Una mujer de 83 años falleció en un hogar de ancianos, luego de haber vivido toda una vida como hombre debido a una tradición familiar.
En una familia de puras hijas tras el fallecimiento de sus dos hermanos, se comprometió a preservar el apellido de su padre, haciéndose pasar por un varón.
Las Burrneshasor o “vírgenes prometidas” es el nombre de esta tradición, que no solo obliga a las mujeres a no tener relaciones, sino que también a cortarse el pelo y ocupar ropa de hombre.
Stana Cerovic fue considerada la última “virgen jurada” de la península balcánica.
La absurda promesa de esta vecina de Podgorica, capital de Montenegro, un país al sureste de Europa, la llevó a vivir una vida de limitaciones.
Sirvió como cabeza de familia después de que sus dos hermanos murieran jóvenes sin hijos. Se vistió con ropa de hombre e hizo los trabajos diarios de un hombre, incluido el corte de madera, mientras vivía sola en una aldea hasta el 2016.
La tradición de las vírgenes juradas existió durante siglos en un Montenegro altamente patriarcal y en algunas otras partes de los Balcanes.
Pese a estar obligada a ciertas conductas “masculinas”, Stana contaba con privilegios que tenían solo los hombres, tales como, fumar, beber en bares, usar armas y votar.
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