“Puede haber consecuencias”: advierten represalias contra Argentina por su postura global
Javier Milei y Donald Trump en la Cumbre “Shield of the Americas”.
El posicionamiento internacional del gobierno de Javier Milei frente al conflicto en Medio Oriente encendió alarmas tanto en el plano diplomático como político. Las definiciones del Presidente, con críticas directas a Irán y un respaldo explícito a Estados Unidos e Israel, generaron preocupación por el abandono de la tradicional neutralidad argentina y el riesgo de eventuales represalias.
En ese contexto, el exembajador en Venezuela y director del IDEAL, Oscar Laborde, lanzó una advertencia contundente: “Ni el canciller ni el Presidente tienen sana conciencia de lo que están provocando”. Según planteó, el alineamiento actual no solo es “incondicional”, sino que además coloca al país en una situación de vulnerabilidad frente a un escenario internacional cada vez más tenso.
El eje de la polémica gira en torno a las recientes expresiones de Milei en foros internacionales. Durante su paso por Nueva York, el mandatario afirmó que “vamos a ganar” en relación al conflicto, una frase que fue interpretada por la oposición como una señal de involucramiento directo.
En paralelo, el Presidente calificó al régimen iraní como una “tiranía” que “siembra el terror en el mundo”, reforzó su alianza estratégica con Israel y sostuvo que la Argentina es “socia en la defensa de los valores de libertad”. Incluso fue más allá al definir a Irán como un “enemigo”, una declaración que elevó el tono diplomático y generó repercusiones inmediatas.
Estas afirmaciones marcaron un giro significativo respecto de la histórica postura de equilibrio que caracterizó a la política exterior argentina en conflictos internacionales.
Advertencias por posibles represalias
Desde el ámbito diplomático, las críticas no tardaron en llegar. Laborde advirtió que este tipo de posicionamientos “va a traer consecuencias” y sostuvo que la Argentina podría convertirse en un objetivo.
“¿Por qué Irán no nos va a tomar como una fuerza beligerante? Esta vez ni la ridiculez nos va a salvar de la represalia”, señaló en diálogo con Splendid AM 990, al tiempo que alertó que cualquier reacción podría impactar tanto en territorio nacional como en activos argentinos en el exterior.
El exembajador también trazó un paralelismo con la década del 90, al recordar que decisiones de política internacional de aquel entonces precedieron a atentados en el país. En ese sentido, cuestionó lo que consideró una subestimación del riesgo por parte del Gobierno.
El Congreso activa un pedido de informes
La controversia también escaló al plano institucional. En el Congreso, el diputado Pablo Juliano, del bloque Provincias Unidas, presentó un pedido de informes dirigido al ministro de Defensa, Carlos Presti; al canciller Pablo Quirno; y al jefe de Gabinete, Manuel Adorni.
El proyecto incluye 35 preguntas orientadas a determinar si el Ejecutivo evaluó los riesgos geopolíticos, diplomáticos y de seguridad nacional derivados de su posicionamiento internacional.
Además, los legisladores impulsaron una iniciativa para reafirmar que cualquier decisión de participación en un conflicto bélico debe pasar por el Congreso, tal como establece la Constitución. “Argentina es un país de paz”, planteó Juliano, quien cuestionó con dureza las declaraciones del Presidente.
La reacción de Irán y el impacto internacional
En paralelo, el gobierno iraní endureció su postura y calificó como “hostiles” las expresiones de Milei. Desde Teherán advirtieron sobre una posible “responsabilidad internacional” de la Argentina en función de su alineamiento con Washington y Tel Aviv.
La reacción se da en medio de una escalada bélica que reconfiguró el tablero global y elevó el costo de los posicionamientos explícitos. Mientras Irán redobló sus críticas, Israel destacó el respaldo argentino, lo que profundiza el contraste y coloca al país en el centro de la escena internacional.
El impacto no se limita al plano global. Según distintas miradas diplomáticas, América Latina atraviesa un momento de creciente fragilidad, con tensiones entre países y una mayor injerencia de potencias externas.
En ese contexto, la decisión del Gobierno argentino de tomar una postura activa rompe con la lógica de “zona de paz” que históricamente caracterizó a la región, sumando incertidumbre a un escenario ya complejo.