Un informe advierte que casi la mitad de los hogares argentinos tiene déficit habitacional
Juan Manuel Villarreal
Un informe del Centro para la Integración Socio Urbana (CISUR) advirtió que casi la mitad de los hogares argentinos presenta algún tipo de déficit habitacional. Según el relevamiento, el 48,1% de las viviendas del país registra al menos una carencia vinculada con las condiciones de habitabilidad, el acceso a servicios básicos o la calidad de la infraestructura.
El dato muestra que la problemática excede la falta de viviendas nuevas. El déficit habitacional también aparece asociado al deterioro de materiales, el hacinamiento, la cohabitación y las dificultades para acceder a agua segura y saneamiento.
De acuerdo con el informe, el 14,2% de los hogares presenta más de una carencia habitacional. En términos generales, el déficit de tipo cualitativo aparece como el más extendido: cuatro de cada diez hogares tienen problemas relacionados con la calidad de la vivienda, servicios básicos, hacinamiento o cohabitación.
La calidad deficitaria de los materiales es una de las problemáticas más frecuentes. El informe señala que alcanza a uno de cada tres hogares a nivel nacional, lo que marca un deterioro relevante en pisos, paredes o techos.
El impacto en los barrios populares
La situación se agrava de manera significativa en los barrios populares. Según el CISUR, el déficit habitacional alcanza allí al 96,9% de los hogares, una proporción muy superior al promedio nacional.
El informe también indicó que el 47,96% de los hogares de barrios populares sufre más de una problemática vinculada al acceso y a las condiciones de vida. En esos territorios, el déficit cuantitativo —que incluye hogares con materialidad irreparable— llega al 18,3%, casi cuatro veces por encima de la media nacional.
El déficit cualitativo, en tanto, alcanza al 78,6% de los hogares en barrios populares. Esa cifra representa casi ocho de cada diez viviendas y duplica el valor registrado para el conjunto del país.

Las carencias más graves se observan en el acceso a servicios esenciales. Más de ocho de cada diez hogares de barrios populares acceden al agua de forma inadecuada y siete de cada diez utilizan mecanismos deficientes para la eliminación de excretas.
El estudio remarca que el problema habitacional en estos barrios se caracteriza por la superposición de carencias: viviendas con materiales deficitarios, falta de servicios básicos, hacinamiento y situaciones de cohabitación.
Menos inversión y cierre de programas
El diagnóstico se conoce en un contexto de fuerte retracción de las políticas públicas destinadas a vivienda, urbanización e integración socio-urbana. Durante la gestión nacional actual se paralizaron obras de infraestructura, se redujo la ejecución de programas habitacionales y se avanzó en el desmantelamiento de herramientas vinculadas a barrios populares.
Uno de los cambios más relevantes fue el cierre del Fondo de Integración Socio Urbana (FISU), que funcionaba como principal instrumento de financiamiento para obras de urbanización en barrios populares. El Gobierno dispuso su disolución y mantuvo únicamente los compromisos previamente asumidos.

La reducción de la inversión pública también impactó sobre el escenario habitacional. De acuerdo con datos de la Oficina de Presupuesto del Congreso citados en el informe, la inversión pública ejecutada durante 2025 cayó 27% en términos reales frente al año anterior.
Las transferencias de capital, una de las principales vías de financiamiento de obras e infraestructura, tuvieron una baja aún mayor: se redujeron 48,6% en términos reales.
Una problemática que requiere políticas integrales
El informe del CISUR plantea que las herramientas tradicionales de medición tienden a subestimar la magnitud del déficit habitacional, especialmente en barrios populares. Según el documento, existen limitaciones de cobertura territorial, representatividad y adecuación conceptual para captar realidades atravesadas por la informalidad urbana.
En ese marco, los especialistas sostienen que la crisis habitacional no puede abordarse con intervenciones aisladas. El diagnóstico apunta a la necesidad de políticas sostenidas de mejoramiento habitacional, ampliación de servicios básicos e infraestructura urbana.
El acceso al agua segura y al saneamiento aparece como uno de los puntos más urgentes. Para los hogares afectados, la falta de servicios adecuados no solo deteriora la calidad de vida, sino que también profundiza desigualdades territoriales y sanitarias.
La combinación entre déficit habitacional elevado, barrios populares con carencias extendidas y menor inversión pública configura un escenario crítico. El informe advierte que la problemática sigue expandiéndose mientras se retraen los programas destinados a vivienda e integración urbana.

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