Política Por: Pamela Orellana20 de junio de 2026

El peronismo quiere volver, pero antes debe resolver quién manda

Con Cristina en el centro de la escena, Kicillof en expansión, Massa pidiendo unidad y otros sectores moviéndose por fuera del libreto clásico, el PJ ya discute cómo volver al poder. Pero antes deberá resolver una pregunta decisiva: quién conduce y bajo qué reglas.
 

Sergio, Cristina y Axel, tres nombres centrales en la discusión del peronismo rumbo a 2027.

El peronismo empezó a mirar 2027 antes de ordenar su presente. Después de la derrota nacional, de la consolidación de Javier Milei como adversario central y de la nueva centralidad judicial y política de Cristina Kirchner, el PJ atraviesa una etapa de movimientos simultáneos: nadie quiere quedar afuera de la mesa, pero todavía no hay una conducción capaz de ordenar a todos.

El dato recorre despachos, intendencias, gobernaciones y terminales partidarias: el peronismo quiere volver a ser alternativa nacional, aunque antes debe resolver una pregunta que incomoda más que cualquier candidatura. Quién conduce, bajo qué reglas y con qué nivel de convivencia interna.

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Cristina, la centralidad y el límite de la sucesión

Cristina Kirchner sigue siendo una referencia inevitable para buena parte del movimiento. Su situación judicial reactivó el reclamo de los sectores más identificados con el kirchnerismo y volvió a poner en agenda la consigna por su libertad. Pero esa centralidad también abre una discusión más áspera: cuánto debe pesar la expresidenta en el diseño del futuro y hasta dónde el peronismo puede ordenar su regreso electoral alrededor de su figura.

La Cámpora, con Máximo Kirchner al frente, ya empezó a moverse con la mirada puesta en el año próximo. Las recorridas por el interior, los actos previstos y el intento de sostener viva la militancia kirchnerista forman parte de una estrategia que busca mantener volumen propio en un escenario todavía abierto. En ese sector no descartan una competencia interna si no hay acuerdo amplio, aunque también saben que una fractura podría complicar cualquier intento de volver al balotaje.

Ese es uno de los nudos más delicados: el kirchnerismo necesita preservar su identidad, pero el peronismo en su conjunto necesita ampliar. La pregunta no es solo si Cristina ordena, sino si alcanza con Cristina para construir una mayoría nacional en 2027.

Kicillof, Massa y la pelea por el método

En ese tablero, Axel Kicillof aparece como uno de los dirigentes con mejor proyección dentro del peronismo. El gobernador bonaerense administra la provincia más grande del país en plena confrontación con la Casa Rosada y, al mismo tiempo, evita quedar encerrado en una definición presidencial prematura. Su estrategia combina gestión, territorialidad y construcción política, con el Movimiento Derecho al Futuro como herramienta propia y con señales hacia otras provincias.

El mandatario bonaerense viene buscando instalar una discusión más amplia que la interna del PJ. En Santa Fe, dejó un mensaje de preparación política frente a lo que definió como “una discusión, un debate y una elección histórica”. También planteó que la respuesta al oficialismo debe construirse “con militancia, con organización y con compromiso”. Esa línea le permite mostrarse como dirigente nacional sin despegarse de su rol de gobernador.

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Alrededor de Kicillof, sin embargo, aparece una tensión que el peronismo aún no resolvió: cómo articular su crecimiento con el universo kirchnerista sin que esa convivencia derive en una guerra de desgaste. El gobernador no rompe, pero tampoco quiere quedar reducido al lugar de heredero tutelado. Esa zona gris explica buena parte de las conversaciones subterráneas del PJ.

Sergio Massa, por su parte, trabaja con otra lógica. El líder del Frente Renovador insiste con la unidad como condición para volver a competir en serio. En su entorno describen al peronismo actual como una mesa redonda, sin cabeceras nítidas, donde conviven gobernadores, intendentes, jefes parlamentarios y dirigentes con peso propio. La consigna que baja desde ese sector es evitar una interna prematura y no ser funcionales a que Milei continúe gobernando por la división opositora.

Massa no se muestra como árbitro, pero empuja una hoja de ruta: ampliar sin expulsar a nadie, construir reglas de convivencia y dejar que la discusión por candidaturas madure más cerca del calendario electoral. En esa mirada, la unidad no aparece como una consigna sentimental, sino como una condición de competitividad.

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Los otros peronismos también se mueven

El mapa no termina en Cristina, Kicillof y Massa. Miguel Ángel Pichetto volvió a tener reuniones con la expresidenta y, en paralelo, impulsa su propio armado nacional con Argentina Productiva, un espacio que busca reunir a sectores del peronismo, dirigentes del centro político y referentes desencantados de otras fuerzas. Su aparición suma otra pieza a un rompecabezas en el que cada actor intenta medir cuánto margen tiene antes de que se ordene la competencia.

Guillermo Moreno también agitó el debate al mencionar una eventual fórmula con Pichetto y Cristina. “Yo dije que la fórmula es Pichetto-Cristina, Cristina-Pichetto”, sostuvo el exsecretario de Comercio Interior, en una definición que volvió a mostrar la dispersión de nombres, hipótesis y tribus que conviven dentro del movimiento. Aunque esas propuestas no necesariamente ordenan el tablero, sí confirman que el peronismo ya entró en modo deliberación electoral.

También se activó el llamado peronismo federal. En Entre Ríos, un plenario reunió a intendentes, legisladores, referentes sindicales y sectores productivos bajo la consigna “El Peronismo Debate para ser Alternativa Nacional”. Allí aparecieron nombres como Victoria Tolosa Paz, Guillermo Michel, Juan Manuel Olmos y Federico Achával, con un discurso centrado en producción, empleo, federalismo y crítica al modelo económico del Gobierno nacional.

El "Peronismo Federal" reunió en Concepción del Uruguay a dirigentes de todo el país.

En ese encuentro, Tolosa Paz habló de representar a la “Argentina federal” y de discutir un programa con “equilibrio fiscal y equilibrio social con la gente adentro”. Olmos, en tanto, contrapuso al rumbo libertario la idea de “una Argentina productiva”, con el trabajo como eje de la organización económica.

El peronismo, entonces, no está quieto. Se mueve demasiado y en varias direcciones a la vez. Cristina conserva influencia, Kicillof proyecta desde la gestión bonaerense, Massa predica unidad, Máximo ordena al kirchnerismo, Pichetto tantea una reconstrucción más amplia y los sectores federales reclaman programa antes que candidaturas. La discusión por 2027 ya empezó, aunque todavía nadie logró transformar ese movimiento en una conducción aceptada por todos.

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