Paridad y poder: la reforma que reabre la pelea por quién ocupa las vacantes en la política bonaerense
Una renuncia, una licencia o el salto de un legislador hacia otro cargo puede parecer un simple movimiento administrativo. En la Legislatura bonaerense, sin embargo, cada banca que queda libre puede alterar equilibrios partidarios, fortalecer una línea interna y hasta modificar la representación entre hombres y mujeres.
Sobre esa zona gris avanza ahora un nuevo proyecto. La senadora provincial Natalia Quintana presentó una iniciativa para modificar el mecanismo de reemplazo de legisladores, concejales y consejeros escolares y establecer que, mientras exista desigualdad en la integración del cuerpo, la vacante sea cubierta por una persona del género que se encuentre en desventaja. Sólo cuando se alcance la paridad volvería a utilizarse exclusivamente el orden de la lista electoral.
La propuesta apunta directamente al artículo 122 de la Ley Electoral bonaerense 5.109, que actualmente dispone otra cosa: ante una renuncia, destitución o fallecimiento, el reemplazo se realiza automáticamente siguiendo el orden de colocación de los candidatos de la misma nómina.
Ahí aparece la discusión de fondo: la Provincia ya exige paridad para conformar las listas, pero esa regla no asegura necesariamente que la composición final de los cuerpos políticos quede equilibrada ni establece hoy un mecanismo correctivo para las vacantes.
“El propósito es avanzar hacia una representación política sustancialmente igualitaria”, sostuvo Quintana al fundamentar el proyecto.
Una ley 50/50 que no garantiza quién encabeza
Buenos Aires tiene una Ley de Paridad de Género desde 2016. La Ley 14.848 establece una composición del 50% de candidatas mujeres y 50% de candidatos varones en las listas para cuerpos colegiados y exige alternancia y secuencialidad. Cuando la nómina tiene una cantidad impar de integrantes, la diferencia entre ambos géneros no puede superar una persona. Las listas que incumplen esos requisitos no pueden ser oficializadas.
Como informó GRUPOLAPROVINCIA.COM durante el proceso electoral de 2025, la propia Junta Electoral bonaerense recordó antes del cierre de listas que el cumplimiento del esquema 50/50 era una condición excluyente para competir y volvió a exigir la alternancia prevista por la legislación provincial.
Pero hay un elemento que la ley no equilibra: quién ocupa el primer lugar. Y en una elección legislativa eso puede ser determinante, sobre todo para aquellas fuerzas que consiguen una sola banca en una determinada sección.
Los números incorporados al proyecto de Quintana muestran esa diferencia. En las elecciones de 2021 se presentaron 42 listas para diputados y senadores provinciales y apenas 7 estuvieron encabezadas por mujeres: el 16,7%. En 2023 la proporción mejoró y llegó al 33%. Sin embargo, volvió a caer con fuerza en 2025.
Ese año hubo 122 listas oficializadas en las ocho secciones electorales y sólo 23 tuvieron una mujer en el primer lugar. Es decir, apenas 18,85% de los encabezamientos.
Así se produce una de las paradojas que el proyecto intenta abordar: una lista puede estar conformada de manera perfectamente paritaria y, aun así, el modo en que se distribuyen sus primeros lugares puede generar una representación final desigual.
“La integración paritaria y alternada de cada lista no garantiza, por sí sola, una distribución igualitaria de sus encabezamientos”, argumentó Quintana.
La propuesta no elimina el sistema de suplentes ni modifica las listas con las que los ciudadanos votaron. Lo que cambia es el criterio para determinar quién ingresa cuando una banca queda vacante.
Hoy el artículo 122 indica que los candidatos que no resultaron electos se convierten en suplentes y son convocados respetando estrictamente el orden en el que aparecieron en la lista.
Con la reforma de Quintana, habría una instancia previa. Si en el cuerpo existe una desigualdad entre géneros, el reemplazo debería favorecer a aquel que se encuentre subrepresentado. Una vez alcanzado el equilibrio, volvería a regir el corrimiento ordinario de la nómina.
La diferencia respecto de otras propuestas discutidas anteriormente también es relevante. No se trata necesariamente de que un hombre deba ser reemplazado por otro hombre o una mujer por otra mujer. El criterio central sería la composición del cuerpo en ese momento, no el género de quien abandona la banca.
Una pelea que la Legislatura ya conoce
Uno de los antecedentes más visibles ocurrió en 2024, cuando el entonces diputado Santiago Passaglia dejó su banca. La discusión se concentró en quién debía ocuparla: Belén Malaisi, que seguía en el orden de la lista de Juntos de 2021, o Ignacio Mateucci, cuya incorporación era defendida bajo otro criterio de interpretación de la paridad.
Finalmente asumió Malaisi y se impuso el principio previsto por el artículo 122: respetar el corrimiento de la nómina. Ese episodio dejó en evidencia que las leyes vigentes ofrecen reglas claras para la conformación de listas, pero las discusiones reaparecen cuando una vacante modifica la composición del cuerpo.
También hubo sustituciones en sentido inverso. Daniela Viera ingresó en reemplazo de Juan Alberto Martínez y Liliana Schwindt ocupó la banca que había dejado Eduardo “Bali” Bucca.
Los movimientos continuaron después del recambio de 2025. En diciembre, el Senado aprobó licencias de Gabriel Katopodis —quien continuó como ministro de Infraestructura bonaerense— y Diego Valenzuela. En febrero juraron Roxana López y Marisa Pirillo como reemplazantes. Valenzuela posteriormente regresó a su banca.
Cuando una banca también mueve una interna
En GRUPOLAPROVINCIA.COM ya contamos cómo los movimientos de legisladores pueden alterar incluso las correlaciones dentro de un mismo espacio. El regreso de Mercedes Landívar a Diputados en julio desplazó de manera automática a Laura Aloisi y modificó el equilibrio interno del peronismo: La Cámpora recuperó una banca mientras el Movimiento Derecho al Futuro perdió momentáneamente una representante propia.
El episodio no estuvo vinculado con un reclamo de paridad, pero sirve para explicar el peso político que tienen estas sustituciones. Una licencia puede definir no sólo quién se sienta en una banca, sino también qué sector interno gana volumen dentro de un bloque.
Por eso, cualquier modificación al artículo 122 tiene consecuencias que exceden ampliamente la cuestión formal.
Quintana tampoco inaugura esta discusión. Su iniciativa recupera lineamientos de un proyecto presentado en 2021 por el entonces senador radical Agustín Máspoli, que también buscaba introducir cambios en el sistema de reemplazos.
En 2024, la senadora María Lorena Mandagarán impulsó otra reforma del artículo 122. En aquel caso, el criterio propuesto era distinto: que el reemplazante respetara el género de la persona que dejaba la banca. El expediente pasó por Reforma Política, Igualdad y Legislación General, pero no consiguió convertirse en ley y terminó archivado por caducidad en junio de 2026.
Ese antecedente agrega un dato político importante. Hace al menos cinco años que distintos sectores intentan cerrar la brecha entre la normativa sobre las candidaturas y las reglas que rigen una vez que las bancas ya fueron adjudicadas, pero todavía no hubo acuerdo legislativo para modificar el mecanismo. El nuevo proyecto vuelve ahora sobre ese vacío con otra fórmula.