Entrevista GLP. Matías Civale: “La pirotecnia discursiva entre el gobernador y el Presidente deja de rehenes a los bonaerenses”

El diputado provincial del bloque Acuerdo Cívico dijo que hace falta que el radicalismo vuelva a tener prominencia para representar a un sector de la población que no se identifica con los “extremos” de Milei y Kicillof. En los últimos años el partido centenario “estuvo cómodo, sin dar las peleas” que hacían falta, argumentó.

Videos - Entrevistas 26 de marzo de 2024 Mariana Portilla Mariana Portilla

–Matías, llegaste a la Legislatura en una situación del país económica, social y política muy compleja. En este contexto, ¿cómo es ocupar una banca hoy en la Legislatura bonaerense?

Cuando presentamos la candidatura, lo hicimos con el convencimiento de que formamos parte de un espacio que tenía ambición, aspiración de representar a un número de ciudadanos que nos coloque como fuerza política para gobernar la provincia y gobernar el país, después de cuatro años muy complejos que había vivido el país. Por lo menos desde mi punto de vista, el peor gobierno nacional desde los 40 años de democracia de lo que conocíamos hasta ahí. Un escenario donde la sociedad estaba cansada de lo que había vivido. Había vivido una pandemia y todavía no terminamos de procesar lo que sufrió la sociedad en esos momentos: que tuvo que quedarse encerrada, los cambios que implicaba, y un manejo de la pandemia que fue muy malo y se acentuó lo malo en el último tiempo. Recordemos que allá por octubre hasta tuvimos desabastecimiento de combustible, pasando por una inflación donde el salario real perdió con la inflación por mucho. Y la verdad es que eso empezó a ser un caldo de cultivo para justificar la llegada de (Javier) Milei al gobierno.

Nosotros, obviamente, como espacio político, aspirábamos a otra situación. Quedamos relegados del ballotage. A partir de eso, dentro del frente político que yo conformo hubo decisiones unipersonales o de algunos espacios sin consultar al resto, lo que terminó, si se quiere, de generar una fractura. Porque creo que el gran logro que había tenido esos cuatro años Juntos por el Cambio (JxC) era que después de ser gobierno había mantenido una oposición unida. Eso me parece que fue lo que un poco detonó la situación a nivel nacional y nos dejó fuera incluso del ballotage, con las consecuencias posteriores.

Entonces, vemos una situación muy complicada, obviamente, también en lo provincial, con una situación difícil porque, más allá de que nosotros considerábamos que el gobierno de (Axel) Kicillof no había sido un gobierno nuevo, fue legítimamente triunfador en una situación, sin llegar al 50%, con la posibilidad que le da el hecho de que en la provincia de Buenos Aires no haya ballotage, pero teniendo un triunfo importante. De hecho, Unión por la Patria (UxP) triunfó en las tres elecciones que se dieron en el 2023: en las PASO, en la general y en el ballotage presidencial.

Nosotros, como espacio político, quedamos igual que quedaron los ciudadanos de la provincia de Buenos Aires: en el medio de un enfrentamiento de dos espacios políticos, lo que es algo inédito que sucede en la Argentina, donde diferentes espacios políticos gobiernan los principales centros, es decir, en la provincia de Buenos Aires UxP, en la Nación los libertarios, en la ciudad de Buenos Aires el PRO, el radicalismo en Santa Fe, el peronismo no kirchnerista en Córdoba y el desarrollismo del PRO en Entre Ríos. Los principales distritos del centro de la Argentina, gobernados todos por espacios diferentes.

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Lo lógico que desde la política debiera ser es que la sociedad los puso ahí para que entre todos lleguen a diálogos, consensos, para buscar un camino en común, cada uno ocupando los lugares. La verdad es que ese diálogo, desde el día uno que gobierna Milei, no existe. Rompe esos diálogos con la política y elige un rival, que es el gobernador (Kicillof), para enfrentarlo, para criticar a un espacio político, y el gobernador elige la respuesta. Entonces, esa pirotecnia dialéctica del gobernador y el Presidente deja de rehenes, prácticamente, a los ciudadanos de la provincia de Buenos Aires. Y nosotros en el medio.

