Elecciones sindicales: Kicillof mide su poder en dos gremios clave
En la provincia de Buenos Aires, dos elecciones sindicales que en otros contextos podrían leerse como procesos internos hoy funcionan como un termómetro político de mayor alcance. La renovación de autoridades en la Asociación Sindical de Profesionales de la Salud (Cicop) y en el Sindicato Unificado de Trabajadores de la Educación de Buenos Aires (Suteba) abre una disputa que excede lo gremial: pone bajo la lupa el vínculo entre las conducciones sindicales y el gobierno de Axel Kicillof en un escenario económico cada vez más exigente.
El trasfondo revela tensiones acumuladas en torno a salarios, paritarias y autonomía sindical. En ambos casos, el Frente de Izquierda y de los Trabajadores Unidad emerge como principal canal de oposición, con un discurso que apunta directamente a la cercanía entre las actuales dirigencias y el oficialismo provincial.
Cicop: continuidad bajo presión y una oposición que crece
En el ámbito de la salud, la Cicop enfrenta una elección —que se desarrolla hasta este 24 de abril—con dos listas que sintetizan visiones contrapuestas sobre el rol del sindicato. Pablo Maciel, actual secretario general, busca consolidar su liderazgo con un tercer mandato consecutivo al frente de la lista 10 de Junio. Su espacio reúne sectores del peronismo, el Partido Comunista Revolucionario y Patria Grande, en una construcción que, sin disimulos, mantiene afinidad política con el armado de Kicillof.
Del otro lado, la lista Pluricolor, identificada con la izquierda, articula una crítica centrada en la pérdida del poder adquisitivo. El dato que repiten como eje de campaña —una caída del 34% en cinco años— funciona como argumento político para cuestionar no solo la estrategia paritaria sino también el alineamiento de la conducción.
El oficialismo responde con una defensa institucional: subraya que las decisiones se toman en congresos de delegados con mandato de base, lo que, aseguran, garantiza independencia. Sin embargo, el reconocimiento de un “contexto nacional adverso” y la referencia constante al gobierno de Javier Milei como factor explicativo dejan entrever un posicionamiento político que la oposición busca capitalizar.
Suteba: el fin de una era y una transición delicada
El caso del Suteba suma un componente adicional: el recambio de liderazgo tras la salida de Roberto Baradel, una figura central del sindicalismo docente durante dos décadas. Su retiro abre una etapa de transición que será observada con atención tanto dentro como fuera del gremio.
Durante su gestión, el dirigente se convirtió en uno de los actores más visibles de los conflictos educativos en la provincia, con negociaciones salariales que atravesaron distintas gestiones provinciales. En los años de Daniel Scioli y, especialmente, durante el gobierno de María Eugenia Vidal, el gremio protagonizó extensos paros y tensas discusiones paritarias.
El punto más álgido fue en 2017, cuando el conflicto salarial se prolongó durante meses y derivó en reiteradas huelgas que afectaron el calendario escolar. “Eso no fue una lucha nuestra contra Vidal, sino de ella contra nosotros”, sostuvo Baradel tiempo después, al referirse a ese período de confrontación.
Con la llegada de Axel Kicillof a la Gobernación en 2019, el clima de conflictividad gremial se redujo de manera significativa. Durante varios años, SUTEBA evitó paros provinciales por reclamos salariales y priorizó las negociaciones paritarias con la administración bonaerense.
Ahora, la candidatura de María Laura Torre, actual secretaria adjunta, busca sostener la continuidad de la Lista Celeste-Violeta. El armado refleja la intención de preservar la línea política que caracterizó a la conducción saliente, marcada por una relación de cooperación con el gobierno provincial.
La Lista Multicolor, encabezada por María Elisa Salgado, intenta aprovechar ese momento de transición para ampliar su influencia. Con antecedentes de medidas de fuerza propias —como el paro reciente junto a ATE—, el espacio construye su identidad en oposición directa a la conducción histórica del sindicato.
A diferencia de otros momentos, la fragmentación interna suma un tercer actor: la lista Azul y Blanca, que incluso ensaya alianzas territoriales con sectores opositores en distritos clave como La Matanza. Este escenario complejiza el mapa electoral y pone en discusión la hegemonía que el oficialismo sindical supo sostener durante años.
Un test político para la gobernabilidad
Aunque formalmente se trata de elecciones sindicales, el resultado tendrá impacto en la dinámica política de la provincia. Tanto Cicop como Suteba son actores centrales en la negociación salarial y en la estabilidad de dos áreas sensibles como salud y educación.
Para el gobierno de Kicillof, una ratificación de las conducciones actuales implicaría sostener canales de diálogo previsibles en un contexto adverso. En cambio, un avance de sectores opositores podría traducirse en mayor conflictividad y en una reconfiguración del vínculo entre el Estado y los gremios.
En ese marco, las urnas no solo definirán liderazgos internos: también ofrecerán una señal sobre el humor de las bases sindicales frente a un modelo de relación política que empieza a ser cuestionado desde adentro.