Entre la historia y la grieta: el Senado bonaerense reeditó el choque por el sentido del Nunca Más
Pamela Orellana
La sesión especial por el 50° aniversario del golpe de Estado de 1976 en el Senado bonaerense no fue solo un ejercicio de memoria institucional. En un contexto atravesado por tensiones políticas y económicas actuales, el debate expuso con crudeza las diferencias sobre el sentido de la historia reciente y su vínculo con el presente, especialmente frente al discurso impulsado desde el Gobierno nacional sobre la llamada “memoria completa”.
Con 34 legisladores presentes, uno conectado de forma virtual y once ausentes, la Cámara alta adelantó su convocatoria original y se reunió en La Plata en una jornada que estuvo enmarcada por la muestra fotográfica “Madres de Plaza de Mayo y la Resistencia Popular”. Ese telón simbólico atravesó las intervenciones, que oscilaron entre la reconstrucción histórica, la disputa política y referencias directas a la coyuntura.

El sentido de la “memoria completa” y el reclamo por los desaparecidos
Desde el oficialismo, una de las voces más contundentes fue la de la senadora María Rosa Martínez, quien tomó el concepto de “memoria completa” —instalado en el debate público— para resignificarlo. En lugar de equiparar responsabilidades, lo vinculó con la necesidad de avanzar en la verdad sobre los crímenes de la dictadura.
“Nosotros también pedimos memoria completa”, afirmó, pero aclaró que ese reclamo implica “que los genocidas nos digan dónde están los nietos, los 300 que aún nos falta encontrar, y también dónde están los desaparecidos”.
En un discurso atravesado por la evocación, Martínez utilizó la imagen de los “pedacitos” para describir los restos aún no identificados, y planteó: “¿Alguna vez los pedacitos se van a juntar?”. La senadora también destacó los avances en materia de identificación y los vinculó con el trabajo sostenido de los organismos de derechos humanos.
La intervención dejó en claro la posición del bloque oficialista: la memoria no puede disociarse de la búsqueda de verdad y justicia, ni relativizar el terrorismo de Estado.
Raverta y el puente entre dictadura y presente
La senadora Fernanda Raverta llevó el debate a un plano personal y político al recordar la desaparición de su madre, María Inés Raverta, en 1980. Desde esa experiencia, trazó un paralelismo entre el modelo económico de la dictadura y la actualidad.
“Ese modelo económico de bolsillos llenos para muy poquitos y estómagos vacíos para tantos se instala con persecución”, sostuvo, y agregó que ese esquema “ha habido momentos en que se instaló como hoy”.
La legisladora avanzó un paso más al vincular esa lógica con la situación judicial de la expresidenta Cristina Kirchner. “La persecución es Cristina. Está presa, inhabilitada, proscripta para ser candidata”, afirmó, en una de las declaraciones más fuertes de la jornada.
Y cerró con una advertencia política: “Quienes hoy gozan de poder e impunidad no se acostumbren a esa comodidad, porque más temprano que tarde el pueblo va a despertar y va a ubicar a las personas en su lugar”.
Entre la reconciliación y el rechazo a las “verdades a medias”
Desde la oposición, el eje estuvo puesto en cuestionar lo que consideran una mirada parcial del pasado. El senador de La Libertad Avanza, Matías De Urraza, planteó que “una democracia sólida no puede construirse con verdades a medias” y advirtió que “la memoria no es propiedad de una facción”.
En una línea similar, Sergio Vargas, de Unión y Libertad, sostuvo que “merecemos reconciliarnos con nuestra historia” y pidió ampliar el reconocimiento a todas las víctimas, incluyendo aquellas afectadas por la violencia de organizaciones armadas.
Por su parte, el senador del PRO Alex Campbell remarcó la necesidad de “una Argentina en paz, sin terrorismo de Estado”, mientras que Marcelo Leguizamón advirtió que “no se puede banalizar la dictadura y compararla con gobiernos democráticos”.
En tanto, desde la UCR, Nerina Neumann Losada reivindicó el rol de Raúl Alfonsín y la CONADEP, y planteó que “es nuestra responsabilidad defender la democracia” a partir del diálogo y el fortalecimiento institucional.
Las intervenciones reflejaron una grieta persistente en torno a la interpretación del pasado reciente, pero también dejaron ver cómo ese debate se proyecta sobre el presente político y económico, en un Senado que, mientras sigue trabado en su funcionamiento por disputas internas, se convierte en escenario de una disputa más profunda por el sentido de la historia.

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