Porque hoy la moderación no está de moda. Y la verdad es que, cuando uno hace planteos desde la racionalidad, recibe piedras de ambos lados. Porque si uno plantea que no está a favor del DNU o de la ley ómnibus de Milei, lo acusan de kirchnerista; si nosotros no acompañamos el impuestazo terrible que hizo Kicillof en diciembre, somos acusados de libertarios. Y ni una ni la otra: nosotros creemos que tenemos un espacio para construir, que la sociedad necesita respuestas, que no puede seguir esperando. Y no vemos respuestas, más allá del “llamado al diálogo” que no fue tal, porque cuando uno llama al diálogo, como fue el llamado al Pacto de Mayo, lo tiene que hacer libre.

Entonces, la verdad es que es un momento muy complejo, porque, más allá de que algunos números de la macroeconomía puedan empezar a mostrar signos de mejora, lo único que se pretende desde la Presidencia es tener déficit fiscal cero, o bajar la inflación a cualquier precio. Y cuando digo “cualquier precio” es a base de una recesión que hoy empieza a tener las consecuencias de cierres de comercio, despidos, suspensiones. Y la verdad es que vemos que la economía real, la que pasa en la vida de cada uno de los vecinos, empieza a sufrirlo. Ni hablar de los sectores más desprotegidos. Lo que han vivido estos 100 días los jubilados, que tal vez han sido el sector que más aportó a ese ajuste que ha tenido el gobierno nacional. Es realmente muy triste, porque personas que han trabajado toda su vida para llegar a un momento en que tengan que decidir si van al supermercado o se compran un medicamento que prolongue su vida, y no tener posibilidades de pagar las dos cosas, la verdad que es lamentable. Y vemos que la respuesta del Presidente es “Es el sector de la población que menos pobres tiene, los jubilados”. La verdad que a uno le preocupa esto.

–¿Coincide en la necesidad de hacer una gestión más eficiente, más austera a nivel nacional, pero también provincial?

Sin duda. Y lo veníamos diciendo. Hay determinadas cosas que uno no puede más que acompañar. Ahora, una cosa es un Estado eficiente y una cosa distinta, que es la que está planteando, es la desaparición del Estado, del rol del Estado. Del rol del Estado como organizador, como distribución de la riqueza, pero fundamentalmente dando los insumos y los servicios esenciales que necesita la población. La educación pública, la salud pública, aquello que nos hizo diferente. Porque el Presidente tiene un revisionismo selectivo, ¿no? Habla de determinadas épocas nada más, pero la realidad es que lo que hizo grande a la Argentina tiene que ver con esa generación del ’80, pero fundamentalmente posterior, con la Reforma Universitaria, por ejemplo, la Ley de Educación, la 1420, permitió que toda la población accediera a una educación, existiera el ascenso social, esa clase media que transformó la Argentina y que la hizo tan distinta del resto de los países de Latinoamérica a partir de tener acceso a eso. Y hoy parece destruido.

Entrevista realizada por Grupo La Provincia (grupolaprovincia.com)

Un dato concreto de lo que está sufriendo hoy el sistema educativo: en Tandil, ciudad de 150.000 habitantes, casi el 6% de los alumnos de escuelas privadas, o de gestión semipública, pasaron a la educación pública. Cuando un padre saca a sus hijos del colegio, de un colegio privado que pagaba con esfuerzo, pero que no lo puede seguir pagando, y cambia el ámbito, es que algo grave está pasando. Sacar a los chicos de ese ámbito, o de su club, como está pasando, porque no pueden pagar la cuota social, es algo muy preocupante. Y la respuesta del Presidente ¿cuál fue? “Creamos los vouchers educativos.” Ya cuando el traspaso se había dado: un mes después. Tarde. Pero a su vez elimina el Fondo de Incentivo Docente (Fonid), se le reduce el presupuesto a la universidad pública, que no se sabe si va a poder seguir sosteniéndose más allá del segundo semestre, la educación pública primaria y secundaria está sufriendo pérdida del poder adquisitivo de los docentes, que se empiezan a retirar, y no hay respuesta.

