Como en la crisis de 2001: cierran más empresas de las que se crean
La creación de empresas cayó a niveles comparables con los de la mayor crisis argentina, mientras los cierres se mantienen cerca de los registros de la pandemia. Desde noviembre de 2023 desaparecieron 28.262 empleadores y se perdieron 341.396 puestos registrados en unidades productivas. Para los especialistas, los números describen un ajuste del entramado formal antes que una renovación de la estructura económica.
La discusión sobre el mercado laboral argentino sumó una señal que va más allá de la pérdida de puestos registrados y el avance de la precarización. La cantidad de nuevas empresas que ingresan al circuito formal se redujo hasta niveles comparables con los de la crisis de 2001-2002 y ya no alcanza para compensar el cierre de firmas existentes.
El deterioro de ese indicador expone uno de los principales límites que enfrenta la economía bajo la presidencia de Javier Milei: aunque el Gobierno logró desacelerar la inflación frente a los máximos de 2024, la estabilización todavía no se traduce en un proceso sostenido de inversión, ampliación de la capacidad productiva y generación de empleo formal.
Un informe de C-P Consultores ubicó la tasa de apertura empresarial en valores similares a los registrados durante el derrumbe de comienzos de siglo. Al mismo tiempo, la tasa de cierre ronda el 3,8%, un nivel comparable con el observado durante la pandemia de coronavirus en 2020.
La combinación resulta especialmente delicada. No se trata solamente de que desaparezcan empresas, algo que también ocurre en períodos de transformación productiva, sino de que nacen pocas firmas capaces de reemplazarlas, absorber trabajadores y ofrecer una perspectiva de recuperación.
Una economía que pierde empleadores
Entre noviembre de 2023 y abril de 2026, la cantidad de empleadores registrados pasó de 512.357 a 484.095. La diferencia representa una caída de 28.262 unidades, equivalente al 5,5% del total inicial y a un promedio cercano a 30 empresas por día.
Los datos surgen de los registros de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo, organismo descentralizado que funciona bajo la órbita de la Secretaría de Trabajo, Empleo y Seguridad Social. La comparación fue sistematizada por el Centro de Economía Política Argentina, conocido como CEPA, en un informe publicado en julio de 2026.
El golpe se concentró casi por completo en las firmas con hasta 500 trabajadores. De los 28.262 empleadores que desaparecieron durante el período, 28.196 pertenecían a ese segmento. En otras palabras, las empresas pequeñas y medianas explicaron el 99,77% de la reducción registrada.
El comercio al por mayor y menor, junto con la reparación de vehículos, encabezó la caída en términos absolutos, con 7.567 empleadores menos. Le siguieron los servicios de transporte y almacenamiento, con una pérdida de 6.523; las actividades inmobiliarias, con 3.985; y la industria manufacturera, con 3.617 firmas menos.
También disminuyeron los empleadores vinculados con los servicios profesionales, científicos y técnicos, así como los pertenecientes a la agricultura, la ganadería, la pesca y la actividad forestal. La extensión del fenómeno muestra que la retracción no quedó circunscripta a un rubro puntual.
El empleo formal también retrocede
La contracción empresarial ocurrió en paralelo con una caída significativa del trabajo registrado. Entre noviembre de 2023 y abril de 2026, los puestos declarados en unidades productivas pasaron de 9.857.173 a 9.515.777.
Eso significa que se perdieron 341.396 empleos formales, una baja del 3,46% y un promedio aproximado de 385 puestos por día. Si se incorporan las trabajadoras y los trabajadores de casas particulares, la reducción alcanza los 369.663 empleos privados registrados.
La industria manufacturera fue el sector que más puestos perdió en términos absolutos, con una disminución de 82.173 trabajadores. Detrás quedaron la administración pública, la defensa y la seguridad social obligatoria, con 76.862 bajas; la construcción, con 75.426; y el transporte y almacenamiento, con 65.827.
La construcción sufrió la mayor caída proporcional: su dotación registrada se contrajo un 15,8%. Los servicios de transporte y almacenamiento retrocedieron un 12,3%.
En las casas particulares, por su parte, el empleo registrado pasó de 629.660 a 601.393 personas. La diferencia equivale a 28.267 puestos menos, un dato sensible porque esa actividad suele reaccionar rápidamente ante la caída del poder adquisitivo de los hogares y el aumento de la informalidad.
Las empresas que siguen abiertas también ajustan
El cierre de firmas explica solamente una parte del deterioro laboral. Otra porción importante responde a la reducción de personal dentro de las compañías que continúan funcionando.
Cerca del 75% del empleo formal corresponde a empresas que se mantienen activas. Por eso, la decisión de esas firmas de achicar sus planteles tiene una incidencia central sobre el resultado general del mercado de trabajo.
El ajuste no se concentró exclusivamente en las pymes. Según el análisis del CEPA, las compañías con más de 500 empleados explicaron el 68,65% de la pérdida total de puestos registrados en unidades productivas. En ese grupo se destruyeron 234.354 empleos.
Las empresas de hasta 500 trabajadores, en tanto, redujeron sus nóminas en 107.042 personas y concentraron el 31,35% restante. El dato permite observar dos movimientos simultáneos: las firmas más chicas dominaron la caída en la cantidad de empleadores, pero las compañías grandes encabezaron la expulsión de trabajadores.
“En lugar de una economía en reestructuración, donde los sectores nuevos reemplazan a los viejos, el sector formal atraviesa un proceso de ajuste estructural”, señaló la consultora.
La distinción no es menor. Una economía que se transforma puede perder empleos y empresas en determinadas actividades, pero genera oportunidades en sectores emergentes. Cuando caen tanto la cantidad de firmas como la creación de nuevos proyectos y el empleo registrado, el resultado se parece más a una contracción productiva que a una renovación.
La creación de compañías funciona también como un indicador de expectativas. Para poner en marcha un emprendimiento, contratar personal o ampliar una estructura existente, los inversores necesitan prever un nivel de demanda suficiente, costos financiables y condiciones que permitan proyectar rentabilidad.
C-P Consultores caracterizó el escenario como consistente con una economía debilitada por el ajuste acumulado y con dificultades para construir un horizonte dentro del sector empresario. El problema atraviesa a la industria, el comercio, los hoteles y restaurantes, el transporte y distintos servicios.