Encuesta nacional: la mayoría asegura que nunca votaría a Milei y la clase baja desaprueba ampliamente su gestión
Pamela Orellana


El escenario electoral de Javier Milei hacia 2027 muestra una combinación de respaldo consolidado y resistencia a su continuidad. Según el Monitor de Opinión Pública de Zentrix Consultora, el 59,3% de los encuestados afirma que jamás votaría al Presidente, mientras que el 28,3% asegura que lo elegiría y otro 9% admite esa posibilidad. Los resultados corresponden a una medición nacional realizada a fines de septiembre, cuyos datos electorales adquieren relevancia ante la discusión sobre las posibilidades de reelección del mandatario.
El relevamiento también expone una fuerte diferencia según la posición socioeconómica declarada por los participantes. Entre quienes se identifican con la clase baja, el 72,9% desaprueba la gestión presidencial y apenas el 19,8% la respalda. En el extremo opuesto, la aprobación alcanza el 58,8% entre los consultados que se consideran de clase alta.
La fotografía política presenta, sin embargo, un matiz: la aprobación general de Milei subió del 32,2% en agosto al 35,2% en septiembre, aunque la desaprobación también aumentó y llegó al 56,8%. El movimiento refleja una reducción de las respuestas neutrales, más que una modificación sustancial del equilibrio entre apoyos y cuestionamientos.

El estudio, elaborado sobre 1.438 casos de alcance nacional, permite analizar cómo se distribuyen esas posiciones y qué relación mantienen con las percepciones económicas, los ingresos y las expectativas de cara a las próximas elecciones presidenciales.
El voto negativo y los límites del respaldo electoral
La pregunta sobre las posibilidades de votar a distintos dirigentes deja uno de los resultados centrales del informe. Frente al 59,3% que descarta votar a Milei, aparece un 28,3% de voto seguro y un 9% de voto posible. La suma de estos dos últimos grupos arroja un potencial declarado del 37,3%.
La distribución muestra una característica particular del electorado presidencial: dentro del universo que expresa disposición a votarlo, predomina ampliamente el apoyo definido. Aproximadamente tres de cada cuatro personas de ese grupo ya manifiestan una decisión afirmativa, mientras que el margen de electores que todavía evalúa acompañarlo es comparativamente menor.
Los rechazos electorales también aparecen en otros dirigentes. Patricia Bullrich registra un 51,4% de personas que jamás la votarían; Axel Kicillof, un 50,4%; y Myriam Bregman, un 49,5%. La vicepresidenta Victoria Villarruel presenta un nivel de rechazo del 70,6%.
Esas diferencias permiten ubicar el resultado presidencial dentro de un escenario político más amplio, caracterizado por porcentajes elevados de voto negativo hacia distintas figuras nacionales. El dato expresa una resistencia declarada a elegir a determinados candidatos, aunque no constituye por sí mismo una medición de intención de voto para una elección con competidores y condiciones definidas.
El director de Zentrix, Claudio Montiel, vinculó los resultados con las dificultades que podría enfrentar el oficialismo para ampliar su base electoral en 2027. El análisis parte de la distancia entre quienes ya respaldan al Presidente y quienes manifiestan que no lo votarían, una relación que dependerá de cómo evolucionen las preferencias durante el próximo año.
Por otra parte, los indicadores de opinión pública muestran que el Presidente conserva un núcleo significativo de adhesión. Su imagen positiva alcanzó el 34,9%, mientras que la negativa se ubicó en el 58,5%. La diferencia entre ambas es de 23,6 puntos porcentuales.
La clase social marca las mayores diferencias
Una de las características más pronunciadas del relevamiento aparece al desagregar las respuestas por nivel socioeconómico. El estudio utiliza la autopercepción de clase de los encuestados: el 50,3% se identifica con la clase baja, el 38,9% con la media y el 9,1% con la alta.
En el primer grupo, la aprobación del Gobierno alcanza el 19,8%, frente a una desaprobación del 72,9%. La evaluación personal de Milei presenta una distribución similar, aunque con porcentajes diferentes: el 26,3% tiene una imagen positiva del mandatario y el 69,2% manifiesta una opinión negativa.

