Radicalismo bonaerense: la interna que nadie frena y todos preparan
La Unión Cívica Radical bonaerense avanza hacia un escenario que, por estas horas, parece inevitable: la resolución de su interna en las urnas. Con fecha fijada para el 7 de junio y el cierre de listas previsto para el 7 de mayo, los dos grandes espacios que conviven en el partido intensifican movimientos, sin señales concretas de un acuerdo que evite la competencia.
Dos estrategias, una disputa por la legitimidad
De un lado, el armado que encabeza Maximiliano Abad junto a Gustavo Posse y Daniel Salvador, ahora con el respaldo articulado de Evolución, sostiene que la prioridad es dotar de legitimidad a la conducción partidaria tras el desgaste del esquema de contingencia. Del otro, el sector referenciado en Miguel Fernández y Alejandra Lordén insiste en la necesidad de una integración real, aunque avanza en paralelo en la construcción de una alternativa propia.
La discusión de fondo gira en torno a cómo reconstruir autoridad política tras el proceso fallido que derivó en la intervención judicial y la creación de organismos transitorios. En ese punto, el abadismo endurece su diagnóstico. “El radicalismo entró en un conflicto judicial que había que resolver y a partir de él constituyó un comité de contingencia y la convención de contingencia que llevaron adelante el último proceso electoral que terminó en un fracaso, fue un fracaso y un fracaso rotundo”, planteó Abad en una entrevista.
Esa caracterización no es menor: desde ese espacio entienden que la actual conducción carece de legitimidad de origen y que solo una elección —o una lista de unidad con reconocimiento efectivo— puede cerrar esa etapa. “Lo importante es que esa conducción tenga legitimidad. La legitimidad se da a partir de una lista de unidad en donde se pongan de acuerdo acerca de quién la van a llevar adelante”, agregó el senador.
En ese marco, la alianza con Evolución y la foto política junto a Posse y Salvador buscan exhibir volumen dirigencial y representación, en una lógica que también se proyecta hacia la discusión electoral de 2027. La reciente coordinación parlamentaria y los acuerdos internos refuerzan esa estrategia. En paralelo, Abad convocó a un encuentro en La Plata con dirigentes de distintas secciones para consolidar ese armado y ordenar la discusión interna.
El factor territorial y la advertencia opositora
Del lado de Fernández, la lectura es distinta. Si bien públicamente sostienen la voluntad de unidad, en la práctica avanzan en el armado de una candidatura propia y en la consolidación de apoyos territoriales. El encuentro en Saladillo funcionó como señal política: intendentes, legisladores y dirigentes se mostraron alineados detrás de la posibilidad de competir.
Entre los presentes estuvieron jefes comunales como Franco Flexas, José Luis Salomón, Francisco Recoulat, Nahuel Mittelbach, Ramón Capra, Román Bouvier, Lisandro Hourcade, Maximiliano Suescun, Juan Carlos Chalde y Javier Andrés, además de figuras legislativas como Natalia Quintana y Pablo Juliano. Ese despliegue busca instalar la idea de que el espacio cuenta con músculo territorial suficiente para dar la pelea.
En ese sector también aparece la intención de promover una renovación dirigencial. La posibilidad de impulsar una figura joven para encabezar la lista forma parte de las conversaciones en curso, en un intento por diferenciarse de la estructura tradicional.
La fractura del bloque abadista en diciembre, con la salida de Lordén junto a Valentín Miranda y Priscila Minnaard, fue otro punto de inflexión que evidenció la profundidad de la interna. Desde entonces, los puentes no lograron recomponerse del todo.
Calendario en marcha y negociaciones sin síntesis
El fallo del juez Alejo Ramos Padilla, que validó el adelantamiento de las elecciones, terminó de ordenar el cronograma pero no resolvió la disputa política. Con los plazos corriendo —incluida la reciente prórroga para la presentación de fichas de afiliación—, las negociaciones entraron en zona de definición.
En la dirigencia radical persiste la preocupación por el impacto de una interna. No solo por los costos económicos, sino por el riesgo de profundizar una división que arrastra secuelas desde 2024, cuando la elección entre Fernández y Pablo Domenichini derivó en denuncias cruzadas y judicialización.
Aun así, ninguno de los sectores parece dispuesto a ceder posiciones sin garantías. “No podemos tenerle miedo nunca al voto de los afiliados”, sostuvo Abad, marcando una línea que también funciona como mensaje interno. “No importa si votan 70.000, 80.000 o 10.000 personas. De última refleja una realidad de un partido político en un momento determinado”.
En paralelo, desde el espacio de Fernández sostienen que competirán si no hay integración efectiva, mientras continúan las conversaciones con intendentes y legisladores para robustecer su armado.
La definición se acerca. “Que haya interna o no, implica si hay reconocimiento de los distintos sectores entre sí, reconocimiento de los que van a encabezar el proceso, no solamente declamarlo, después tiene que ocurrir en la praxis política. Eso es un tema que se va a resolver en las próximas cuatro semanas”, advirtió Abad.