Deterioro en el sector privado: ya cerraron más de 22.600 empresas desde la asunción de Milei
El cierre de empresas dejó de ser un efecto colateral para transformarse en una dinámica persistente dentro del esquema económico actual. Desde noviembre de 2023, ya son 22.608 las firmas que desaparecieron, en un contexto marcado por la contracción del mercado interno, la apertura de importaciones y tensiones financieras crecientes.
Un proceso sostenido de caída
El deterioro del entramado empresarial no muestra señales de freno. Según datos de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo (SRT), en el último bimestre de 2025 cerraron 1.562 empresas con al menos un trabajador, consolidando una tendencia negativa.
El fenómeno acumula 15 meses consecutivos de caída mensual y 22 interanuales seguidas, configurando una dinámica estructural. Solo en diciembre se perdieron 670 firmas, reflejando la profundidad del proceso.
Un informe de Fundar advierte que la magnitud de la caída ya es comparable con la registrada durante la pandemia: en el último año desaparecieron 10.392 unidades productivas (-2,1%), mientras que desde la asunción de Javier Milei la baja alcanza el 4,4% del total. Se trata del peor desempeño en los primeros 25 meses de gestión desde 2003.
Crecimiento económico sin correlato en empleo
El retroceso del sector privado convive con datos de crecimiento macroeconómico. El Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) proyecta una expansión del 4,4% en 2025, impulsada principalmente por el agro, el petróleo, la minería y el sector financiero.
Sectores que traccionan y sectores que caen
El problema radica en que ese crecimiento no se traduce en generación de empleo ni en dinamismo industrial. Por el contrario, el mercado laboral formal muestra un deterioro:
- El empleo registrado cayó 1% interanual en 2025
- Se perdieron 106.200 puestos frente a diciembre de 2024
- Desde el inicio de la gestión, la destrucción asciende a 288.815 empleos
Este desfasaje evidencia una recuperación heterogénea, concentrada en sectores primarios y financieros, sin derrame hacia la economía real.
Impacto en la industria y casos emblemáticos
El ajuste no solo afecta a pequeñas y medianas empresas. En los últimos meses, también alcanzó a grandes compañías.
Empresas afectadas por el nuevo escenario
Casos como el cierre de la planta de FATE en San Fernando, tras perder competitividad frente a las importaciones, o los recortes en firmas como Newsan, Whirlpool y Quilmes, reflejan la extensión del fenómeno.
Detrás de esta situación, distintos análisis coinciden en tres factores centrales:
- Atraso cambiario
- Apertura de importaciones
- Caída del consumo interno
La combinación de estos elementos configura un escenario que algunos especialistas comparan con la salida de la convertibilidad en 2002.
Caída del consumo y capacidad ociosa
Los indicadores industriales refuerzan el diagnóstico de debilidad estructural.
Según el INDEC, más del 54,1% de las empresas industriales reporta niveles de pedidos por debajo de lo normal, lo que limita cualquier posibilidad de expansión productiva.
Niveles críticos en la industria
La utilización de la capacidad instalada se ubica en 53,6%, el peor arranque de año desde 2002. Este dato refleja una industria operando muy por debajo de su potencial.
En paralelo, un relevamiento de la Unión Industrial Argentina (UIA) muestra que:
- El 45,6% de las empresas tiene dificultades para afrontar pagos
- El 22,2% redujo su dotación de personal
Estos datos evidencian tensiones financieras crecientes en todo el entramado productivo.
Debate sobre el rumbo económico
Mientras el Gobierno sostiene que el ajuste es necesario para estabilizar la macroeconomía, distintos sectores advierten sobre el riesgo de un proceso de desindustrialización más profundo.
La apuesta oficial se centra en que la desaceleración de la inflación y la estabilidad macro generen una recuperación sostenida. Sin embargo, los datos actuales muestran que esa mejora aún no se traslada al tejido productivo ni al empleo.