Resuelta la interna de la UCR bonaerense, la incógnita se traslada a la Legislatura
Pamela Orellana


La foto de unidad que la UCR bonaerense consiguió cerrar para evitar una nueva interna partidaria no terminó de ordenar el tablero político radical.
Con Emiliano Balbín encaminado a presidir el Comité Provincia y un esquema de reparto que contuvo al abadismo, Evolución, el possismo y el sector de Miguel Fernández y Alejandra Lordén, la discusión empezó a correrse hacia otro terreno: qué va a pasar con los bloques legislativos y, sobre todo, hacia dónde quiere caminar el radicalismo de cara a 2027.
La conducción partidaria ya quedó saldada. El acuerdo que frenó la elección interna del 7 de junio desactivó otra escalada que amenazaba con reeditar la judicialización de los últimos años. Balbín, nieto de Ricardo Balbín, asumirá la presidencia del Comité Provincia; Josefina Mendoza ocupará la vicepresidencia; Matías Civale será secretario general y Adriana Ginnóbili quedará a cargo de la Tesorería.
Del otro lado, el sector de Fernández y Lordén consiguió espacios en la estructura partidaria y representación en la Convención bonaerense. Pero la tregua partidaria no resolvió la fragmentación en la Legislatura.
La discusión ya no es el Comité
En Diputados, la UCR sigue dividida en dos bloques. Por un lado está el sector alineado con Maximiliano Abad, integrado por Diego Garciarena, Matías Civale y María Silvina Vaccarezza, vinculada políticamente a Emilio Monzó. Del otro, el bloque que conduce Alejandra Lordén junto a Valentín Miranda y Priscila Minnaard.
Con el acuerdo partidario ya firmado, en los pasillos de la Legislatura empezó a circular la posibilidad de volver a unificar posiciones. Sin embargo, puertas adentro reconocen que la discusión excede la cuestión administrativa.

Según pudo saber este medio, desde el sector de Lordén admitieron que “si los cinco legisladores nos ponemos de acuerdo se podría evaluar, pero no creo que nos pongamos de acuerdo”, aunque aclararon que “nosotros no tenemos drama en votar entre los cinco”.
La respuesta del abadismo llegó rápido. “No hay interna. Hay unidad. Si era por votar se hubieran presentado a la interna”, señalaron cerca del senador nacional. Y agregaron: “Ellos ya reconocieron que el espacio mayoritario en la Provincia es el de Maxi Abad. No hay mucho para debatir. Son bienvenidos al bloque si quieren”.
La discusión también atraviesa al Senado bonaerense. Allí el radicalismo aparece partido entre el unibloque UCR, que sostiene la abadista Nerina Neumann, y el espacio HECHOS-UCR Identidad, donde confluyen Natalia Quintana, radical del ala fernandista; Marcelo Leguizamón, que asumió una banca por Juntos por el Cambio en 2023; y María Emilia Subiza, ligada políticamente a los hermanos Santiago y Manuel Passaglia. En el fondo, el problema ya no parece ser orgánico sino político.
El dilema violeta y el diálogo con Kicillof
La pelea interna radical viene mostrando dos modelos distintos desde hace meses. Mientras el abadismo se enfocó en instalar una agenda legislativa vinculada a la reforma política, con Boleta Única, PASO y autonomía municipal, el sector de Fernández y Lordén apostó a una construcción más territorial, con recorridas en municipios y fuerte respaldo de intendentes.
El abadismo nunca escondió sus conversaciones con sectores del PRO y dirigentes cercanos a La Libertad Avanza. En ese esquema, algunos radicales imaginan una gran PASO opositora con terminales nacionales, donde Patricia Bullrich y Diego Santilli aparecen como referencias posibles.
Incluso, Cristian Ritondo había sido explícito al señalar que “hay que sumar a un sector de Maximiliano Abad. Por no decir todo el radicalismo que quiera jugar en esto”.

En paralelo, el espacio que responde a Fernández empezó a dejar trascender otra hipótesis: explorar acuerdos menos confrontativos con Axel Kicillof y sectores del peronismo no alineados con el kirchnerismo duro. Una posibilidad que genera ruido inmediato en el abadismo y también dudas entre intendentes radicales.
La reunión reciente de Minnaard con el ministro de Transporte bonaerense, Martín Marinucci, alimentó esas lecturas cruzadas. La diputada llevó reclamos vinculados al transporte del interior, cuestionó el aumento del boleto de la Línea 319 entre Coronel Rosales y Bahía Blanca y propuso un Programa Provincial de Conectividad Interurbana.
Tras el encuentro, Minnaard habló de “trabajar en conjunto”, mientras que Marinucci destacó la necesidad de avanzar “de manera articulada”. En el radicalismo algunos lo tomaron como un gesto institucional lógico. Otros, en cambio, creen que empieza a aparecer una estrategia de convivencia política con el oficialismo bonaerense.
Los intendentes quieren bajar la espuma
En medio de esas diferencias, los intendentes radicales jugaron fuerte para evitar otra pelea partidaria. El Foro de Intendentes venía reclamando un acuerdo que permitiera dejar atrás la interna y concentrarse en la gestión y el armado territorial.
En diálogo con GRUPOLAPROVINCIA.COM, José Luis Salomón, intendente de Saladillo, había advertido que “no es productivo para nadie judicializar”. Y planteó que la UCR “tiene que ser una opción creíble y confiable para encarar algún desafío provincial o nacional”.
En la misma línea se expresó el intendente de Balcarce, Esteban Reino, cuando pidió “una lista de unidad” y lanzó una frase que todavía resuena en varios despachos radicales: “Si te quedás en la nostalgia y en ciertas ideologías que hoy no tienen nada que ver con la necesidad de la gente, sos un partido en extinción”.
Mientras tanto, en la Legislatura empiezan a aparecer temas donde el radicalismo podría ensayar posiciones comunes: el reclamo por la libre disponibilidad del Fondo de Emergencia y Fortalecimiento de la Inversión Municipal, la reforma política y los proyectos vinculados a la situación de IOMA.
Pero incluso ahí persiste la discusión que atraviesa hoy a toda la UCR bonaerense: si el partido debe confluir con el armado opositor que se referencia en Javier Milei para enfrentar al kirchnerismo y al kicillofismo, o explorar acuerdos con sectores del peronismo para la construcción de un gran frente anti Milei.

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