El empleo joven, bajo presión: casi 4 de cada 10 sufren inestabilidad laboral
El deterioro del mercado laboral argentino volvió a quedar bajo la lupa a partir de un informe del Centro de Innovación de las y los Trabajadores (CITRA-UMET), que advirtió sobre el crecimiento de la fragilidad laboral, la precarización de los puestos de trabajo y el impacto más fuerte sobre jóvenes y mujeres.
Según el relevamiento, el Índice de Fragilidad Laboral se ubicó en 34,6% al cierre de 2025 y mantiene una tendencia ascendente desde 2017. El indicador combina tres dimensiones: déficit de empleo, precariedad laboral y pobreza e ingresos, con el objetivo de medir no solo cuántas personas trabajan, sino también en qué condiciones lo hacen.
El dato más fuerte aparece en la calidad de las inserciones laborales. El Índice de Precariedad Laboral llegó al 54,1% de la población ocupada, lo que implica que más de la mitad de los empleos se desarrollan bajo condiciones precarias.
El informe también marcó que el problema golpea con especial fuerza a la población joven. La fragilidad laboral entre jóvenes ascendió al 45,7%, mientras que entre las personas adultas se ubicó en 32,1%. En el caso de las mujeres jóvenes, el indicador llegó al 45,9%, el nivel más alto entre los grupos relevados.
Jóvenes y mujeres, los más afectados
El documento de CITRA-UMET sostiene que la fragilidad laboral evidencia brechas estructurales asociadas a la edad, el género y la posición socioeconómica. En ese mapa, las mujeres jóvenes aparecen como el sector más expuesto a la precarización.
Cuando se analiza el déficit de empleo, la población joven concentra los mayores niveles de inestabilidad laboral, con un índice de 37,1%. Entre las mujeres jóvenes, ese valor asciende al 38,5%. En términos concretos, casi 4 de cada 10 jóvenes enfrentan dificultades para sostener una inserción laboral continua.
La precariedad también muestra un avance significativo en ese segmento. Entre las mujeres menores de 29 años, el Índice de Precariedad Laboral llegó al 59,9%, lo que implica que 6 de cada 10 se insertan laboralmente de manera desprotegida.
El informe advierte que estos datos reflejan las dificultades persistentes para acceder a empleos protegidos, estables y con derechos laborales. Además, marca que la precariedad no afecta solo a los jóvenes: también crece entre la población adulta, lo que confirma un fenómeno estructural y transversal al conjunto del mercado de trabajo.
Menos empleo registrado y más inestabilidad
La caída del empleo registrado aparece como otro de los ejes del diagnóstico. De acuerdo con la información citada en el informe, a marzo de este año se perdieron más de 300.000 empleos asalariados formales desde el inicio de la gestión de Javier Milei.
Ese retroceso se da en un contexto en el que la desaceleración de la inflación no se traduce, según el análisis, en una mejora generalizada de las condiciones de vida. La pérdida de puestos formales, el crecimiento de la precariedad y la presión de los ingresos sobre los hogares configuran un cuadro de mayor vulnerabilidad para amplios sectores de la población económicamente activa.
El Déficit de Empleo se ubicó en 11,2%, por encima de la tasa de desocupación del último semestre de 2025, que fue de 7,5%. Para CITRA-UMET, esa diferencia muestra que el problema laboral no se limita a quienes no tienen trabajo, sino también a quienes están ocupados en condiciones insuficientes, inestables o desprotegidas.
Ingresos bajo presión
El informe también analizó la relación entre ingresos familiares y costo de vida. Según el relevamiento, en los hogares no pobres pero cercanos a la línea de pobreza, la Canasta Básica Total absorbe el 66,2% de los ingresos. En los hogares de altos ingresos, en cambio, representa el 34,6%.
Esa diferencia expone una desigualdad profunda en la capacidad de consumo. Mientras los hogares de menores recursos destinan gran parte de sus ingresos a cubrir gastos esenciales, los sectores de mayores ingresos conservan un margen mucho más amplio para otros consumos.
El Índice de Pobreza e Ingresos se ubicó en 38,5%, lo que implica que 4 de cada 10 personas de la población económicamente activa son pobres. Entre jóvenes, ese indicador fue incluso más alto y llegó al 41,3%.
Un mercado laboral más frágil
El informe de CITRA-UMET plantea que el mercado de trabajo argentino atraviesa un proceso de deterioro sostenido. La fragilidad laboral no se explica únicamente por la falta de empleo, sino también por la expansión de puestos precarios, ingresos insuficientes y trayectorias laborales inestables.
El diagnóstico muestra que el empleo disponible no siempre garantiza protección social ni capacidad real de sostener condiciones de vida dignas. En ese escenario, los jóvenes y las mujeres jóvenes aparecen como los sectores más expuestos a una inserción laboral desprotegida.
La combinación de caída del empleo registrado, precarización y presión sobre los ingresos vuelve a poner en discusión la calidad del trabajo en la Argentina. Para el centro de estudios, el desafío no pasa solo por generar más puestos, sino por recuperar condiciones laborales estables, protegidas y con ingresos suficientes.