Vos me preguntabas qué se siente estar en este momento. La verdad es que uno no elige el momento en que la sociedad lo termina colocando en un lugar honorífico, como es la Cámara de Diputados, pero más allá de que tal vez no es el ámbito ideal, el más deseado, sí implica un desafío, porque me parece que sí tenemos una oportunidad, al menos mi espacio político tiene la oportunidad, de comenzar una construcción para representar a aquellos sectores que hoy no se sienten representados.

Yo creo que, como te decía hace un rato, los extremos tienen una clara representación y eligen tirarse piedras. Aquellos que estamos en el medio, que levantamos determinadas banderas de un Estado eficiente, abierto al mundo, pero que defiende la educación pública, la salud pública, la asociatividad público-privada... En Tandil hace veinte años que nuestro espacio político gobierna. A mí me ha tocado formar parte de ese gobierno. Y la verdad que nosotros hacemos del hacer público-privado nuestra principal bandera. Un Estado que acompaña, que no lo pisa, pero que pone los límites y le dice cómo hacerlo, y entre ambos se produce una sinergia.

A mí me tocó presidir durante ocho años una sociedad público-privada, una sociedad de economía mixta, de distribución eléctrica, que hoy es un faro de referencia en la provincia de Buenos Aires, en materia, por ejemplo, de energías limpias. Ese es un modelo a construir: un Estado con el tamaño justo, eficiente, que acompaña al sector privado. Ni un modelo que suprime al Estado, como se plantea en el gobierno nacional, ni un Estado que hace todo y le pone un pie arriba, por ejemplo, al productor rural, con este impuestazo. Creo que en el medio hay un gran abanico de la población que necesita una representación, y aspiramos a representar.

No lo elegí, o no lo elegimos quienes estamos en este momento, pero sí creo que tenemos un desafío enorme por delante, y como todo desafío, también una oportunidad, tal vez de las últimas que tenga la Argentina para adelante.

Creo que lo de Milei es algo disruptivo: una nueva etapa que comienza, distinta, pero que necesitamos. Yo estoy a favor de un cambio mucho más profundo que este, pero no en este sentido.

Matías Civale

–Participaste al inicio de este año del primer Foro de Intendentes Radicales, que tuvo lugar justamente en Tandil, donde se eligieron las nuevas autoridades. ¿Cómo ves el posicionamiento del centenario partido? ¿Cuáles son los desafíos para encarar en los próximos años a nivel provincial? Un espacio que tiene la característica de que tiene muchos intendentes, muchas comunas.

Sí, de hecho mañana (por hoy) hay una nueva reunión del Foro de Intendentes Radicales en Gonzales Chaves, un municipio que el radicalismo recuperó, en una joven militante. Lo que sucedió con “Lucha” Gómez, intendenta muy joven, formada en nuestra universidad pública, aquí en Tandil, en la Universidad Nacional del Centro, la verdad que es un orgullo para nosotros, y es un modelo a seguir. Y Lucha lo que está haciendo, también, es copiar las buenas gestiones que tiene alrededor: San Cayetano, conoce el modelo de Tandil. Yo hoy vengo de Ayacucho, una gestión exitosa.

El radicalismo no solo que tiene una cantidad importante de intendentes (27), sino que tiene muy buenas gestiones que la totalidad ha sido revalidada en el 2023 con una reelección. Es decir, la población lo sigue eligiendo porque hay buenas gestiones.

