Argentina perdió 34 posiciones en tres años en un índice clave para el desarrollo
Argentina cayó al puesto 104 entre 151 economías en la edición 2026 del Elite Quality Index, un ranking internacional que analiza si los sectores con mayor poder político y económico generan valor sostenible o utilizan su posición para conservar rentas y privilegios.
El país retrocedió 18 lugares respecto de 2025, cuando se encontraba en la posición 86. La caída resulta todavía más pronunciada al comparar el resultado con 2024, año en el que Argentina ocupaba el puesto 70: en apenas tres ediciones perdió 34 posiciones.
El estudio fue elaborado bajo el liderazgo académico de la Universidad de St. Gallen y la Foundation for Value Creation. Su metodología utiliza 148 indicadores distribuidos en 12 pilares y analiza tanto la concentración del poder como la capacidad de convertirlo en crecimiento económico, innovación y desarrollo humano.
El índice diferencia dos grandes dimensiones. Por un lado, mide el “Poder”, entendido como la capacidad de influencia de las élites políticas y económicas. Por otro, evalúa el “Valor”, relacionado con la generación de beneficios sostenibles para el conjunto de la sociedad.
Mucho poder y poca creación de valor
El principal problema identificado en el caso argentino es la brecha entre la capacidad de influencia de sus élites y los resultados económicos y sociales que producen.
Argentina se ubicó en el puesto 39 en Poder Político y en el 60 en Poder Económico. Sin embargo, cayó hasta la posición 128 en Valor Político y hasta el lugar 137 en Valor Económico, uno de sus desempeños más débiles dentro del ranking.
El informe consideró que el sistema argentino conserva capacidad para coordinar decisiones, pero no consigue transformar ese poder en inversión, innovación, productividad y crecimiento de largo plazo.
Entre las causas señaló la fragmentación institucional, la presión tributaria concentrada sobre el consumo, la erosión del capital productivo, la falta de competencia externa y la persistencia de actividades orientadas a preservar rentas antes que a crear nuevos bienes y servicios.
Esta estructura, según el análisis, limita la competencia, reduce los incentivos para invertir y favorece comportamientos defensivos, como la búsqueda de activos de corto plazo o mecanismos de protección frente a la inflación y la inestabilidad.
Los indicadores que explican el retroceso
El Elite Quality Index registró resultados especialmente negativos para Argentina en variables relacionadas con la estabilidad macroeconómica, la inversión y la apertura comercial.
El país quedó en el puesto 130 en inflación y en la posición 146 en el deflactor del Producto Bruto Interno. También ocupó el lugar 126 en formación bruta de capital, un indicador vinculado con la inversión en infraestructura, maquinaria y capacidad productiva.
En materia de apertura económica, Argentina apareció en el puesto 134 por la proporción de importaciones alcanzadas por medidas proteccionistas, en el 111 en globalización económica y en el 115 en libertad comercial.
El informe sostuvo que la protección prolongada de determinados sectores puede reducir la presión competitiva, desalentar la incorporación de tecnología y consolidar empresas cuyo desempeño depende más de regulaciones favorables que de su productividad.
También advirtió que la carga tributaria sobre el consumo y el financiamiento del Estado mediante inflación deterioran el valor de los salarios y los ahorros. Esa dinámica, de acuerdo con el estudio, reduce los recursos disponibles para financiar inversiones de largo plazo.
Recursos y capital humano que no se traducen en desarrollo
El ranking destacó que Argentina conserva activos relevantes que podrían favorecer su crecimiento. El país se ubicó en el puesto 70 por sus recursos naturales y en el octavo lugar por su base de capital humano.
También mostró una posición relativamente más favorable en sofisticación financiera, donde quedó en el puesto 58, y mantiene capacidad estatal para implementar políticas públicas.
Sin embargo, esos recursos no se traducen en un desempeño económico sostenido. El informe atribuyó esa dificultad a lo que denominó un problema de “conversión”: existen capacidades, conocimiento y poder de decisión, pero los incentivos vigentes no orientan esos activos hacia la creación de valor.
Otro de los puntos señalados fue la salida de trabajadores calificados. Los indicadores relacionados con la fuga de talentos, los resultados educativos y el desempleo juvenil reflejan una desconexión entre la formación, las oportunidades laborales y las habilidades demandadas por el sistema productivo.
La falta de previsibilidad y de oportunidades para desarrollar proyectos de largo plazo también contribuye a que profesionales y jóvenes busquen alternativas en otros países.
Las reformas propuestas por el informe
Para revertir la tendencia, el estudio planteó una reforma tributaria integral que reduzca la carga sobre el consumo y las transacciones y revise la imposición sobre las rentas y los grandes patrimonios. También recomendó eliminar impuestos en cascada que aumentan los costos en distintas etapas de la producción.
El documento propuso modernizar la Ley de Entidades Financieras para facilitar que el ahorro se dirija hacia la inversión productiva, además de reducir barreras arancelarias y no arancelarias para aumentar la competencia internacional.
Entre otras medidas, sugirió simplificar los procedimientos de quiebra para facilitar la reasignación de recursos, mejorar la coordinación de las regulaciones, adoptar estándares internacionales de contabilidad pública y vincular los contenidos educativos con las necesidades del mercado laboral.
El informe sostuvo que el desafío no radica únicamente en la disponibilidad de recursos o talento, sino en construir un sistema en el que el éxito de empresas y actores políticos dependa de su capacidad para crear valor, innovar y competir, en lugar de conservar posiciones o beneficios derivados de regulaciones y privilegios.
En el ranking global de 2026, Singapur, Estados Unidos y Japón ocuparon las primeras posiciones. Argentina, en cambio, quedó entre los países con peor desempeño de América Latina y consolidó una caída que se mantiene desde 2024.