Según encuesta el asado se convirtió en un lujo inalcanzable
La costumbre argentina de compartir un asado en familia está en riesgo. La última encuesta de la consultora Moiguer revela que el 71% de los argentinos ha dejado de hacer asados en familia debido a la pérdida de poder adquisitivo.
Según la Cámara de la Industria y el Comercio de Carnes y Derivados (CICCRA), el consumo de carne cayó un 11,3% en los primeros nueve meses del año, situándose en 46,8 kilos per cápita, el nivel más bajo en 26 años.
Una economía en caída libre
En un contexto de ajuste y desregulación, el 65% de los consultados afirmó haber limitado sus consumos diarios. Esta reducción afecta no solo al asado, sino también a otras salidas habituales: el 61% ya no sale en pareja o en familia, el 58% dejó de ir a tomar un café o un helado, el 56% no compra golosinas, y el 55% dejó de comprar gaseosas.
Estos datos reflejan un impacto profundo en el estilo de vida de los argentinos, quienes también ven su capacidad de consumo reducida por el aumento de precios y la inflación.
La inflación y la carne: un aumento de precios sin freno
El valor de la carne, uno de los productos de consumo más representativos en Argentina, ha aumentado en un 120% desde enero, superando incluso el índice inflacionario. La inflación de septiembre fue del 3,5%, acumulando un alza del 101,6% en los primeros nueve meses del año. Según el Centro de Economía Política Argentina (CEPA), los precios de los cortes de carne subieron un 119,3% en lo que va de 2024, reflejando una escalada inalcanzable para muchos hogares.
El endeudamiento y la pérdida del poder adquisitivo
La encuesta también muestra que el 48% de los argentinos tuvo que recurrir a sus ahorros para cubrir gastos diarios, mientras que el 52% ha contraído deudas. Al mismo tiempo, el 83% afirmó haber reducido o eliminado la compra de productos habituales, mientras el 41% dejó de gastar en golosinas y bebidas, incluyendo chocolates y caramelos.
En términos generales, el 51% de los argentinos evalúa la situación del país como negativa, y el 43% percibe una alta probabilidad de crisis. Este panorama muestra cómo el ajuste económico y la pérdida de poder adquisitivo golpean fuertemente a los sectores populares, obligándolos a reestructurar su consumo y priorizar sus gastos.