Kicillof y el dilema del PJ bonaerense: conducción, poder real y el riesgo de quedar encerrado en la interna
Mariana Portilla
El encuentro que Axel Kicillof mantuvo este lunes en la Casa de Gobierno con intendentes del conurbano, dirigentes del Movimiento Derecho al Futuro (MDF) y miembros clave de su gabinete volvió a poner en el centro del tablero una pregunta que atraviesa al peronismo bonaerense: ¿debe el gobernador asumir la conducción formal del PJ o mantenerse por encima de la disputa partidaria?
Según trascendidos en los pasillos de la Gobernación, la posibilidad de que Kicillof encare la presidencia del Partido Justicialista provincial fue debatida sin definiciones cerradas, pero con un diagnóstico compartido: el actual escenario político, marcado por el avance del Gobierno nacional sobre los recursos provinciales y la fragmentación opositora, exige una conducción clara y alineada con la gestión.
“Axel tiene que conducir sin condicionamientos; tiene que quedar claro que quien lidera el peronismo es él. Ser presidente del PJ lo fortalece, pero también está para algo superior: para ser el Presidente de todos los argentinos en el 2027”, consignó a GRUPOLAPROVINCIA.COM un referente de peso del espacio.
Sin embargo, puertas adentro también aparecen las cautelas. Tal como informó este medio, en el entorno del gobernador advierten que asumir la jefatura partidaria no es un movimiento neutro. Implica, por un lado, ordenar la interna y disciplinar al conjunto; pero, por otro, supone quedar atrapado en una lógica de facciones que podría erosionar el perfil institucional que Kicillof construyó desde que llegó a La Plata.
Conducir o arbitrar: el costo político de asumir el mando del PJ
Esa tensión se expresa con nitidez en las voces del propio peronismo. Un dirigente del MDF del conurbano lo resumió con crudeza en diálogo con GRUPOLAPROVINCIA.COM: para ese sector, el gobernador debería “pararse por arriba” del partido y evitar quedar identificado como representante exclusivo de una porción del PJ. La frase no es menor: refleja el temor a que una conducción demasiado sectorial limite la capacidad de Kicillof de proyectarse como referencia más amplia, incluso por fuera de la estructura partidaria tradicional.
En paralelo, el operativo político avanza. El encuentro del lunes reunió a un núcleo duro del kicillofismo: estuvieron los intendentes Mario Secco (Ensenada), Julio Alak (La Plata), Lucas Ghi (Morón), Jorge Ferraresi (Avellaneda), Fernando Espinoza (La Matanza), Pablo y Alberto Descalzo (Ituzaingó), además del exintendente Mariano Cascallares. También participaron la vicegobernadora Verónica Magario; y ministros de peso como Javier Rodríguez, Cristina Álvarez Rodríguez y Carlos Bianco. El repaso incluyó un análisis sección por sección del armado partidario y las disputas locales que podrían emerger si no se alcanza un acuerdo de unidad.

Sin anuncios públicos, del cónclave surgió una señal clara hacia adentro del espacio: Magario sigue siendo una pieza central del esquema y la alternativa más sólida para encabezar el PJ bonaerense en caso de que el gobernador decida no tomar ese rol. Su peso territorial, su alineamiento político y su control sobre el principal distrito electoral de la provincia la posicionan como una garantía de orden interno.
El calendario también empuja definiciones. La prórroga para la presentación de avales hasta el 8 de febrero reactivó las especulaciones y abrió una ventana para negociaciones contrarreloj. En varios municipios ya se preparan para eventuales disputas locales, aunque desde sectores clave del conurbano insisten en que una interna abierta sería un error estratégico en el contexto actual.
Las conversaciones que mantiene este medio con referentes del peronismo bonaerense muestran un mapa atravesado por una misma preocupación: evitar una pelea que desgaste, pero sin resignar control político. Desde el interior provincial, intendentes alineados al MDF plantean la necesidad de una discusión interna ordenada, con eje en la producción, el federalismo y la reconstrucción de un proyecto nacional. Desde el conurbano, en cambio, prima una lógica más pragmática: cerrar filas, garantizar alineamiento con el gobernador y evitar sorpresas.
Incluso entre quienes amagan con competir, la interna aparece más como una herramienta de presión que como un camino real. La posibilidad de listas enfrentadas funciona como mecanismo de negociación, pero todos admiten que, si baja una orden clara de unidad, el margen para sostener la disputa se achica drásticamente.
El trasfondo es político y estratégico. La eventual conducción del PJ por parte de Kicillof ordenaría el tablero de inmediato y desactivaría resistencias, pero también lo obligaría a asumir costos que hoy administra desde afuera. No hacerlo, en cambio, mantiene su rol de árbitro, aunque deja abierto el riesgo de una conducción partidaria que no logre sintetizar a todos los sectores.
Mientras tanto, Magario avanza, los apoderados se organizan, las secciones se activan y el reloj corre. La unidad sigue siendo el objetivo declamado por todos, pero todavía lejos de convertirse en una realidad cerrada. En ese equilibrio inestable se mueve el gobernador, consciente de que la decisión que tome no solo definirá el futuro del PJ bonaerense, sino también su propio posicionamiento político en una etapa clave del peronismo.

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