La semana ATR de Kicillof
Axel Kicillof atravesó una de las semanas más cargadas desde el inicio del año, con una agenda que mezcló gestión territorial, confrontación directa con el gobierno nacional y señales políticas hacia adentro del peronismo. Lejos de limitarse a la administración cotidiana, el gobernador convirtió cada actividad en una pieza de un esquema más amplio: consolidar liderazgo, ampliar base de apoyo y marcar diferencias en un escenario nacional cada vez más tensionado.
El recorrido incluyó entregas de viviendas, inauguraciones clave, anuncios en educación y seguridad, y actos con fuerte contenido político. Pero también dejó definiciones que excedieron lo institucional y se proyectaron hacia el debate nacional.
El despliegue territorial fue uno de los pilares de la semana. En Adolfo Gonzales Chaves, Kicillof encabezó la entrega de viviendas, equipamiento escolar y una nueva ambulancia de alta complejidad, dentro de una política que busca sostener la obra pública en un contexto de recorte nacional.
La agenda continuó en Olavarría, donde inauguró un nuevo polo judicial de más de 10.000 metros cuadrados, además de firmar convenios en materia de seguridad y educación. Allí se sumaron efectivos policiales, se avanzó en sistemas de control vehicular y se incorporaron herramientas para fortalecer la gestión local.
El viernes, el recorrido por la cuarta sección electoral cerró con nuevas entregas: un centro universitario en Carlos Tejedor, material educativo en Alberti y viviendas en Lincoln. Cada actividad reforzó una narrativa que el oficialismo provincial busca instalar: la Provincia como un Estado presente frente al repliegue de la Nación.
Según el ministro de Gobierno, Carlos Bianco, “estas actividades reflejan el compromiso del gobernador con la educación, la seguridad y la infraestructura”, una definición que sintetiza el enfoque de gestión que Kicillof intentó mostrar durante toda la semana.
Uno de los momentos más relevantes se dio en Olavarría, donde el gobernador elevó el tono del conflicto con la Nación al pedirle al Poder Judicial bonaerense que acompañe el reclamo ante la Corte Suprema por los recursos adeudados.
“El torniquete aprieta cada vez más, no a los dirigentes sino a los trabajadores”, lanzó Kicillof, en una frase que buscó ponerle dimensión social a una disputa fiscal que ya escala a cifras multimillonarias.
La Provincia acumula presentaciones judiciales por distintos conceptos —desde fondos educativos hasta recursos previsionales— en un intento por recuperar ingresos que considera clave para sostener su funcionamiento. Sin embargo, la respuesta desde la Suprema Corte bonaerense fue cauta. El juez Daniel Soria marcó límites institucionales al señalar que el tribunal no tiene competencia en conflictos de naturaleza federal.
Detrás de ese cruce subyace una discusión estructural: la histórica disputa por la coparticipación y el financiamiento del distrito más poblado del país, un tema que Kicillof volvió a instalar con fuerza en la agenda pública.
El salto político: crítica frontal a Milei
El punto más alto en términos políticos se dio el jueves en la Facultad de Ciencias Exactas de la UBA, durante el lanzamiento del espacio “Universidad y Ciencia” del Movimiento Derecho al Futuro.
Allí, Kicillof endureció su discurso contra el gobierno nacional. “A la experiencia de Milei le quedan menos de dos años”, afirmó, en una frase que resonó como una definición política de alto voltaje. El diagnóstico fue aún más contundente: habló de “un momento muy oscuro” y de un “plan de destrucción masiva” orientado contra la universidad pública y el sistema científico.
“Estamos viviendo un ataque sin precedentes”, insistió, al cuestionar tanto el ajuste presupuestario como su componente ideológico. En esa línea, rechazó lo que definió como un “falso dilema” entre campo e industria y defendió un modelo basado en el conocimiento y el valor agregado.
El acto también funcionó como plataforma interna. “Tenemos que perder el menor tiempo posible en internas”, advirtió, en un mensaje dirigido al propio peronismo. Y agregó una autocrítica: “No nos puede volver a pasar que ganemos elecciones y después tengamos dificultades para gobernar”.
Señales hacia adentro y construcción de poder
La semana también dejó gestos hacia la interna del oficialismo y hacia sectores externos. El encuentro con dirigentes como Emilio Monzó y Nicolás Massot mostró otra dimensión del armado: la apertura hacia sectores no peronistas con los que comparte preocupaciones sobre la economía y el impacto del ajuste nacional.
Ese movimiento se inscribe en una lógica más amplia que incluye contactos con figuras como Miguel Ángel Pichetto y conversaciones con distintos espacios políticos. La intención es construir una alternativa con base en la producción, el empleo y la contención social.
La relación entre Kicillof, Monzó y Massot no es nueva: comparten intercambios periódicos desde hace años, atravesados por el vínculo que supieron construir durante el macrismo en la Cámara de Diputados. Sin embargo, el contexto actual le imprime otra densidad política. “A diferencia del pasado, ahora se ven las cosas un poco más parecidas”, deslizaron desde el entorno de los dirigentes.
Entre la gestión y la campaña permanente
El denominador común de la semana fue la superposición de planos. Cada actividad de gestión estuvo atravesada por un mensaje político y cada discurso político se apoyó en hechos concretos de gobierno.
Kicillof evitó explicitar definiciones electorales, pero el clima en sus apariciones —con cánticos y señales de respaldo— mostró que su figura empieza a ordenarse como referencia dentro y fuera del peronismo.
En un contexto de crisis económica y reconfiguración política, el gobernador eligió no replegarse. Por el contrario, aceleró en todos los frentes: gestión, disputa con la Nación, construcción interna y búsqueda de nuevos aliados. Una combinación que dejó en claro que, más allá de la coyuntura, su estrategia ya está en marcha.