Desigualdad en Argentina: el 10% más rico gana 13 veces más que los sectores pobres
Mariana Portilla
El cuarto trimestre de 2025 dejó un panorama complejo sobre la distribución del ingreso en Argentina. Según el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec), la diferencia entre el 10% más rico y el 10% más pobre se mantuvo en 13 veces, sin cambios significativos respecto al año anterior.
Pese a la caída de la pobreza, la concentración de ingresos en los sectores más altos sigue siendo una constante, mientras que los salarios de los trabajadores de menor rango apenas superan el salario mínimo vital y móvil.
El coeficiente de Gini, indicador internacional de desigualdad, se ubicó en 0,427, apenas por debajo del 0,430 registrado en el mismo período de 2024. Este valor muestra que, aunque algunos indicadores reflejan estabilidad, la estructura distributiva del país continúa concentrando ingresos en los sectores más altos.
El Gini se interpreta en una escala de 0 a 1: un valor de 0 indica igualdad total de ingresos y 1 significa que todos los ingresos están concentrados en una sola persona. En Argentina, el estancamiento en torno a 0,427 evidencia que los avances en pobreza no logran modificar la matriz de desigualdad.
Ingresos promedio y mediana: la mitad de los trabajadores gana menos de $800.000
El ingreso promedio de la población ocupada se ubicó en $1.068.540, mientras que la mediana alcanzó los $800.000, lo que indica que la mitad de los trabajadores percibe menos que este valor.
Los primeros cuatro deciles de la población ocupada —los trabajadores de menores ingresos— registran un promedio de $392.439, muy por debajo de los $2,5 millones que perciben los sectores más altos. En contraste, el ingreso promedio de los deciles 5 a 8 fue de $1.016.016, mientras que los deciles 9 y 10 alcanzaron $2.526.316.
La diferencia entre trabajadores formales e informales sigue siendo notable. Aquellos con descuento jubilatorio (empleo formal) perciben un promedio de $1.321.353, mientras que los trabajadores informales apenas alcanzan los $651.484, es decir, la mitad del salario formal.
El informe del Indec también indica que los ingresos laborales representan 79,2% del total en los hogares, mientras que los ingresos no laborales conforman el 20,8% restante. En los estratos más bajos, los ingresos no laborales tienen un peso mayor: 67,7% en el primer decil, frente al 12,3% en el décimo decil. Esto evidencia la dependencia de los hogares más pobres de subsidios y otras fuentes fuera del trabajo formal.
La desigualdad también se manifiesta por género. Los hombres perciben un ingreso promedio de $1.191.364, mientras que las mujeres registran $838.336, casi un 30% menos. Esta diferencia refleja la sobrerrepresentación femenina en los segmentos de menores ingresos y la persistente brecha salarial en el mercado laboral argentino.
Dependencia económica
La relación entre personas no ocupadas y ocupadas muestra también disparidades según el nivel de ingresos. A nivel nacional, por cada 100 ocupados hay 122 personas no ocupadas y 61 no perceptoras de ingresos. Sin embargo, en los hogares de menores recursos estos valores se disparan: 284 no ocupadas cada 100 ocupadas y 154 no perceptoras. En los hogares del décimo decil, la relación baja a 42 y 22, respectivamente.
La distribución del ingreso por deciles refleja con claridad la magnitud de la desigualdad. En la base de la pirámide, el primer decil concentra a los hogares con menores recursos, con ingresos que van desde apenas $3.000 hasta $566.000 y un promedio de $374.278. En los deciles siguientes —del segundo al cuarto— el promedio se ubica en torno a los $351.028, lo que evidencia que una porción significativa de la población se mantiene en niveles bajos de ingresos.
A partir del quinto decil comienza a observarse una mejora más marcada: entre el quinto y el octavo decil los ingresos promedian entre $940.586 y $1.016.016. Sin embargo, el salto más significativo se da en la parte alta de la escala: el noveno decil registra ingresos que van de $2.670.000 a $3.644.000, con un promedio de $3.095.222, mientras que el décimo decil —el segmento más rico— parte de los $3.644.000 y alcanza hasta $25.900.000 mensuales, con un promedio de $5.621.438.
Este último grupo reúne a 1.004.001 hogares, equivalentes al 10% del total, y a 3.460.545 personas (11,6% de la población), con una composición interna heterogénea que va desde familias que apenas superan el umbral de ingresos altos hasta otras cuyos recursos resultan hasta cien veces superiores.

Si bien los ingresos totales crecieron 44,9% interanual en términos nominales, este aumento no se tradujo en mejoras distributivas ni en recomposición del poder adquisitivo. La presión inflacionaria, la caída en el consumo y la pérdida de valor de los salarios mantienen intacta la brecha entre ricos y pobres.
El informe concluye que, pese a una leve mejora estadística en el coeficiente de Gini, la desigualdad estructural se mantiene, con un 10% de la población concentrando gran parte de los ingresos y el resto enfrentando dificultades para cubrir los gastos básicos.

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