La paradoja de Milei, bajo la lupa del Bapro: ¿Crecimiento sin bolsillo?
Mariana Portilla
El escenario actual combina mayor actividad con salarios en retroceso.
La economía argentina muestra señales de recuperación, pero con una particularidad que rompe esquemas históricos: el crecimiento no se traduce en una mejora del poder adquisitivo. Lejos de los ciclos tradicionales donde la expansión venía acompañada por subas en los ingresos, el escenario actual combina mayor actividad con salarios en retroceso.
El fenómeno, destacado por un reciente informe del Banco Provincia, marca un punto de inflexión en la dinámica económica. No se trata de un dato aislado sino de una tendencia que comenzó a consolidarse en los últimos meses y que plantea interrogantes sobre la sostenibilidad del modelo.
El repunte de la actividad tiene un motor claro: las exportaciones. Sectores como el agro, la minería y la energía lideran el crecimiento, apalancados por la demanda externa y la mejora de la productividad en áreas estratégicas.
Entre mediados de 2025 y comienzos de 2026, el agro creció cerca de un 10% y la actividad vinculada a petróleo y gas avanzó casi un 7%. En conjunto, estos sectores explicaron una porción significativa de la expansión económica.
En ese contexto, las exportaciones aportaron casi la mitad del crecimiento del PBI en 2025. Este cambio de matriz implica un corrimiento respecto del modelo tradicional argentino, históricamente apoyado en el consumo interno.

El correlato de ese proceso es un mercado interno debilitado. La caída del salario real, sumada a la pérdida de empleo formal —más de 80.000 puestos privados entre junio y diciembre—, impacta directamente sobre el consumo.
A esto se suma la retracción del crédito a las familias, que no logra compensar la caída de los ingresos. El resultado es una economía fragmentada: sectores dinámicos que crecen hacia afuera y una demanda interna que no logra recomponerse.
Uno de los datos más relevantes del informe es la persistencia de la caída del poder adquisitivo. Desde septiembre, los salarios registrados —tanto en el sector público como privado— vienen aumentando por debajo de la inflación.
El deterioro no es menor: los ingresos reales acumulan caídas cercanas al 2% desde mediados de 2025 y se ubican por debajo de los niveles previos al cambio de gobierno.
Una anomalía que se vuelve regla
Entre 2004 y 2024, la combinación de crecimiento económico con caída del salario real fue poco frecuente. Sin embargo, en los últimos meses esta dinámica se repite de manera sistemática.
El dato no solo refleja un cambio coyuntural, sino que podría estar indicando una transformación más profunda en la forma en que se distribuye el ingreso en la economía argentina.
El informe pone el foco en un factor central: la diferencia entre la inflación esperada y la real. Las negociaciones salariales se están cerrando en base a proyecciones que luego quedan por debajo de los datos efectivos.
Este desfasaje genera una pérdida sistemática del poder adquisitivo. En términos estadísticos, en el 70% de los meses analizados entre 2017 y 2026 se verificó una relación directa: cuando la inflación supera las expectativas, el salario real cae.
El problema no es solo la inflación en sí, sino la forma en que se anticipa. Si las expectativas no se alinean con la realidad, los aumentos salariales llegan tarde o resultan insuficientes.
El EMAE creció 0,4% en enero y acumula +3% desde junio. En contraste, los salarios privados cayeron 0,4% en enero y perdieron 2% desde junio. Se consolida así un proceso de rebote de la actividad con caída del poder adquisitivo, bastante anómalo para la economía argentina. pic.twitter.com/8fxzdtsIKB
— Estudios Económicos Banco Provincia (@EEconBProvincia) March 27, 2026
Un modelo en tensión: crecimiento con “malaria”
El escenario actual plantea una tensión estructural. El crecimiento impulsado por exportaciones no es negativo en sí mismo, especialmente en un contexto de recuperación del agro y desarrollo energético. Sin embargo, sin una mejora del salario real, ese crecimiento pierde capacidad de generar bienestar.
El riesgo, advierten desde el Banco Provincia, es la consolidación de un esquema de “desequilibrios estables”: una economía que crece pero no mejora las condiciones de vida de la mayoría.
En ese marco, la discusión ya no pasa solo por cómo crecer, sino por cómo distribuir ese crecimiento. Sin recomposición del ingreso y del empleo, la expansión económica podría convivir con un deterioro social persistente.

El consumo y la industria empujaron la caída económica y preocupa al Gobierno


Pascuas con precios calientes: alimentos suben hasta 63% y el consumo no reacciona

Suben prepagas, colectivos alquileres y servicios: así arranca abril

Derrumbe siderúrgico: el acero cayó más de 22% en un mes y preocupa el avance importador

La nafta vuelve a subir y se ubica entre las más caras de la región

Deudas, tarifas y morosidad: el combo que tensiona a las cooperativas eléctricas


Una nueva encuesta pone en alerta al Gobierno si las elecciones fueran hoy

Imputan a Manuel Adorni por presunto enriquecimiento ilícito: cómo avanza la investigación sobre su patrimonio




