La nueva cara del mercado laboral: menos desempleo abierto y más trabajos precarios
Juan Manuel Villarreal


El mercado laboral argentino atraviesa una transformación en la que la precarización comienza a ocupar el lugar que antes tenía el desempleo abierto. Ante la pérdida de un puesto registrado, una proporción creciente de trabajadores no permanece necesariamente desocupada, sino que se incorpora a actividades informales, independientes o de subsistencia.
La tendencia fue expuesta por un relevamiento del Observatorio de la Deuda Social Argentina —ODSA—, que analizó la evolución del trabajo durante los últimos 15 años y advirtió que las posibilidades de acceder o regresar a un empleo formal son cada vez más limitadas.
El fenómeno muestra que una mayor cantidad de personas puede figurar estadísticamente como ocupada, aunque desempeñe tareas sin estabilidad, aportes previsionales, cobertura social o ingresos suficientes.
El autoempleo informal como salida defensiva
El estudio señala que muchas personas que pierden su empleo encuentran refugio en el autoempleo informal. En lugar de mantenerse fuera del mercado laboral, comienzan a desarrollar actividades por cuenta propia, trabajos ocasionales o tareas de baja productividad.
Esta dinámica modifica la interpretación de los indicadores laborales. Una baja o estabilidad en la tasa de desempleo no necesariamente implica una mejora en las condiciones generales, porque parte de la población puede haber pasado de la desocupación a una modalidad laboral más vulnerable.

El trabajo independiente aparece, así, como una estrategia para obtener ingresos inmediatos ante la dificultad de acceder a un puesto asalariado registrado. Sin embargo, esas ocupaciones suelen ofrecer menores niveles de protección y mayores fluctuaciones en los ingresos.
La movilidad laboral perdió capacidad de ascenso
Uno de los principales planteos del informe es que la movilidad laboral dejó de funcionar de manera generalizada como un mecanismo de progreso.
En un mercado dinámico, el cambio de trabajo puede permitir el acceso a mejores salarios, mayor estabilidad o posibilidades de crecimiento. El relevamiento advierte que, en el escenario actual, muchos de esos movimientos se producen en sentido contrario.

Trabajadores que salen de empleos formales pueden terminar en ocupaciones informales, mientras que quienes ingresan desde la desocupación encuentran dificultades para acceder a puestos registrados. De este modo, la movilidad se convierte en una respuesta defensiva frente a la pérdida de ingresos, más que en una vía de ascenso social.
Tener una ocupación no garantiza protección
La transformación del mercado laboral obliga a observar no solo cuántas personas tienen trabajo, sino también bajo qué condiciones desarrollan sus actividades.
La calidad del empleo depende de factores como la registración, la estabilidad contractual, los ingresos, los aportes previsionales y el acceso a derechos laborales. Cuando esas condiciones se deterioran, el aumento de la ocupación puede convivir con una expansión de la vulnerabilidad.
La precarización también genera mayores dificultades para proyectar gastos, acceder al crédito o sostener ingresos regulares. En muchos casos, los trabajadores dependen de actividades inestables y quedan expuestos a variaciones de demanda o a períodos sin facturación.
Un problema acumulado durante 15 años
El diagnóstico del ODSA no limita el fenómeno a una variación reciente. El relevamiento advierte que el deterioro se profundizó durante los últimos 15 años, lo que muestra un problema estructural del mercado laboral argentino.
En ese recorrido, el empleo formal perdió capacidad para absorber a quienes buscan trabajo o necesitan reinsertarse después de perder un puesto. Al mismo tiempo, las ocupaciones informales y el trabajo por cuenta propia adquirieron mayor peso como mecanismos de supervivencia.
La situación plantea una diferencia central entre estar ocupado y contar con un empleo de calidad. Aunque el desempleo abierto continúa siendo un indicador relevante, ya no alcanza por sí solo para describir el escenario laboral.
La nueva configuración muestra que una parte creciente de la población trabaja, pero lo hace bajo condiciones más inestables, con menores ingresos y sin las protecciones asociadas a un empleo registrado.

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