La hoja de ruta de la Provincia para blindar el Plan del río Salado: obra, consenso y presión sobre Nación
La foto que el gobierno bonaerense construyó días atrás en Alberti fue mucho más que una presentación técnica sobre el avance de una licitación. En una misma mesa se sentaron representantes del campo, intendentes, legisladores, especialistas hídricos y funcionarios provinciales para respaldar la continuidad del Plan Maestro Integral de la cuenca del río Salado, una obra que atraviesa gobiernos desde hace casi tres décadas y que hoy se encuentra en una situación paradójica: mientras la Provincia avanza hacia el tramo final, una parte clave del proyecto permanece frenada por decisión del Gobierno nacional.
La convocatoria organizada por el Ministerio de Infraestructura y Servicios Públicos permitió exhibir un consenso poco habitual en torno a una política pública de largo plazo. También dejó expuesta la estrategia que impulsa la administración de Axel Kicillof: asegurar respaldo político y territorial para completar una intervención considerada central para la producción agropecuaria bonaerense y para la prevención de inundaciones.
Una obra que trasciende gobiernos
El Plan Maestro Integral de la cuenca del río Salado comenzó a diseñarse en 1997 con financiamiento internacional y una premisa simple: resolver uno de los principales problemas estructurales de la provincia.
La cuenca alcanza 170.000 kilómetros cuadrados, representa más de la mitad del territorio bonaerense y comprende unas 17 millones de hectáreas productivas distribuidas en 59 municipios. Allí viven más de 1,5 millones de personas y se genera una porción sustancial de la producción nacional de granos y carne.
A lo largo de los años, el proyecto fue dividido en cinco grandes tramos que suman 531 kilómetros. Los primeros tres fueron concluidos entre 2007 y 2017. El cuarto avanzó parcialmente durante la gestión nacional anterior. El quinto, que ahora impulsa la Provincia, representa la etapa definitiva para completar el esquema hidráulico proyectado hace casi treinta años.
La reunión realizada en Alberti mostró otro dato relevante: la decisión provincial de involucrar activamente a los sectores que serán beneficiarios directos de la obra.
Participaron entidades como CARBAP, la Federación Agraria Argentina, la Sociedad Rural Argentina, Agricultores Federados Argentinos, la Asociación de Cooperativas Argentinas y la Federación de Acopiadores de Granos. También estuvieron presentes representantes de cámaras empresarias de Alberti, Bragado y Chacabuco, además de funcionarios, legisladores y autoridades locales.
La presencia de actores históricamente heterogéneos reflejó un objetivo político concreto: construir legitimidad alrededor de una inversión que demandará USD 138 millones y que la Provincia considera estratégica para el desarrollo productivo del interior.
La gestión bonaerense viene replicando este formato en distintos puntos del territorio. Antes de Alberti hubo encuentros similares vinculados a las obras de la Rambla de Mar del Plata y a la adecuación del río Areco. El mensaje es el mismo: mostrar avances, abrir instancias de participación y fortalecer consensos alrededor de grandes proyectos de infraestructura.
El tramo final que Buenos Aires decidió ejecutar
En paralelo a esa construcción política, la Provincia avanza con el Tramo V del Plan Maestro. Las etapas 1 y 2, actualmente en proceso licitatorio, abarcan 60,26 kilómetros entre el Canal del Este de la laguna de Bragado y la laguna Rocha. El recorrido atraviesa Alberti, Bragado y Chacabuco.
La obra será financiada mediante un esquema mixto: USD 110 millones provenientes de un crédito del Banco Europeo de Inversiones y el resto aportado por el Tesoro bonaerense.
Los trabajos permitirán ampliar significativamente la capacidad de conducción del río mediante tareas de ensanche y profundización del cauce. También contemplan la reconstrucción de siete puentes, cinco viales y dos ferroviarios.
Según las previsiones oficiales, la adjudicación podría concretarse entre septiembre y noviembre de este año.
El conflicto que sigue abierto con Nación
La estrategia provincial para blindar el Plan Maestro tiene otra explicación: la incertidumbre sobre la continuidad de las obras que permanecen bajo responsabilidad nacional.
El caso más evidente es la etapa 2 del Tramo IV, integrada por tres subtramos que suman 33,4 kilómetros entre Lobos, Monte y Navarro. Los trabajos comenzaron en mayo de 2023, pero desde la llegada de Javier Milei a la Casa Rosada quedaron prácticamente detenidos.
Desde el Ministerio de Infraestructura bonaerense sostienen que la paralización resulta especialmente cuestionable porque existe una fuente específica de financiamiento para ese tipo de intervenciones: el Fideicomiso de Infraestructura Hídrica, nutrido con un porcentaje de la recaudación del Impuesto a los Combustibles.
La Provincia afirma que los recursos percibidos por la Nación desde diciembre de 2023 habrían permitido concluir los trabajos pendientes. La administración nacional, sin embargo, mantuvo la política de reducción de la obra pública aplicada desde el inicio de la gestión libertaria.
Lo que está en juego más allá de la obra
Detrás de los números y de la discusión política aparece una cuestión estructural para el interior bonaerense. El Tramo V completo permitirá recuperar aproximadamente 400.000 hectáreas productivas que hoy sufren anegamientos periódicos por la insuficiente capacidad de escurrimiento del río.
A su vez, la finalización integral del Plan Maestro mejoraría la protección de caminos rurales, infraestructura ferroviaria y áreas urbanas vulnerables a eventos climáticos extremos.
Por eso la discusión excede largamente la ejecución de una obra puntual. Para la Provincia, completar el Plan del Salado significa cerrar un proyecto iniciado hace casi treinta años. Para el sector productivo, representa una herramienta para reducir pérdidas económicas recurrentes. Y para el gobierno bonaerense, también se transformó en una forma de mostrar capacidad de gestión en un escenario marcado por la retracción de la inversión nacional.
Con ese telón de fondo, la reunión de Alberti funcionó como una señal política: la Provincia busca llegar al tramo final del Plan Maestro acompañada por intendentes, legisladores y entidades rurales, mientras mantiene la presión para que Nación reactive el eslabón que todavía quedó pendiente.