La rosca radical entra en zona caliente: "Dividir lo poco que queda no es negocio para nadie"

Un sector boina blanca intensifica reuniones para cerrar la etapa de conducción en contingencia, con mandato hasta noviembre, y empuja adelantar las internas a mayo. En los pasillos del radicalismo se repite una consigna: acuerdo antes que imposición. No por romanticismo, sino por supervivencia.

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La UCR bonaerense acelera el reloj: internas, poder y la pulseada por el control del partido.

La Unión Cívica Radical de la provincia de Buenos Aires volvió a entrar en modo rosca. No es una novedad, pero sí lo es la coincidencia transversal que empieza a tomar forma en torno a un objetivo concreto: adelantar las elecciones internas y cerrar cuanto antes la etapa de conducción en contingencia. GRUPOLAPROVINCIA.COM viene contando que detrás de esa consigna, sin embargo, conviven intereses, desconfianzas y viejas heridas que hacen del consenso una palabra tan repetida como esquiva.

La actual arquitectura partidaria —con un Comité de Contingencia encabezado por Miguel Fernández y una Convención también provisoria liderada por Pablo Domenichini— es hija directa de una interna fallida, judicializada y nunca del todo resuelta. Ese origen explica buena parte del malestar actual: la UCR bonaerense no solo discute nombres y fechas, sino también legitimidad política, capacidad de conducción y, sobre todo, cómo llegar con algo de orden a 2027.

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En las últimas semanas empezó a tomar fuerza un armado poco habitual. Sectores históricamente enfrentados —el abadismo, el possismo, el espacio de Daniel Salvador e incluso Evolución— coinciden en que esperar a septiembre u octubre para normalizar el partido es un riesgo político. El argumento es pragmático: el año próximo estará dominado por la dinámica electoral y la UCR necesita autoridades con margen para ordenar el territorio, discutir alianzas y reconstruir músculo político.

Desde ese prisma, el adelantamiento de las internas a mayo o comienzos de junio aparece como una solución casi técnica. Pero el problema no es el calendario: es el poder. Porque para modificarlo se necesita el aval del propio Comité de Contingencia, es decir, del mismo esquema que varios sectores buscan dejar atrás.

Ahí emerge la figura de Fernández. Su postura es leída con atención y cautela. Nadie quiere empujarlo a una reacción judicial que reactive la lógica de impugnaciones y cautelares que tanto daño le hicieron al partido en 2024. Por eso, en los pasillos radicales se repite una consigna: acuerdo antes que imposición. No por romanticismo, sino por supervivencia. "Dividir lo poco que queda no es negocio para nadie, no ayuda”, sintetizó un jefe comunal boinablanca en diálogo con este medio.

La UCR bonaerense cruje a días del cierre de listasLa Convención de Contingencia, que preside Pablo Domenichini.

Mar del Plata como señal política

En ese contexto se inscribió el reciente encuentro radical en Mar del Plata, que desde GRUPOLAPROVINCIA.COM adelantamos como un movimiento con un objetivo claro: acelerar la salida de la excepcionalidad institucional. No fue un acto más ni una foto inocente. Fue una demostración de volumen político y territorial, con intendentes, legisladores y dirigentes históricos alineados detrás del liderazgo de Abad.

Las presencias —y también las ausencias— funcionaron como mensaje interno. Siete intendentes bonaerenses, legisladores nacionales y provinciales, y referentes como Salvador y Posse buscaron mostrar que existe una masa crítica dispuesta a cerrar filas y avanzar. La falta de representación visible del sector de Fernández y de Evolución dejó en claro que la síntesis todavía no llegó. Pero el dato central fue político: la conducción en contingencia dejó de ser un mal necesario para convertirse en un obstáculo.

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Uno de los intendentes que participó del encuentro fue Esteban Reino, quien aportó una mirada cruda sobre el momento del partido. En diálogo con este medio, el jefe comunal de Balcarce fue explícito al reconocer errores y marcar el rumbo que, a su entender, debe tomar el radicalismo.

“La última performance electoral de nuestro partido nos dejó sin la posibilidad de poder influir tanto en la política de la provincia como en la política nacional, por un error de estrategia”, afirmó, en una frase que condensa la autocrítica que muchos dirigentes formulan en privado pero pocos expresan en público.

Consultado sobre el calendario interno, no dudó: “Sí, ojalá pueda haber una lista de unidad, que todos los sectores entiendan que hay cambios que se están produciendo, cambios sociales que son muy rápidos, y que la política tradicional, como nosotros la conocíamos, ya no existe más”.

El planteo va más allá de una fecha. Apunta a un rediseño del partido desde abajo hacia arriba. “Necesitamos un partido moderno, ágil, que pueda tener un candidato a intendente ganador en cada uno de los municipios”, sostuvo, y agregó que para eso es imprescindible “tener un partido consolidado, que no lo tuvimos el último año”.

En la misma línea, se expresó una dirigente de fuerte peso territorial, al tanto de las negociaciones: "Tenemos historia, estructura partidaria y capacidad para hacerlo. Y tenemos un líder que puede volver a sentar a nuestros máximos dirigentes en las mesas de discusión política al momento de protagonizar, establecer y efectivizar acuerdos y alianzas con sectores afines de cara a 2027. Y ese líder es Maximiliano Abad”, concluyó.


La UCR bonaerense enfrenta un dilema conocido pero cada vez más urgente. O logra ordenar su interna, legitimar autoridades y reconstruir territorialidad, o corre el riesgo de llegar a 2027 atrapada en discusiones endogámicas, sin capacidad real de incidir en el escenario provincial.

El adelantamiento de las internas es, en ese sentido, una herramienta, no una solución mágica. Puede abrir una etapa de normalización o profundizar las fracturas si se impone sin acuerdos. Por eso, la rosca avanza con cautela, pero también con un dato nuevo: nadie quiere seguir como está.

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