El PJ desde el territorio: la estrategia de las bases para ordenar la conducción sin romper el equilibrio Kicillof–Máximo
Mariana Portilla
El peronismo bonaerense comenzó a transitar una etapa decisiva de su reorganización interna con una premisa que gana consenso en todos los sectores: sin un ordenamiento previo en el territorio, cualquier definición en la cúpula corre el riesgo de nacer frágil. Bajo esa lógica, el acuerdo político que empieza a tomar forma no baja desde arriba, sino que se construye desde abajo, con los distritos como primer eslabón de una negociación más amplia.
Según trascendidos en los pasillos de la Gobernación, ese fue el eje central que atravesó la reunión del martes entre representantes del kicillofismo y del kirchnerismo, un encuentro tenso pero valorado como necesario para evitar una interna abierta en el Partido Justicialista bonaerense. La coincidencia fue clara: antes de discutir nombres para la presidencia del PJ, es imprescindible descomprimir conflictos locales, cerrar heridas del cierre de listas y ordenar caso por caso en los municipios.
La hoja de ruta que comenzó a delinearse contempla tres pasos concretos. Primero, destrabar la situación en los distritos, donde persisten disputas políticas, desconfianzas acumuladas y equilibrios inestables. Luego, avanzar en la conformación del nuevo Consejo partidario, respetando la representación seccional y sectorial. Recién en esa instancia, con el territorio alineado, discutir la conducción formal del partido, con presidente y vicepresidente.
El territorio como punto de partida: ordenar los distritos antes de discutir la cúpula
Esa lógica territorial no es casual. Las conversaciones que mantiene GRUPOLAPROVINCIA.COM con intendentes, dirigentes seccionales y referentes del Movimiento Derecho al Futuro (MDF) muestran un diagnóstico compartido: sin bases ordenadas, no hay conducción posible. La experiencia reciente del cierre de listas dejó marcas profundas en varios distritos, y nadie ignora que forzar una definición “desde arriba” podría reactivar conflictos latentes.
En ese marco se inscribe la reunión del martes, de la que participaron, por el lado del gobernador Axel Kicillof, Andrés Larroque, Gabriel Katopodis, Mariano Cascallares y la vicegobernadora Verónica Magario. Por el sector alineado a Cristina Fernández de Kirchner estuvieron Facundo Tignanelli, Federico Otermín, Leonardo Nardini y Mariel Fernández. La mesa, que por primera vez logró formalizar un canal de diálogo estable, quedó en estado de reunión permanente ante la urgencia que impone el calendario partidario.
Uno de los puntos más sensibles del debate pasa por la futura conformación del Consejo del PJ bonaerense, un órgano clave para el equilibrio interno del partido. En el axelismo sostienen que la estructura partidaria debe reflejar el peso político de la gestión provincial y garantizar una mayoría de dirigentes alineados con el gobernador. Esa mirada, sin embargo, encuentra resistencias en sectores del kirchnerismo.
En ese sentido, la diputada nacional Teresa García, dirigente de estrecha relación política con Cristina Fernández de Kirchner, explicitó públicamente esa tensión al advertir sobre los límites de ese planteo. “Si quieren más de la mitad, entonces pretenden otra cosa. No que el partido esté alineado al gobierno de Kicillof”, afirmó.

Mientras ese proceso avanza, Kicillof sigue recibiendo en Casa de Gobierno a intendentes de distintas secciones, dirigentes gremiales y legisladores nacionales y provinciales. Según pudo reconstruir este medio, el mensaje que baja desde esos encuentros no apunta a un salto abrupto a la conducción partidaria, sino a consolidar primero una base política amplia, con respaldo territorial y sin imposiciones.
Las bases, en ese esquema, juegan un rol central. Desde el interior bonaerense, intendentes alineados al MDF insisten en que el PJ necesita una discusión ordenada, con eje en la producción, el federalismo y la reconstrucción de un proyecto nacional. Desde el conurbano, en cambio, prima una mirada más pragmática: cerrar filas, garantizar alineamiento con la gestión provincial y evitar cualquier escenario de dispersión que debilite al gobernador frente al Gobierno nacional.
Ese equilibrio explica también la cautela respecto de la figura de Kicillof. Puertas adentro del peronismo, se reconoce que una eventual conducción del PJ por parte del gobernador ordenaría el tablero de inmediato. Pero también se advierte que asumir ese rol sin un consenso previo podría encasillarlo en una lógica interna que complique su proyección política más amplia. Por eso, la estrategia dominante es inversa: primero el territorio, luego la estructura, finalmente los nombres.

En ese tablero, Verónica Magario aparece como una pieza clave. Tal como informó este medio, su peso territorial, su alineamiento con el gobernador y su centralidad en el principal distrito electoral de la provincia la posicionan como una figura de síntesis capaz de garantizar orden interno si Axel decide no asumir la presidencia del partido. Su nombre circula con fuerza como parte de ese armado gradual que busca evitar sobresaltos.
En esa misma sintonía se expresan voces con peso propio en el interior bonaerense. Un intendente de la Sexta Sección Electoral, con fuerte anclaje territorial, confió a GRUPOLAPROVINCIA.COM que en las bases del peronismo existe la convicción de que Kicillof tiene capacidad para conducir tanto la gestión provincial como el armado político del PJ. En paralelo, destacó a Magario como una dirigente con experiencia, volumen territorial y condiciones políticas para acompañar la conducción partidaria bonaerense. En ese esquema, explicó, ambos nombres aparecen como referencias naturales para sintetizar un armado de unidad que ordene al peronismo desde el territorio y evite nuevas fracturas. “Axel y Magario deberían encabezar la lista del PJ”, sintetizó.
El trasfondo es político y estratégico. El peronismo bonaerense necesita resolver su conducción sin descarrilar el entendimiento entre Kicillof y Máximo Kirchner, un equilibrio delicado pero imprescindible para sostener la unidad. En ese camino, las bases dejaron un mensaje contundente: sin territorio ordenado, no hay conducción posible. Y sin conducción legitimada desde abajo, cualquier definición en la cúpula será apenas un parche.
El reloj corre, las negociaciones se intensifican y el PJ se juega algo más que un nombre propio: se juega la capacidad de reconstruir poder político en su bastión histórico sin volver a caer en una interna que todos, al menos en los discursos, dicen querer evitar.

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