“El liderazgo del gobernador no se discute más”: Kicillof pone en marcha el reordenamiento del PJ bonaerense
Mariana Portilla


La oficialización de Axel Kicillof como presidente del Partido Justicialista bonaerense, con Verónica Magario como vicepresidenta, marca el inicio de una nueva etapa en el peronismo de la provincia de Buenos Aires. Tras semanas de negociaciones intensas, tensiones cruzadas y amenazas latentes de internas, el acuerdo alcanzado ordena la conducción partidaria sin borrar las diferencias y habilita un proceso de reorganización política con anclaje territorial y proyección estratégica.
Desde el conurbano y el interior provincial, el respaldo al gobernador aparece como un dato central del nuevo esquema. Un intendente de la Cuarta Sección Electoral confió a GRUPOLAPROVINCIA.COM que “ya no se puede discutir más el liderazgo del gobernador”, y subrayó que ese consenso se construyó desde el territorio. “Si hay algo que hay que reconocerle al gobernador, es este liderazgo por lo menos en la provincia de Buenos Aires, eso no se puede discutir más”, afirmó.
El mismo jefe comunal puso el foco en el método de construcción política de Kicillof y descartó la idea de una conducción meramente vertical. “Si bien el peronismo fue vertical, el gobernador siempre ha hecho una construcción desde el territorio. Empezó a construir su poder caminando la provincia, con la fortaleza de muchos intendentes que tienen territorio”, señaló, y anticipó que ese mismo esquema podría proyectarse más allá de los límites provinciales.
El nuevo escenario también recoge opiniones menos lineales, que celebran la consolidación del gobernador pero plantean reparos sobre el rol del partido. Un dirigente del PJ del conurbano que competirá en internas locales expresó a GRUPOLAPROVINCIA.COM su satisfacción por la designación de Kicillof, aunque dejó entrever dudas sobre la conveniencia política del movimiento.
“Yo estoy contento de que Axel sea el titular del partido, por supuesto, porque quiero verlo presidente, pero de los argentinos”, sostuvo. Sin embargo, agregó: “Creo que el partido, en la situación que se encuentra, en el desmanejo que ha habido, el poco protagonismo y la poca participación en términos de intervenir y atravesar los problemas de la gente, reduce, no amplía. Yo hubiera sobrevolado, pero bueno, qué sé yo".
Las voces del interior provincial también aportan una lectura favorable al nuevo esquema de conducción. Un intendente de la Sexta Sección Electoral, con fuerte anclaje territorial, confió a GRUPOLAPROVINCIA.COM que en el peronismo del interior se ve con buenos ojos que Kicillof y Magario encabecen el PJ, al entender que esa fórmula combina gestión, territorio y capacidad de síntesis en una etapa que exige ordenar al espacio sin profundizar divisiones.
En ese marco, explicó que ambos nombres aparecen como referencias naturales para evitar nuevas fracturas y reencauzar la vida partidaria, luego de años de disputas internas que debilitaron al peronismo bonaerense en su conjunto.

Unidad necesaria, tensiones abiertas
El acuerdo que consagra a Kicillof al frente del PJ bonaerense evita una interna provincial, pero no clausura los conflictos. En varios distritos ya se anticipan disputas locales y competencia por la conducción partidaria, en un escenario donde la unidad se sostiene más por necesidad que por afinidad plena entre los sectores.
La convivencia entre el kicillofismo, La Cámpora y otros espacios del peronismo bonaerense se apoya en una tregua pragmática: todos los sectores reconocen que una nueva fractura podría tener costos electorales altos frente a un escenario nacional adverso. En ese sentido, la conducción partidaria aparece como una herramienta para ordenar, contener y administrar diferencias, más que para eliminarlas.
Con el control del PJ bonaerense, Kicillof suma una herramienta clave para articular gestión y política en el principal distrito electoral del país. La provincia de Buenos Aires vuelve a ser el eje desde el cual el peronismo intenta reconstruirse, con una lógica que prioriza el territorio, el rol de los intendentes y la acumulación política gradual.
Aunque el calendario electoral parece lejano, el reordenamiento del PJ acelera los tiempos de la discusión estratégica. El liderazgo del gobernador queda formalizado, pero el desafío será transformar ese consenso partidario en una alternativa política competitiva, capaz de interpelar a una sociedad atravesada por la crisis económica y el desencanto con la dirigencia.
Por ahora, el peronismo bonaerense eligió ordenarse sin romperse. Con Kicillof al frente del partido, comienza un nuevo capítulo en una historia marcada por disputas internas, reconstrucciones y la permanente tensión entre unidad y poder.

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