El celular deja de mandar en el aula: la respuesta de las escuelas ante la distracción y el ciberbullying
La restricción de celulares dejó de ser una discusión exclusiva de la escuela primaria y empezó a avanzar por decisión propia en establecimientos secundarios de la provincia de Buenos Aires. Con el ciclo lectivo 2026 en marcha, colegios privados de nivel medio, técnico y agrario comenzaron a aplicar reglas que van desde guardar los dispositivos en lockers hasta prohibirlos durante toda la jornada.
El movimiento busca recuperar la atención, el diálogo cara a cara y la convivencia escolar, pero también contener problemas que exceden el aula: ciberbullying, apuestas online, ansiedad y exposición permanente.
Un relevamiento de la Asociación de Institutos de Enseñanza Privados de Argentina (AIEPA) identificó 154 establecimientos que adoptaron restricciones o prohibiciones. El sondeo abarcó más de 1.500 instituciones y registró experiencias bonaerenses y de otras jurisdicciones, entre ellas la Ciudad de Buenos Aires, Neuquén, Salta, Córdoba, Chaco, Entre Ríos, Jujuy y Mendoza.
La secundaria se adelanta a una regulación general
En territorio bonaerense, la ley que limita el uso de pantallas en las escuelas primarias comenzó a aplicarse al inicio del ciclo lectivo 2026, después de un período de adaptación dispuesto por la Dirección General de Cultura y Educación. La norma impide utilizar celulares durante la permanencia en el establecimiento, salvo que exista una indicación docente con fines pedagógicos.
La regulación surgió de iniciativas impulsadas por Emmanuel González Santalla y Lorena Mandagarán. Durante el debate, Santalla advirtió sobre la naturalización de entregar pantallas a edades tempranas, aun cuando crecen las alertas por ludopatía infantil. Mandagarán defendió el tratamiento legislativo por su impacto educativo y sanitario.
La directora general de Cultura y Educación, Flavia Terigi, aclaró que no se trata de una prohibición absoluta, sino de ordenar los usos. Señaló que los equipos pueden emplearse para registrar experiencias de laboratorio, producir podcasts u otras actividades autorizadas.
Esa interpretación fue cuestionada por el senador Marcelo Leguizamón, jefe del bloque Hechos + UCR Identidad, quien sostuvo que la funcionaria relativizaba una ley aprobada con amplio consenso.
Mientras el debate político continúa, numerosas secundarias avanzaron sin esperar una normativa uniforme. También permanece en discusión una iniciativa del diputado Martín Rozas, de Unión Renovación y Fe, para permitir los dispositivos en ese nivel únicamente dentro de proyectos pedagógicos o con autorización expresa.
Lockers, cajas y celulares dentro de la mochila
Las respuestas institucionales no siguen un único modelo. En el Colegio Arandu, de La Plata, los estudiantes de secundaria dejan los teléfonos en lockers hasta retirarse. En Haras del Sur, quienes cursan el ciclo básico no pueden llevarlos y los alumnos del ciclo superior deben mantenerlos apagados y guardados.
El Colegio Jacarandá, de Lanús, los admite únicamente cuando un docente los solicita como recurso educativo. El Instituto Avellaneda exige aviso previo al equipo directivo, supervisión del profesor y que el dispositivo vuelva a guardarse al terminar la actividad.
En La Matanza, el Instituto La Paz aplica el “método de la caja”: cada estudiante deposita su celular en un compartimento ubicado junto al escritorio docente y puede recuperarlo durante el recreo. El Instituto Modelo Nueva Argentina lo prohíbe durante toda la jornada, con excepciones respaldadas por un profesional de la salud.
El Instituto Parroquial San Justo habilita su uso en recreos y almuerzos dentro del bufé para pagar con billeteras virtuales. Para una actividad escolar, el pedido debe estar fundamentado ante la dirección. En el Instituto Privado América Latina, la primaria mantiene el veto durante todo el día y la secundaria abre una única ventana: el recreo.
Del problema pedagógico al hostigamiento digital
Martín Zurita, secretario ejecutivo de AIEPA, describió a los chicos que llegan “con el celular como una extensión de su mano” y con dificultades para sostener la atención o conversar frente a frente. “No hay una única solución, pero sí un consenso: el tema no puede ser ignorado”, afirmó. La entidad acompaña a los colegios con capacitaciones y actualización pedagógica.
El debate también alcanza la salud mental y la violencia entre pares. Pablo Mainer, fundador de la ONG Hablemos de Bullying, sostuvo que la escuela funciona como “caja de resonancia” de una sociedad atravesada por la naturalización del maltrato y el deterioro de la autoridad adulta. Según explicó, el celular amplifica conflictos nacidos fuera de la pantalla y vuelve permanente el hostigamiento.
Mainer afirmó que el 86% de los casos virtuales tiene un anclaje en el mundo real y rechazó que la respuesta sea únicamente punitiva. “De nada sirve hablar una hora un viernes sobre discriminación si el lunes tenés una clase con un liderazgo autoritario donde no circula la palabra. Los pibes tienen un montón de cosas para contarte, situaciones que los adultos no estamos percibiendo”.