEC o migrarán hacia mediciones alternativas, como ya ocurrió en otros períodos con el IPC de la Ciudad.

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