Economía Por: Mariana Portilla28 de agosto de 2026

El changuito se achica en la Provincia: menos ventas, salarios débiles y familias endeudadas

El consumo masivo cayó 6,8% en el AMBA durante el segundo trimestre. Los hogares reducen cantidades, priorizan comercios de cercanía y enfrentan una mora récord del 13,1%.
El consumo masivo cayó 6,8% en el AMBA durante el segundo trimestre.

Las familias visitan los comercios con mayor frecuencia, pero se llevan menos productos. Reponen lo indispensable, eligen envases pequeños y dejan para más adelante las compras grandes. Esa transformación cotidiana esconde uno de los datos más preocupantes para la provincia de Buenos Aires: el consumo masivo volvió a caer y el AMBA registró el peor resultado del país.

Durante el segundo trimestre de 2026, las ventas de productos de consumo cotidiano retrocedieron 3,7% interanual a nivel nacional. En la Ciudad de Buenos Aires y el Conurbano, en cambio, la baja alcanzó el 6,8%, según el informe Consumer Insights elaborado por Worldpanel by Numerator.

La contracción acumulada durante el primer semestre fue del 2,5% en todo el país. El retroceso no aparece como un episodio aislado, sino como parte de una secuencia que incluye pérdida salarial, cierre de empleos registrados, aumento de la mora y menores ventas en supermercados bonaerenses.

Para el ministro de Economía provincial, Pablo López, el comportamiento responde al rumbo adoptado por el Gobierno de Javier Milei. “El modelo se sostiene sobre la base de una peor calidad de vida de las familias”, cuestionó al analizar la evolución de las compras y el endeudamiento.

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El AMBA cayó casi el doble que el promedio nacional

La diferencia territorial es uno de los principales datos del relevamiento. Mientras el interior del país mostró un comportamiento relativamente más estable, el consumo masivo en CABA y el Gran Buenos Aires descendió 6,8% interanual entre abril y junio.

La caída metropolitana fue casi dos veces superior al promedio nacional del 3,7%. El informe no publica una apertura exclusiva para los municipios del Conurbano, por lo que no es posible atribuir el porcentaje completo a la provincia de Buenos Aires.

Aun así, el resultado coincide con otros indicadores que muestran una mayor debilidad en los grandes centros urbanos bonaerenses. El Conurbano reúne una elevada proporción de trabajadores industriales, comerciales, de la construcción y de los servicios. Son sectores especialmente afectados por la pérdida de puestos registrados, el freno de la obra pública, la apertura importadora y el enfriamiento del mercado interno.

López vinculó directamente ambas variables. “La afectación de las áreas urbanas no es casual: los centros urbanos concentran la mayor parte de la industria, el comercio y la construcción, las actividades más golpeadas por este modelo económico”, sostuvo.

Más visitas, pero con el changuito vacío

El retroceso del volumen vendido no significa que las familias hayan dejado de concurrir a los comercios. La frecuencia de compra creció 1,1% durante el trimestre.

La aparente contradicción revela el nuevo comportamiento de los hogares: visitan más veces los puntos de venta, pero realizan operaciones de menor tamaño. En lugar de una compra semanal o mensual, reponen productos cuando se terminan y de acuerdo con el dinero disponible en ese momento.

La compra de abastecimiento pierde terreno frente a la urgencia cotidiana. El consumidor compara precios, cambia de marcas, busca promociones y elige presentaciones más chicas para reducir el desembolso de cada visita.

Ese movimiento favoreció a los autoservicios y comercios de cercanía, que registraron un crecimiento del 7,8% en volumen. En sentido contrario, los hipermercados y supermercados retrocedieron 12,7%, mientras los mayoristas cayeron 11,9%.

La cercanía no implica necesariamente una mejora general del comercio barrial. Parte del crecimiento responde a la fragmentación de las compras: menos stockeo, más reposiciones y montos más pequeños.

Incluso las promociones alcanzaron niveles récord sin lograr revertir la pérdida de volumen. El descuento puede definir dónde se compra, pero no alcanza para recomponer el presupuesto familiar.

