La arriesgada estrategia de Macri para 2027: candidato propio para presionar a Milei y dividir el voto
En el momento más incómodo del gobierno de Javier Milei, con encuestas en retroceso y ruido político creciente, Mauricio Macri eligió mover una pieza que puede reconfigurar el tablero de cara a 2027. La posibilidad de que el PRO impulse un candidato propio ya no es solo una hipótesis: empieza a tomar forma como estrategia, aunque con riesgos evidentes y resultados inciertos.
La discusión atraviesa al partido amarillo tras el encuentro del Consejo Nacional en Parque Norte, donde el expresidente buscó enviar una señal política clara: el PRO no quiere quedar diluido en el experimento libertario.
“No venimos a cuestionar el rumbo, venimos a completarlo, somos el próximo paso”, afirmó durante su discurso y agregó: "¿Coincidimos en todo con este gobierno? No. Claro que no. Tenemos diferencias y las hemos expresado, y las vamos a expresar cada vez que haga falta. Pero nuestra prioridad fue y va a ser el cambio”.
Detrás de la idea de un candidato propio hay una lógica menos declamativa y más táctica. En el macrismo admiten que, en un escenario competitivo, una boleta pura del PRO podría moverse entre los 5 y 10 puntos. Un caudal modesto, pero suficiente para alterar el resultado nacional.
Ese porcentaje podría ser decisivo: le quitaría volumen electoral a Milei y dificultaría seriamente sus chances de ganar en primera vuelta. Incluso, en un escenario fragmentado, podría terminar favoreciendo al peronismo, que se beneficiaría de una oposición dividida.
No se trata solo de competir, sino de condicionar. La jugada funciona como una advertencia: si no hay acuerdo político, el PRO puede convertirse en un factor de daño electoral.
El mensaje de Mauricio Macri tras su última reunión con Javier Milei en noviembre de 2025: "No logramos ponernos de acuerdo"
Interna amarilla: halcones vs. pragmáticos
La jugada de Macri no encuentra consenso interno. El partido está atravesado por dos miradas bien diferenciadas. Por un lado, un sector más duro reclama marcar diferencias con Milei y reconstruir identidad propia. Allí se ubican dirigentes que consideran que el PRO corre riesgo de desaparecer como fuerza autónoma si continúa subordinado a La Libertad Avanza.
Del otro lado, los sectores más pragmáticos —muchos con responsabilidades de gestión— prefieren sostener el vínculo con la Casa Rosada. Argumentan que romper ahora sería leído como una desconexión con el electorado que respalda el rumbo económico.
El gobernador de Entre Ríos, Rogelio Frigerio, sintetizó esa postura al relativizar la discusión electoral: “La gente no está pensando en 2027, quiere que este proceso funcione”.
Más allá del plano nacional, la estrategia tiene un objetivo concreto: forzar un acuerdo con Milei en los distritos clave, especialmente en la provincia de Buenos Aires y la Ciudad.
El mensaje implícito es directo: o hay entendimiento electoral o habrá competencia abierta. Y en ese escenario, el riesgo para La Libertad Avanza es alto. En territorio bonaerense, una división del voto opositor podría allanar el camino al peronismo. En la Ciudad, donde el PRO gobierna, la amenaza libertaria ya es concreta y crece en intensidad.
La posibilidad de ir separados no solo tensiona la relación, sino que pone sobre la mesa un dilema estratégico para Milei: acordar con el PRO o exponerse a perder posiciones clave.
El factor Macri y la falta de nombres
Aunque algunos dirigentes, como la legisladora porteña Laura Alonso, impulsan la idea de que el propio Macri sea candidato, el expresidente no parece dispuesto a encabezar esa boleta.
Ahí aparece otro problema: el PRO quiere candidato propio, pero todavía no tiene una figura clara que pueda competir con peso nacional. María Eugenia Vidal, Jorge Macri o incluso dirigentes emergentes aparecen en el radar, pero ninguno logra, por ahora, consolidarse como opción competitiva.
Esa falta de liderazgo definido refuerza la idea de que la jugada es, al menos en esta etapa, más una herramienta de presión que una decisión cerrada.
En el fondo, la discusión revela algo más profundo: el PRO intenta redefinir su lugar en el sistema político. Ya no es la fuerza dominante de la oposición, pero tampoco quiere resignarse a ser un socio menor del oficialismo.
Macri busca evitar la disolución del partido en la lógica libertaria y, al mismo tiempo, conservar capacidad de negociación. La construcción de un candidato propio aparece como el instrumento para sostener esa doble estrategia.
La incógnita es si el movimiento logrará reposicionar al PRO o si, por el contrario, terminará fragmentando aún más a un espacio que todavía no logra resolver su identidad.