Economía Por: Juan Manuel Villarreal19 de junio de 2026

Un estudio pone en duda la baja de pobreza que celebra Milei

Investigadores del Centro de Estudios Distributivos, Laborales y Sociales (CEDLAS) analizaron la medición oficial y advirtieron que la mejora podría estar sobreestimada por factores metodológicos. El informe reabre el debate sobre cómo se mide la pobreza en contextos de alta inflación.

Un estudio de la Universidad Nacional de La Plata puso en discusión la magnitud de la baja de la pobreza que el Gobierno nacional muestra como uno de sus principales resultados económicos. El trabajo advierte que la reducción registrada por las estadísticas oficiales podría estar sobreestimada por factores metodológicos vinculados a la medición de ingresos en contextos de inflación cambiante.

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La investigación fue elaborada por Iván Albina, Leonardo Gasparini y Leopoldo Tornarolli, del Centro de Estudios Distributivos, Laborales y Sociales (CEDLAS), dependiente de la Facultad de Ciencias Económicas de la UNLP. El informe analiza la evolución de la pobreza entre fines de 2023 y mediados de 2025, período en el que los datos oficiales mostraron una caída superior a los 10 puntos porcentuales.

Sin embargo, al introducir correcciones sobre distintos aspectos de la medición, los investigadores estimaron que la reducción podría haber sido mucho menor: apenas 1,7 puntos porcentuales. La diferencia abre un interrogante sobre cuánto de la mejora reflejada por los indicadores responde a cambios reales en las condiciones de vida y cuánto puede explicarse por la forma en que se mide la pobreza.

El trabajo no plantea una impugnación directa de los datos publicados por el INDEC, sino una revisión de los efectos que pueden generar ciertas decisiones metodológicas en escenarios de inflación alta y luego en desaceleración. En ese contexto, pequeñas diferencias técnicas pueden alterar de manera significativa la lectura final de los indicadores sociales.

Los tres factores bajo análisis

El informe señala tres elementos centrales que podrían incidir en la evolución reciente de la pobreza. El primero es el desfasaje temporal entre los ingresos que declaran los hogares en la Encuesta Permanente de Hogares y los precios utilizados para calcular la Canasta Básica Total.

Según el mecanismo actual, los ingresos informados suelen corresponder al mes anterior a la entrevista, mientras que las canastas se valorizan con precios del mes en curso. En contextos de inflación elevada, esa diferencia puede hacer que los ingresos aparezcan más atrasados frente a los precios y, por lo tanto, elevar artificialmente el nivel de pobreza medido.

Cuando la inflación se desacelera, ese sesgo puede reducirse y la baja de la pobreza puede aparecer más pronunciada. Por eso, los investigadores advierten que parte de la mejora observada en la serie podría estar asociada a ese cambio en el contexto inflacionario, y no necesariamente a una recuperación equivalente de los hogares.

El segundo punto es el subreporte de ingresos en las encuestas. El estudio sostiene que muchas personas no declaran la totalidad de sus ingresos, ya sea por desconfianza, por dificultades para estimarlos o por las características del mercado laboral. El problema, según el informe, es que ese subreporte no se mantiene estable en el tiempo.

Si la encuesta comienza a captar una porción mayor de ingresos que antes quedaban omitidos, el resultado puede mostrar una mejora estadística aun cuando los ingresos reales de los hogares no hayan crecido en la misma proporción. Esa variación en la captación de ingresos es una de las claves que el CEDLAS incorpora para reinterpretar la baja de la pobreza.

El tercer factor está vinculado a la canasta utilizada como referencia para definir la línea de pobreza. La estructura de consumo sobre la que se basa esa medición responde a patrones de hace casi dos décadas, mientras que el peso de servicios como tarifas, transporte y alquileres creció en los presupuestos familiares.

Una baja más chica que la oficial

Al combinar los tres ajustes —desfasaje temporal, subreporte de ingresos y actualización de patrones de consumo—, el resultado cambia de manera significativa. Frente a una baja oficial superior a los 10 puntos porcentuales, el estudio estima que la reducción de la pobreza habría sido de solo 1,7 puntos.

El dato golpea uno de los ejes del discurso económico del presidente Javier Milei, que viene presentando la caída de la pobreza como una señal de recuperación social tras el impacto inicial del ajuste. Para los investigadores, la evolución del indicador debe leerse con cautela porque puede estar afectada por la interacción entre inflación, ingresos declarados y metodología de medición.

El informe también marca una inconsistencia de fondo: la fuerte oscilación de la pobreza entre 2023 y 2025 resulta difícil de explicar únicamente por cambios reales en el empleo, los salarios o la inversión social. Esa observación refuerza la necesidad de mirar no solo el resultado final del indicador, sino también la forma en que se construye.

La discusión no es menor. La pobreza es uno de los datos más sensibles para evaluar la situación social y el impacto de las políticas públicas. Si la baja fue menor a la informada oficialmente, el diagnóstico sobre la recuperación económica y sobre la situación de los hogares argentinos cambia de manera considerable.

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En ese marco, el estudio de la UNLP reabre el debate sobre la medición de la pobreza en Argentina y sobre la necesidad de actualizar herramientas estadísticas para que reflejen con mayor precisión la realidad de los ingresos, los consumos y los gastos familiares.

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