“Fue un éxito” vs “experiencia extraña”: la Boleta Única divide y recalienta la política bonaerense
La discusión por la implementación de la Boleta Única de Papel (BUP) volvió a instalarse con fuerza en la agenda política bonaerense y nacional. Tras la experiencia en las elecciones legislativas de 2025, el Gobierno nacional busca acelerar el debate en el Congreso, mientras que en la provincia de Buenos Aires la oposición redobla la presión para avanzar hacia un cambio estructural del sistema electoral de cara a 2027.
El tema, lejos de ser meramente técnico, expone tensiones políticas de fondo: la disputa por las reglas de juego, el control territorial y el impacto real sobre la competencia electoral en el distrito más grande del país.
El Gobierno nacional pisa el acelerador y reabre el debate
Durante un seminario organizado por la Cámara Nacional Electoral y el Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales, el ministro del Interior, Diego Santilli, dejó en claro la intención del gobierno de Javier Milei de avanzar rápidamente con la reforma electoral. “Este debate va a estar en el Congreso en los próximos meses… lo debemos hacer lo más rápido posible para llegar al proceso electoral de 2027 con tiempo”, afirmó.
La estrategia oficial apunta a instalar el tema entre abril y junio, en paralelo a la discusión sobre las PASO. La apuesta es capitalizar la experiencia de 2025, que desde sectores del oficialismo y la oposición fue considerada como positiva en términos operativos.
Sin embargo, incluso dentro del arco político hay miradas divergentes sobre el alcance de esa “experiencia exitosa”. El senador radical Maximiliano Abad sostuvo que la implementación “fue un éxito” y remarcó que el sistema resultó “sencillo y ágil” para los votantes, además de haber eliminado el histórico problema del robo de boletas. Pero al mismo tiempo puso límites: defendió la continuidad de las PASO y advirtió que “modernizar no es desmantelar”.
La oposición empuja en Provincia y el oficialismo enfría
En la Legislatura bonaerense, la Boleta Única se convirtió en una bandera compartida por casi toda la oposición. Desde el PRO, la UCR, La Libertad Avanza y otros bloques coinciden en avanzar hacia su implementación para cargos provinciales y municipales.
El senador provincial Pablo Petrecca fue tajante: “La BUP es una herramienta revolucionaria que incomoda a los viejos actores de la política”. En la misma línea, Alejandro Rabinovich calificó al sistema actual como “vetusto” y pidió dar la discusión como prioridad.
Desde el radicalismo, Alejandra Lordén insistió en que el cambio permitiría “reducir costos, evitar problemas logísticos y fortalecer la equidad”, mientras que Diego Garciarena lo definió como un sistema “rápido, económico y transparente”.
También La Libertad Avanza se alineó con esa postura. El senador Carlos Curestis aseguró que la reforma del sistema político es uno de sus ejes centrales y sostuvo que la BUP “iguala las oportunidades de todos los partidos”.
En ese marco, la senadora radical Nerina Neumann volvió a presentar un proyecto para implementar la Boleta Única en la provincia. La iniciativa propone modificar de manera integral la ley electoral bonaerense y aplicar el sistema tanto en elecciones generales como en las PASO.
“El nuevo escenario nacional obliga a la provincia a tomar definiciones”, planteó Neumann, y le pidió al gobernador Axel Kicillof que habilite el debate con mayor previsibilidad.
El proyecto incluye cambios estructurales: desde el diseño y la impresión centralizada por parte de la Junta Electoral hasta la transformación del cuarto oscuro en cabinas de votación y la reorganización logística del proceso electoral.
Sin embargo, el oficialismo provincial mantiene una postura cautelosa. Desde el entorno de Kicillof consideran “prematuro” avanzar en una reforma de este tipo y sostienen que el sistema actual funciona sin problemas estructurales. La mayoría en el Senado bonaerense se mantiene, por ahora, como un freno clave.
Críticas, dudas y el trasfondo político de la reforma
No todas las voces coinciden con el entusiasmo opositor. Desde Unión por la Patria, el diputado nacional Sebastián Galmarini planteó reparos concretos sobre la implementación de la BUP.
Calificó la experiencia como “extraña” y advirtió sobre dificultades en la comunicación electoral: “Era muy difícil contarle a los vecinos quiénes eran los integrantes de una lista”, señaló, en referencia a que la boleta solo mostraba parcialmente a los candidatos.
También cuestionó el supuesto de mayor transparencia. “No pudimos evitar conflictos como el de Espert… le transferimos a la Justicia resolver la reimpresión de boletas”, afirmó, poniendo en duda que el nuevo sistema elimine tensiones políticas.
Además, introdujo un dato que incomoda a quienes impulsan la reforma: el aumento del ausentismo electoral. “Hubo una tasa de ausentismo que la Argentina no conocía desde el regreso de la democracia”, remarcó.
En el panel del seminario organizado por la CNA y el CARI, Galmarini también apuntó contra la intención de incorporar un “botón de boleta completa”, al sugerir que podría responder a una estrategia política vinculada al arrastre electoral entre categorías.
Desde la izquierda, Christian Castillo también rechazó el sistema: “No se ve el total de los candidatos, es una forma de que entren candidatos que nadie se entera que están”.
Detrás de los argumentos técnicos, la discusión revela un conflicto más profundo: cómo se redistribuye el poder en un sistema electoral donde la estructura territorial, la fiscalización y el arrastre de listas han sido históricamente determinantes, especialmente en el conurbano bonaerense.
La Boleta Única aparece así como mucho más que un cambio de formato: es una disputa abierta por las reglas del juego de cara a 2027.