El PRO bonaerense activa críticas y recalibra su juego frente a Milei
La inflación dejó de ser un dato técnico para volver al centro de la escena política. Con el último índice del INDEC sobre la mesa, que marcó un 2,9% mensual en febrero, las señales de alerta empiezan a multiplicarse tanto en el oficialismo como en la oposición.
En ese contexto, desde el bloque de senadores del PRO bonaerense pusieron en palabras una percepción que comienza a extenderse: el humor social ya no es el mismo que meses atrás.
El legislador Jorge Schiavone fue directo al analizar el rumbo económico del presidente Javier Milei. “El Gobierno se estancó”, sostuvo, al tiempo que advirtió que la inflación “va a empezar a influir en la población” con mayor intensidad.
En este sentido, planteó que, durante los primeros meses del ajuste, una parte de la sociedad acompañó las medidas con la expectativa de una mejora futura. Sin embargo, ese respaldo comenzaría a erosionarse. “La gente pensaba que valía la pena el esfuerzo, pero ahora se está cansando cada vez más, no le alcanza la plata y no ve resultados”, señaló.
El factor inflación y el impacto en el bolsillo
El dato del 2,9% mensual, que repitió el registro de enero, refleja la persistencia de tensiones inflacionarias. Para Schiavone, ese nivel sostenido de suba de precios empieza a modificar el clima social y a condicionar el margen político del Gobierno.
Además, advirtió sobre variables aún contenidas que podrían presionar sobre los precios. “La nafta no aumentó lo que debería todavía y cuando ocurra va a ser peor”, anticipó, en referencia a posibles ajustes pendientes en combustibles.
El senador del PRO no limitó sus cuestionamientos a la Casa Rosada. También apuntó contra el gobernador Axel Kicillof, a quien acusó de trasladar responsabilidades. “Echa la culpa de todos los males al Gobierno nacional, pero gobernaron más de 20 años. No tiene excusas”, afirmó.
En esa línea, sostuvo que el ajuste en la provincia se traduce en una mayor presión fiscal. “Se paga con aumentos de impuestos”, remarcó, en medio de un clima donde la discusión por las tasas municipales y los tributos provinciales gana cada vez más protagonismo.
El debate por las tasas y la presión fiscal
La discusión impositiva se convirtió en uno de los ejes más calientes en la provincia de Buenos Aires. Mientras sectores libertarios impulsan la reducción de tasas municipales, desde distintos espacios políticos —incluidos referentes opositores— advierten sobre los límites de esa propuesta.
El senador provincial del PRO Pablo Petrecca, intendente en uso de licencia de Junín, calificó el debate como una “estrategia de marketing” y planteó la necesidad de discutir el sistema tributario de manera integral.
Desde los municipios, la respuesta fue contundente. Intendentes como Pablo Garate (Tres Arroyos) y Daniel Stadnik (Carlos Casares) coincidieron en que las tasas representan una porción clave de los recursos locales y advirtieron que una reducción abrupta pondría en riesgo el funcionamiento de las comunas.
Un escenario político en tensión y reconfiguración
Las declaraciones del senador se inscriben en un momento de reacomodamiento político, donde la economía vuelve a ordenar la agenda. La combinación de inflación persistente, caída del poder adquisitivo y tensiones fiscales abre interrogantes sobre la sostenibilidad del actual esquema.
En ese contexto, Schiavone no descartó una eventual candidatura de Mauricio Macri, aunque aclaró que dentro del PRO también se evalúa la posibilidad de impulsar figuras más jóvenes, como ex intendentes con proyección.
La definición de liderazgos y estrategias dentro de la oposición aparece así atravesada por un dato central: el humor social y su evolución frente a la marcha de la economía.
Más allá de las críticas puntuales, el trasfondo es estructural. La discusión por la inflación, la presión fiscal y el financiamiento de los municipios expone una tensión más profunda sobre cómo se distribuyen los recursos en la Argentina.
En ese tablero, Nación, Provincia y municipios disputan responsabilidades y márgenes de acción, mientras la economía real impone sus propios tiempos. Y, como advierten desde distintos sectores, el termómetro definitivo sigue siendo el mismo: el bolsillo de la gente.