La relación cambia entre quienes se consideran de clase alta. Allí, el 58,8% aprueba la gestión presidencial, mientras que su imagen positiva llega al 49% y la negativa representa el 34,6%. Entre los sectores medios, el nivel de aprobación se ubica en el 39,9%.
La distancia entre los extremos es especialmente marcada: 39 puntos porcentuales separan la aprobación de Milei en la clase alta y la clase baja. La brecha confirma que la valoración de la gestión no se distribuye de manera uniforme y que la condición socioeconómica declarada constituye una variable importante para interpretar el respaldo presidencial.
También aparecen diferencias por género y edad. La imagen negativa del Presidente alcanza el 68,4% entre las mujeres y el 62% entre los mayores de 60 años. En cambio, el segmento de 18 a 39 años presenta un 42,5% de aprobación de la gestión, por encima del promedio nacional, y una imagen positiva del 50,9%.
Este último resultado introduce otra particularidad. Aunque los jóvenes se muestran comparativamente más favorables al mandatario, el 69,1% de ese grupo evalúa negativamente la situación económica del país. La valoración del Gobierno no coincide necesariamente con la percepción sobre el presente económico, una diferencia que también se observa en otras respuestas del estudio.
El malestar económico y la discusión hacia 2027
El clima social que acompaña esos posicionamientos está atravesado por la incertidumbre. Según Zentrix, el 57,4% de los encuestados se declara pesimista sobre el futuro de la Argentina, mientras que el 34,3% mantiene expectativas optimistas.

La percepción sobre la situación económica nacional también presenta un balance desfavorable: el 61,5% la califica negativamente, una proporción superior al 39,3% que considera mala su situación personal. Esta distancia permite distinguir el diagnóstico sobre el país de la evaluación que cada participante realiza de su propia economía.
Entre las principales preocupaciones aparecen los ingresos y salarios, con el 50,1%, y la incertidumbre económica, con el 49,8%. Detrás se ubican el desempleo, con el 40,9%; la corrupción, con el 39,6%; y las tarifas de servicios públicos, con el 35,2%.

La inflación figura con apenas el 12,7% entre los asuntos señalados como principal preocupación. Sin embargo, el 67,1% considera que los datos publicados por el INDEC no reflejan adecuadamente los aumentos que percibe en su vida cotidiana, y el 81,8% sostiene que su salario no le gana a los precios.
Las dificultades se vuelven más profundas entre los sectores que se identifican con la clase baja. Allí, el 83,3% declara que sus ingresos se agotan a más tardar el día 20 del mes y el 68,1% afirma haberse endeudado durante los seis meses anteriores. Entre quienes tomaron deuda en ese segmento, el 65,5% la destinó a necesidades básicas como alimentos y atención sanitaria.
Estos datos económicos ya formaban parte de los informes difundidos por la consultora durante octubre y permiten contextualizar el mapa de adhesiones políticas. La medición no determina que las dificultades económicas sean la causa directa del rechazo electoral, pero muestra que ambas dimensiones conviven con especial intensidad entre los sectores de menores recursos.
La evolución mensual de los indicadores políticos agrega un elemento para interpretar el escenario. Aunque la aprobación del Gobierno mejoró tres puntos, la desaprobación también pasó del 54,1% al 56,8%. Al mismo tiempo, las respuestas neutrales disminuyeron del 13,3% al 8,1%.
De ese modo, el saldo entre aprobación y desaprobación permaneció prácticamente estable, alrededor de 22 puntos negativos. El movimiento de septiembre refleja posiciones más definidas, pero no una reducción significativa de la distancia entre quienes avalan y quienes cuestionan la gestión.
El relevamiento se realizó entre el 22 y el 30 de septiembre de 2026, mediante cuestionarios autoadministrados en línea, con una muestra no probabilística ponderada por características sociodemográficas y antecedentes electorales. La consultora informa un margen de error teórico del 2,6%, calculado mediante una fórmula para muestras aleatorias.
A un año del próximo proceso presidencial, la encuesta describe un escenario en el que Milei conserva un respaldo electoral definido, pero enfrenta un rechazo declarado mayoritario, particularmente entre quienes se identifican con la clase baja. La evolución de los ingresos, las expectativas económicas y la capacidad de ampliar apoyos serán algunas de las variables centrales para observar en las próximas mediciones.

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