Entonces, me parece que el radicalismo tiene este desafío de llevar esos modelos hacia un proyecto de gobierno provincial y nacional. El radicalismo no tiene candidato a gobernador desde el 2007 (Margarita Stolbizer), ni candidato a presidente desde el 2011 (Ricardo Alfonsín). Y eso me parece que deja fuera no solo a un espectro muy grande de la población que se identifica con las banderas que ha levantado siempre el radicalismo, y me refiero a sectores del GEN, de la Coalición Cívica, del Peronismo Republicano, que cuando vean un radicalismo fuerte, pero fundamentalmente con ganas de liderar un proceso con aspiración legítima y ambición legítima de transformación a partir del poder, creo que ahí el ejemplo muy claro es lo de Maximiliano Pullaro en Santa Fe, alguien joven que se presentó a la sociedad y fue acompañado. El radicalismo lo tiene.

¿Cuáles fueron los hechos distintos, nuevos, que sucedieron en el 2021 en la elección legislativa? La aparición de Facundo Manes (casi un millón y medio de votos, más de lo que sacó Patricia Bullrich en las PASO de 2023) y Milei. Nosotros no lo vimos, lo dejamos, no le dimos la oportunidad de armar un espacio político que multiplique JxC, y ahí perdimos una oportunidad. Yo creo que el radicalismo tiene una oportunidad desde la provincia de Buenos Aires porque lo tiene a Pullaro en Santa Fe, Zdero, Valdés, Jujuy, Mendoza... El propio Martín Lousteau perdió por nada: representa un cuarto de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA). Si el radicalismo de la provincia de Buenos Aires se fortalece a partir de los intendentes, de los legisladores, con una mirada no de seguidismo, no de seguir acompañando un proyecto que no es propio como era el proyecto del PRO, sino liderando un espacio del centro con líderes, como puede ser con gente nueva.

Hoy está esta discusión “casta o no casta”; la verdad es que cuando uno ve que en el gobierno que dicen que no son casta entran (Daniel) Scioli, (Guillermo) Francos, el propio Julio Garro, los Menem, todos dirigentes de hace años, y nosotros vemos que teníanmos (me refiero exclusivamente a la provincia de Buenos Aires, pero podríamos hacerlo por toda la Argentina) a Facundo Manes, un científico prestigioso afuera, que sacó 1.500.000 votos en una elección, que de casta no tiene nada, la verdad es que nosotros tenemos una posibilidad, y desde ahí una construcción real.

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–¿Te parece que en algún momento de la coalición de JxC el PRO succionó la identidad de la UCR?

Me parece que el radicalismo estuvo cómodo, sin dar las peleas. Cuando uno mira el crecimiento del PRO en la ciudad de Buenos Aires, donde se hizo fuerte, obviamente había sectores vinculados a la centroderecha, en todos los barrios de Recoleta, Barrio Norte, que lo iban a acompañar, pero se empezó a fortalecer a partir de grandes elecciones en Parque Chacabuco, Caballito, Flores, que eran los lugares más fuertes del radicalismo. Lo reemplazó. Y recién ahora, a partir de las elecciones de Martín Lousteau, empieza a tener incidencia nuevamente en la ciudad de Buenos Aires. Y cuando baja a la provincia de Buenos Aires lo empieza a reemplazar en distritos donde, de hecho, el radicalismo hace ocho años que no tiene candidato a intendente. Por ejemplo, en La Plata, una ciudad históricamente radical; en Mar del Plata, que gobernó el radicalismo durante años; en Bahía Blanca.

Entonces sí, me parece que el PRO tuvo una estrategia, y el radicalismo fue cómodo de no competir, porque no tenía candidatos nacionales, provinciales, y estuvo cómodo. Entonces, no sé si fue una estrategia de succionarlo la del PRO; sí me parece que el radicalismo se quedó en esa comodidad de acompañante. Me parece que es lo que se tiene que terminar. La sociedad necesita un espacio político liderado por el radicalismo que sea una alternativa a esos dos extremos.

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