
Infantino frenó la privatización del Mundial, pero la UEFA no cierra la pelea por la FIFA
Pamela Orellana
Gianni Infantino dio marcha atrás y retiró el proyecto FIFA Forward Enterprise (FFE), la iniciativa que buscaba concentrar en una nueva filial las operaciones comerciales y organizativas de las principales competencias de la FIFA y habilitar el ingreso de inversores privados. La decisión llegó después de una reacción coordinada de varias confederaciones y de una amenaza de boicot que puso en riesgo el calendario internacional.
“Tras escuchar atentamente todas las opiniones”, el titular de la FIFA admitió que la propuesta había generado divisiones incompatibles con su objetivo original. “Nuestro propósito siempre ha sido, y siempre será, unir y mejorar. En consecuencia, esta propuesta no seguirá adelante”, informó el organismo en su comunicado oficial.
El proyecto había comenzado formalmente su período de consultas el 28 de julio y contemplaba una discusión de siete semanas con las 211 asociaciones miembro. FFE iba a concentrar los derechos de transmisión, patrocinios, licencias, entradas y organización operativa de los torneos masculinos, femeninos y juveniles.
La FIFA sostenía que conservaría el control exclusivo sobre la gobernanza deportiva, los calendarios, los reglamentos y las competencias. El esquema pretendía captar hasta 4.200 millones de dólares mediante participaciones minoritarias, sobre una valuación inicial de 20.000 millones de dólares.
A cambio, cada federación podría recibir 20 millones de dólares para el ciclo 2027-2030, frente a los ocho millones contemplados actualmente, y acceder de manera opcional a otros 20 millones mediante el programa Fast Forward. La propuesta completa buscaba elevar por encima de los 10.000 millones de dólares los fondos destinados al desarrollo del fútbol mundial, según la presentación difundida por la FIFA.
El bloque que dejó al proyecto sin margen
La principal resistencia surgió de la UEFA y sus 55 federaciones nacionales, que rechazaron el proyecto por unanimidad y anunciaron que ninguna de sus selecciones participaría en competencias de la FIFA mientras la iniciativa continuara vigente. Europa reclamaba además garantías vinculantes para impedir futuras cesiones de participaciones sobre los torneos a capitales privados.
La Concacaf y la Confederación Asiática de Fútbol también cuestionaron la falta de consultas, transparencia y comunicación previa. La presión llegó incluso al entorno de Infantino: Carlos Cordeiro, hasta entonces asesor principal del presidente, presentó su renuncia y calificó la operación como perjudicial para las asociaciones, el fútbol y su futuro.

Conmebol eligió una posición más prudente. No respaldó el proyecto, pero tampoco se sumó formalmente al rechazo. La entidad sudamericana abrió consultas con sus diez asociaciones, convocó a su Consejo y pidió aclaraciones sobre el alcance, la estructura, la gobernanza y los posibles efectos de FFE.
En su pronunciamiento, sostuvo que las decisiones comerciales y financieras deben estar al servicio del deporte y llamó a preservar la unidad. Esa postura dejó a Infantino sin un apoyo explícito en Sudamérica cuando Europa, Asia y Norteamérica ya habían manifestado fuertes objeciones.
La UEFA fue por la conducción de la FIFA
La retirada del proyecto desactivó el motivo inmediato de la amenaza de boicot, pero no cerró el enfrentamiento. En un nuevo y duro comunicado institucional, la UEFA celebró la decisión y aseguró que la oposición internacional demostró que “el fútbol no está en venta”.
El organismo europeo fue más allá del destino de FFE: afirmó que la actual conducción de la FIFA perdió su confianza y la de otros integrantes del fútbol mundial. También reclamó identificar a quienes impulsaron el proyecto, exigir responsabilidades y realizar una revisión “exhaustiva y profunda” sin descartar ninguna alternativa.
La UEFA cuestionó además que la FIFA buscase capital privado pese a contar con reservas superiores a los 5.000 millones de dólares. Como contrapartida, propuso utilizar parte de esos recursos y reformular el programa FIFA Forward para aumentar la asistencia destinada a las bases y a las federaciones nacionales.
Los pasos anunciados mantienen abierta la disputa. Infantino prometió reunir a confederaciones y asociaciones durante las próximas semanas para reconstruir consensos, mientras la UEFA comenzará su propia revisión sobre el proceso. El proyecto quedó archivado, pero la discusión por la gobernanza, el dinero y la autoridad política dentro de la FIFA continúa.


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