¿Qué cambia para el acero argentino con la decisión de la Corte de EEUU?
El reciente pronunciamiento de la Corte Suprema de Estados Unidos reconfiguró el tablero del comercio internacional y abrió interrogantes para los países que habían logrado ventajas arancelarias puntuales. En el caso argentino, la decisión judicial impacta sobre uno de los sectores más sensibles del vínculo bilateral: el acero, que había quedado beneficiado por un esquema diferencial frente a otros competidores regionales.
El fallo, que limitó la capacidad del Ejecutivo estadounidense para imponer aranceles generales sin aval del Congreso, obliga ahora a revisar los términos bajo los cuales se administraba ese beneficio. Aunque no implica una marcha atrás automática, sí introduce un escenario de mayor incertidumbre para las exportaciones industriales argentinas hacia el mercado norteamericano.
La sentencia determinó que la potestad para fijar aranceles recae en el Congreso estadounidense y no en el Poder Ejecutivo. En ese sentido, los jueces concluyeron que la International Emergency Economic Powers Act (IEEPA) no habilita al presidente a imponer tributos de alcance general sin control parlamentario.
Este límite legal recorta una de las principales herramientas que utilizó Trump para condicionar a socios comerciales y aplicar presión con objetivos económicos y geopolíticos. El fallo deberá ahora ser ejecutado por un tribunal inferior, un proceso que podría derivar en reembolsos a importadores por los pagos realizados bajo la vigencia de esos aranceles.
El costo fiscal estimado por analistas estadounidenses asciende a USD 133.000 millones, una cifra que suma presión sobre el Tesoro y acelera el debate interno sobre la política comercial.
Un golpe al diferencial que favorecía a la Argentina
Hasta ahora, la Argentina gozaba de una posición comparativamente favorable. Según explicó a Infobae Marcelo Elizondo, presidente del Comité Argentino de la International Chamber of Commerce, el acuerdo permitía “arancel cero para unas 1.600 posiciones arancelarias y un tope del 10% para el resto”, lo que otorgaba una ventaja clara frente a competidores regionales.
Brasil, por ejemplo, enfrentaba un arancel generalizado del 50%, una brecha que colocaba a la Argentina en una situación competitiva en sectores sensibles. Con el fallo, ese diferencial comienza a diluirse y obliga a recalcular estrategias.
Desde el sector privado admiten que “parte del diferencial con Brasil se te diluye”, aunque remarcan que las cadenas de valor ya venían mostrando señales de reconfiguración.
Desde la óptica industrial, los efectos se sienten con mayor fuerza en rubros como el acero y el aluminio. El acuerdo comercial establecía excepciones clave que ahora quedan bajo revisión, en un contexto donde Estados Unidos evalúa alternativas regulatorias para proteger su mercado interno.
Elizondo sostuvo que la Corte “le desconoció a Trump el derecho a ejercer su política arancelaria” y recordó que el uso de los aranceles fue una herramienta recurrente para presionar a socios estratégicos, como ocurrió con México en temas migratorios y geopolíticos.
La carne, el punto que sigue a salvo
Uno de los aspectos centrales para la Argentina permanece, por ahora, fuera de riesgo. La ampliación de la cuota de exportación de carne bovina fue negociada por fuera del esquema general de reciprocidad y no está alcanzada por el fallo judicial.
Así lo confirmó Gustavo Perego, director de Abeceb, quien aseguró que “la cuota de carne no se va a tocar” y que su continuidad “no está en duda”. La cuota, cercana a las 80.000 toneladas métricas, mantiene un canal de acceso preferencial al mercado estadounidense y se consolida como el principal activo del acuerdo bilateral en este nuevo contexto.
Más allá de los aranceles, el acuerdo incluía mecanismos de facilitación comercial y un capítulo de inversiones que, según Perego, mantiene su vigencia. “La mayor seguridad jurídica para las inversiones de ambos lados era lo que más se buscaba”, explicó.
Desde la Cámara de Exportadores de la República Argentina (CERA) advirtieron que el fallo “invalida la única concesión concreta en materia de acceso a mercados” y deja sin sustento legal el esquema arancelario negociado, aunque aclararon que la cuota de carne no forma parte de ese texto.
El impacto del fallo trasciende la relación bilateral. La decisión de la Corte marca un límite institucional al uso de los aranceles como herramienta de política exterior y abre un debate sobre el alcance de las facultades presidenciales en materia comercial.
Mientras tanto, los actores económicos argentinos siguen de cerca los próximos movimientos de Washington. La expectativa está puesta en si la administración estadounidense optará por restablecer esquemas previos o buscará nuevas vías legislativas para reinstalar barreras.