Industria en rojo: 97 mil empleos menos y 4.020 fábricas cerradas
La industria argentina llegó a su día en un escenario que combina menor actividad, pérdida de empleo, cierre de establecimientos fabriles y una creciente competencia de productos importados. El dato más gráfico aparece en las propias plantas: en junio, la utilización de la capacidad instalada fue del 59,1%, lo que significa que algo más de cuatro de cada diez unidades de capacidad productiva permanecieron sin utilizar.
El número mostró una leve mejora respecto del 58,9% de junio de 2025, pero quedó 9,5 puntos porcentuales por debajo del nivel registrado en junio de 2023, según el análisis elaborado por el Centro de Economía Política Argentina (CEPA). En paralelo, la producción manufacturera acumuló una caída del 2,2% durante el primer semestre de 2026 frente al mismo período del año anterior.
El cuadro explica el tono con el que la Unión Industrial Argentina (UIA) conmemora la jornada en una planta del Laboratorio Elea, en Malvinas Argentinas. El presidente de la entidad, Martín Rappallini, reclamó durante el acto que la discusión económica no quede concentrada exclusivamente en la inflación y pidió poner el foco también sobre la actividad productiva.
“La estabilización es fundamental para la Argentina. Pero la economía no puede medirse solamente por la evolución de la inflación. Tenemos que mirar la actividad”, sostuvo.
La fotografía de las fábricas muestra una economía industrial que todavía no consigue recuperar el terreno perdido. El indicador elaborado por el INDEC ubicó la utilización de la capacidad instalada en 59,1% en junio. El organismo aclaró que el índice mide qué proporción de la capacidad productiva disponible está siendo efectivamente utilizada y que el relevamiento comprende entre 600 y 700 empresas.
La comparación con 2023 resulta especialmente significativa. De acuerdo con CEPA, el nivel actual se encuentra 9,5 puntos porcentuales por debajo del registrado en junio de aquel año. Además, prácticamente todos los bloques industriales redujeron su utilización de capacidad respecto de ese período, con las excepciones de refinación de petróleo y, marginalmente, alimentos y bebidas.
Los mayores retrocesos aparecen en la metalmecánica, excluida la industria automotriz, con una caída del 30,9%, y en los productos minerales no metálicos, que registraron un descenso del 30,4% en la comparación con junio de 2023.
La actividad también exhibe un retroceso acumulado. Durante los primeros seis meses de 2026, el Índice de Producción Industrial manufacturero cayó 2,2% interanual. CEPA, a su vez, calculó que el nivel de actividad industrial se encuentra 8,1% por debajo del promedio del período comprendido entre enero de 2022 y noviembre de 2023, mientras que la producción manufacturera se ubica 10,2% por debajo.
Menos fábricas y casi 100 mil empleos perdidos
El deterioro de la actividad también se trasladó al mercado laboral. Según un informe de CEPA elaborado sobre datos de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo (SRT), entre noviembre de 2023 y mayo de 2026 se perdieron 97.312 puestos de trabajo registrados en unidades productivas industriales. La caída fue del 8%, al pasar de 1.215.092 trabajadores a 1.117.780.
En el mismo período dejaron de registrarse 4.020 industrias manufactureras con trabajadores registrados. El universo pasó de 49.622 a 45.602 establecimientos, también con una contracción cercana al 8%.
La industria manufacturera aparece así como el sector que más puestos registrados perdió en términos absolutos dentro de las unidades productivas durante el período analizado por CEPA. En el conjunto de la economía, la cantidad de trabajadores registrados en unidades productivas se redujo en 411.613 casos entre noviembre de 2023 y mayo de 2026.
La reducción empresarial tampoco se limita a las fábricas. En el total de la economía, el número de empleadores pasó de 512.357 a 481.724 durante esos 30 meses: son 30.633 empleadores menos, según CEPA. La industria manufacturera explicó 4.020 de esas bajas.
El fenómeno se produce además sobre un entramado que ya venía arrastrando dificultades. De acuerdo con el material sectorial analizado por CEPA, la Argentina alcanzó su máximo número de empresas empleadoras en 2013 y desde entonces perdió más de 55.000 firmas.
El avance de las importaciones agrega presión
Mientras la producción local permanece debilitada, las compras externas de bienes destinados directamente al consumo alcanzaron niveles elevados.
Durante el primer semestre de 2026 ingresaron bienes de consumo por US$ 5.362 millones, el mayor monto para una primera mitad de año de la serie comparable. En los últimos doce meses, las importaciones de estos productos llegaron a US$ 11.496 millones, según el análisis de CEPA.
El crecimiento se observa especialmente en productos que compiten con fabricantes argentinos. Frente al primer semestre de 2023, las importaciones de electrodomésticos, baterías y lámparas aumentaron 109,2%; las de prendas de vestir crecieron 86,3%, mientras que motos, bicicletas, yates y otros equipos de transporte registraron una suba del 67,6%.
También aumentaron las compras externas de alimentos, con una suba del 51,9%, y de productos farmacéuticos, con un incremento del 27%. En conjunto, esos rubros representaron alrededor del 45,5% de las importaciones de bienes finales durante los primeros seis meses del año.
Para CEPA, el comportamiento está relacionado con los cambios implementados en materia comercial, entre ellos la reducción de aranceles y la eliminación de licencias automáticas y no automáticas.
El debate que atraviesa a las empresas, en ese punto, no se limita a importaciones sí o importaciones no. La discusión pasa por las condiciones en las que una fábrica argentina debe competir cuando enfrenta costos locales, impuestos, financiamiento caro y un mercado interno que todavía no recuperó plenamente el dinamismo.
Una relación tensa con el Gobierno
Los números de producción, empleo e importaciones se combinan con una relación política cada vez más tirante entre la UIA y el Gobierno de Javier Milei.
El antecedente inmediato se remonta al Día de la Industria de 2024, cuando el Presidente cuestionó públicamente a los empresarios industriales. Desde entonces, las diferencias sobre el rumbo económico se profundizaron alrededor de la apertura comercial, los costos productivos y el rol del Estado.
Este miércoles, además, la ausencia de Milei y del ministro de Economía, Luis Caputo, marcó el acto de la UIA. La representación oficial quedó en manos de funcionarios de menor rango, entre ellos el secretario de Coordinación de la Producción, Pablo Lavigne.
Antes del discurso de Rappallini, Guillermo Moretti, vicepresidente de la UIA, elevó todavía más el tono de los cuestionamientos. “Esta gente no conoce el país, no sabe lo que es una fábrica”, sostuvo en declaraciones radiales.
Rappallini, en cambio, optó por un planteo institucional y puso el eje en la necesidad de construir condiciones que permitan atravesar la transición hacia una economía más abierta sin dejar atrás a los sectores que hoy tienen mayores dificultades.
“El sector industrial, la UIA, pide un puente. Un puente entre la economía que estamos dejando atrás y la economía competitiva que queremos construir”, planteó durante su discurso.