Los supermercados bonaerenses venden menos

Los datos de Worldpanel corresponden al consumo masivo nacional y utilizan una metodología diferente de las estadísticas oficiales sobre supermercados. No deben sumarse ni leerse como si midieran exactamente el mismo universo.

Sin embargo, ambos relevamientos describen una dirección similar. En mayo, las ventas de los supermercados de la provincia de Buenos Aires disminuyeron 3,4% interanual en términos reales. Además, quedaron 8% por debajo de su promedio histórico, según el análisis difundido por el Ministerio de Economía bonaerense.

López estimó que la retracción acumulada representó cerca de $300.000 millones menos en compras durante los primeros cinco meses de 2026.

La caída alcanzó a bienes cotidianos. Los artículos de limpieza y perfumería retrocedieron 12,8%; las bebidas, 11,9%; verdulería y frutería, 5,7%; productos de almacén, 5,3%; y alimentos preparados, 5,2%.

Como informó GRUPOLAPROVINCIA.COM, la retracción de las ventas en supermercados y centros comerciales ya venía mostrando la fragilidad del mercado interno. La nueva medición confirma que el deterioro continuó durante el segundo trimestre.

El desempeño de los mayoristas aporta otra señal sobre los municipios metropolitanos. Según las cifras analizadas por López, las ventas en ese canal dentro del Conurbano cayeron 5,6% frente a 2025 y se ubicaron 19,2% por debajo de 2023.

El retroceso fue especialmente fuerte en productos electrónicos, con una baja del 26%; panadería, con 14%; limpieza y perfumería, con 12%; lácteos, con 5%; y bebidas, con 4%.

El canal mayorista suele asociarse con familias que buscan abaratar costos mediante compras de mayor volumen. Su caída puede indicar que los hogares ya no cuentan con el dinero suficiente para realizar un desembolso grande, aunque el precio unitario sea menor.

También refleja el deterioro de pequeños comercios y establecimientos gastronómicos que se abastecen allí. Cuando un almacén, un kiosco o un restaurante compra menos, la señal no queda limitada al consumo familiar: alcanza a la actividad comercial.

El límite del consumo financiado con deuda

Durante una parte de la crisis, las familias intentaron sostener sus compras mediante tarjetas de crédito, cuotas y préstamos. Ese mecanismo comenzó a encontrar un límite.

La mora en tarjetas alcanzó el 13,1%, un máximo histórico dentro de la serie mencionada por el Ministerio de Economía bonaerense.

“El consumo que no se sostiene con ingresos se financia con deuda, pero ese mecanismo también se agotó. Las familias consumen menos y no tienen con qué pagar”, advirtió López.

La secuencia es especialmente delicada: primero se reducen las compras prescindibles; luego se utilizan mecanismos de financiamiento para mantener productos básicos y, finalmente, llega el atraso cuando los ingresos no alcanzan para cancelar los vencimientos.

La deuda deja entonces de funcionar como un puente transitorio y se convierte en un gasto fijo adicional. Intereses, refinanciaciones y pagos mínimos ocupan una porción creciente del presupuesto y vuelven a reducir la capacidad de compra del mes siguiente.

El empleo registrado perdió 337.365 puestos desde noviembre de 2023 y la mora de las familias creció con fuerza, un escenario que el Gobierno bonaerense vincula con el debilitamiento del mercado interno.

Salarios que siguen perdiendo contra los precios

La caída del consumo ocurre incluso después de la desaceleración de la inflación. El dato demuestra que una suba de precios más moderada no garantiza por sí sola una recuperación de la demanda. Los salarios privados registrados retrocedieron frente a la inflación durante mayo y junio. En el primer semestre acumularon una pérdida de 4,8 puntos porcentuales respecto del avance de los precios.

La situación es más compleja entre trabajadores informales, desocupados, jubilados y personas que dependen de ingresos no actualizados mediante paritarias.

Además, las tarifas y otros gastos fijos ganaron espacio dentro del presupuesto familiar. En el AMBA, la canasta de servicios públicos para un hogar sin subsidios llegó en agosto a $289.622 mensuales, un 54% más que un año atrás. Aunque el monto descendió 2,1% frente a julio por el menor consumo estacional de electricidad y gas, todavía equivale al 15% de un salario registrado promedio estimado.

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