El peronismo, una olla en ebullición: la interna entre Kicillof y La Cámpora complica la convivencia bonaerense

La designación de autoridades en el Senado volvió a encender la mecha: el kirchnerismo impuso su mayoría, el kicillofismo habló de límites cruzados y la unidad del PJ quedó sostenida con alfileres.

LegislativasAyerMariana PortillaMariana Portilla
Axel Kicillof y Máximo Kirchner
La designación de autoridades en el Senado volvió a encender la mecha interna.

La designación de las nuevas autoridades del Senado bonaerense desató una nueva crisis en el oficialismo provincial y dejó al descubierto la puja de poder entre el gobernador Axel Kicillof y el kirchnerismo. La vicepresidencia primera quedó en manos del intendente en uso de licencia de José C. Paz, Mario Ishii, impulsado por el sector alineado con Cristina Fernández de Kirchner y Máximo Kirchner, y la movida significó un revés político para el mandatario, que pretendía ubicar allí a la senadora Ayelén Durán.

Ishii se quedó con el cargo clave y el gobernador perdió la pulseada en el recinto. Lo que debía ser una sesión administrativa para ordenar la estructura interna de la Cámara alta terminó convertido en una batalla abierta por el control político y presupuestario del cuerpo legislativo.

Mario IshiiMario Ishii juró como vicepresidente primero de la Cámara baja.

La sesión, convocada para la tarde, se demoró durante horas y recién logró quórum sobre el filo de la medianoche. El clima fue áspero desde el inicio. Desde el entorno del gobernador hablaron de “límites de convivencia cruzados” y acusaron a La Cámpora de imponer su mayoría sin respetar acuerdos previos.

En el camporismo, en cambio, rechazaron la idea de ruptura. Aseguran que el reparto respondió estrictamente a la correlación de fuerzas dentro del bloque: 15 senadores alineados con el espacio de Cristina, 6 del Movimiento Derecho al Futuro (MDF) que responde a Kicillof y 3 del massismo.

El esquema final dejó a Durán en la vicepresidencia segunda; la tercera para el libertario Gonzalo Cabezas; la cuarta para la massista Valeria Arata; la quinta para el PRO con Alex Campbell; y la sexta para Germán Lago, del MDF.

En paralelo, la jefatura del bloque oficialista quedó en manos de Sergio Berni, otro dirigente con volumen propio y distante en los últimos tiempos del Ejecutivo provincial.

Sergio Massa, Máximo Kirchner y Axel Kicillof

Más que cargos: poder y recursos en juego

La disputa no se limita a un casillero simbólico. La vicepresidencia primera del Senado es estratégica en la arquitectura institucional: reemplaza a la titular del cuerpo en su ausencia y tiene incidencia directa en decisiones administrativas.

El Senado bonaerense maneja además un presupuesto proyectado cercano a los 250 mil millones de pesos para 2026, cifra que explica la tensión en torno a los espacios de conducción. 

La Secretaría Administrativa, bajo la órbita de la vicegobernadora Verónica Magario y conducida por Roberto Feletti, es uno de los engranajes clave. A esto se sumó la renuncia del prosecretario Administrativo, Martín Di Bella, cuyo reemplazo quedó en manos de Gustavo Soos, cercano al cristinismo. Cada movimiento dejó en claro que la pelea es por estructura, por caja y por posicionamiento político hacia 2027.

El trasfondo excede la Legislatura. La discusión sobre la conducción del peronismo bonaerense y la proyección nacional de Kicillof se cuela en cada votación. Desde el kirchnerismo sostienen que Cristina no está enfrentada con el gobernador y que trabaja para consolidar la unidad frente al presidente Javier Milei. En Gobernación, en cambio, interpretan la jugada como una señal de disciplinamiento interno y hablan de una convivencia cada vez más compleja.

Las declaraciones del ministro de Gobierno, Carlos Bianco, sobre un “problema de conducción” en el peronismo, también reavivaron el fuego cruzado y profundizaron la desconfianza entre los sectores.

Senado bonaerense

Unidad formal, tensión real

El acuerdo que permitió ordenar la conducción del PJ bonaerense no alcanzó para sellar las diferencias. La votación en el Senado mostró que la unidad existe, pero bajo condiciones frágiles.

La Cámpora dejó en claro que conserva capacidad de imponer agenda en la Legislatura. El MDF retuvo espacios, pero no el que consideraba estratégico. El massismo, por su parte, cedió posiciones para evitar una ruptura mayor.

El resultado es un peronismo en ebullición, donde cada sesión puede convertirse en un nuevo capítulo de una disputa que ya no se esconde en los pasillos. La convivencia sigue en pie, pero el margen es cada vez más estrecho.
 

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