“Gobierna la hermana”: Villarruel tensa al máximo la interna con Milei y deja señales hacia 2027
Mariana Portilla


Mientras el oficialismo libertario intenta ordenar su frente interno y consolidar la gestión, Victoria Villarruel comenzó a desplegar movimientos políticos calculados: visitas a gobernadores y definiciones discursivas que la alejan del núcleo duro del Gobierno configuran un escenario que alimenta una pregunta incómoda en la Casa Rosada: ¿Villarruel está preparando su propio camino hacia 2027?
La escena que encendió las alarmas ocurrió en La Rioja, durante la Fiesta Nacional de la Chaya. Allí, lejos del protocolo rígido y en un clima distendido, la vicepresidenta combinó folklore, cercanía con dirigentes locales y una cena política en la Casa de Gobierno provincial, con el gobernador Ricardo Quintela como anfitrión. Según reconstrucciones de La Política Online, en ese ámbito informal no esquivó definiciones de fondo y dejó trascender, ante dirigentes peronistas, que no descarta competir electoralmente en el futuro.
Más allá del tono relajado del encuentro, el contenido político fue todo menos inocente. Ante la consulta sobre una eventual reelección de Javier Milei, Villarruel habría marcado distancia con el esquema de poder actual y cuestionado el verdadero centro de decisiones del Gobierno: "Lo eligieron para que gobierne él, pero gobierna la hermana”. En ese mismo intercambio, siempre de acuerdo al medio, otro de los presentes le habría preguntado si pensaba ser candidata. “¿Y por qué no?”, fue la respuesta atribuida a la vicepresidenta.
Este fin de semana estuve recorriendo La Rioja, la 19° provincia desde que inicié mi mandato de vicepresidente.
— Victoria Villarruel (@VickyVillarruel) February 16, 2026
Visité desde emprendimientos productivos hasta parques eólicos, priorizando mostrarle a los argentinos la cultura del esfuerzo colectivo de familias y grupos… pic.twitter.com/7SYEi07Xe8
Una interna que dejó de disimularse
La tensión entre Milei y Villarruel no es nueva, pero en los últimos meses dejó de ser un rumor de pasillos para convertirse en un dato estructural del oficialismo. Desde el inicio de la gestión, el entorno presidencial —con Karina Milei como figura clave— observó con recelo la proyección política propia de la Vicepresidenta, su agenda autónoma y los vínculos que empezó a tejer con sectores empresarios y dirigentes de distintos espacios.
Esa desconfianza mutua derivó en una convivencia cada vez más fría, hasta desembocar en una ruptura política de hecho. Hoy, en Balcarce 50 dan por descontado que Villarruel ya no forma parte del esquema oficialista, aunque conserve formalmente su cargo. De hecho, en el círculo libertario no ocultan cierta satisfacción por sus últimos pronunciamientos públicos: consideran que “blanquea” posiciones que siempre tuvo y que ya juega por fuera del proyecto de Milei.

El distanciamiento no es solo personal o de poder: también es ideológico. En los últimos días, Villarruel utilizó un fallo de la Corte Suprema de Estados Unidos sobre los aranceles impulsados por Donald Trump para fijar una postura económica que choca de frente con el dogma libertario.
En un mensaje público, reivindicó la producción nacional, el empleo y el rol del Estado en la defensa de la industria, y cuestionó la apertura irrestricta de importaciones. Planteó, además, una dicotomía clara entre nacionalismo y globalismo, y advirtió sobre la dependencia económica de China. Sus palabras, lejos de ser una reflexión aislada sobre política internacional, funcionaron como una toma de posición doméstica y como un mensaje a sectores que no se sienten representados por el modelo de libre mercado extremo que impulsa el Ejecutivo.
El cálculo político: ¿divide o construye?
En el peronismo, algunos sectores observan con atención estos movimientos. Circula la hipótesis de que una eventual candidatura de Villarruel podría fragmentar el electorado libertario y facilitar un escenario competitivo en primera vuelta frente a figuras como Axel Kicillof. Sin embargo, esa especulación revive un recuerdo incómodo: la estrategia de subestimar a Milei en 2023 terminó allanándole el camino a la Presidencia.
Desde el entorno de la Vicepresidenta, en tanto, bajan el tono a las lecturas electorales y aseguran que hoy las únicas figuras con volumen real para 2027 son el propio Milei y Kicillof. Pero los gestos, las visitas y el discurso parecen ir en otra dirección.
En paralelo, el oficialismo empieza a pensar escenarios sin Villarruel. En la mesa libertaria ya circulan nombres para acompañar a Milei en una eventual reelección o para reordenar la cúpula del poder: desde Patricia Bullrich hasta Manuel Adorni, en un esquema que busca cerrar filas y evitar fugas de identidad política.
Falta tiempo para las definiciones formales, pero la campaña —al menos en términos simbólicos— ya comenzó. Villarruel no lanzó su candidatura, pero empezó a caminar el terreno, a marcar diferencias y a construir un perfil propio. En política, a veces, eso es más elocuente que cualquier anuncio.

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