Peronismo en movimiento: Mariel Fernández teje con todas las tribus rumbo a la gobernación
Mariana Portilla
En medio de un peronismo bonaerense atravesado por tensiones internas y sin una conducción plenamente ordenada, la intendenta de Moreno, Mariel Fernández, empezó a ocupar un lugar incómodo para algunos y estratégico para otros: el de articuladora entre sectores que hasta hace poco parecían irreconciliables. Con movimientos calculados y un discurso centrado en la unidad, la dirigente del Movimiento Evita avanza en la construcción de una alternativa que trascienda la lógica de bloques cerrados dentro del PJ.
El último gesto fue su encuentro con el intendente de Esteban Echeverría, Fernando Gray, un dirigente que históricamente se mostró crítico del kirchnerismo más duro. La reunión no fue un hecho aislado sino parte de una serie de señales que evidencian un cambio de clima en la política bonaerense, donde distintos actores empiezan a explorar puntos de contacto frente a un escenario económico y social adverso.
El acercamiento entre Fernández y Gray sorprendió por el peso simbólico de ambos perfiles. Mientras el jefe comunal de Esteban Echeverría supo diferenciarse del armado kirchnerista en elecciones recientes, la intendenta de Moreno mantiene su identidad ligada al trabajo territorial y a los movimientos sociales.
Sin embargo, el eje del encuentro estuvo puesto en la necesidad de construir respuestas frente al impacto de las políticas del gobierno nacional. Desde ambos entornos coincidieron en la urgencia de “aunar esfuerzos” para enfrentar una coyuntura que golpea con fuerza a los municipios del conurbano.
Este tipo de diálogos empieza a marcar una tendencia: la política bonaerense, especialmente dentro del peronismo, comienza a correrse —al menos parcialmente— de las disputas identitarias para priorizar la construcción de volumen político.
Mariel Fernández junto al intendente de Esteban Echeverría, Fernando Gray.
Entre Kicillof y el kirchnerismo duro
El movimiento de Fernández también se explica por el escenario interno del PJ. Tras la consolidación de Axel Kicillof al frente del partido bonaerense, las tensiones no desaparecieron sino que mutaron hacia otros planos, especialmente en el ámbito legislativo y en la discusión por el futuro liderazgo.
En ese contexto, la intendenta busca posicionarse sin quedar atrapada en la dicotomía entre el sector alineado con el gobernador y el núcleo más cercano a Máximo Kirchner. Su estrategia apunta a construir una síntesis, una figura capaz de dialogar con ambos espacios sin depender exclusivamente de ninguno.
La definición pública de Fernández fue contundente: “Quiero ser gobernadora de la provincia de Buenos Aires”. La frase ordenó sus movimientos y dejó en claro que no se trata solo de gestos de apertura, sino de una construcción política con un objetivo preciso: disputar la sucesión de Axel Kicillof en 2027.
A diferencia de otros dirigentes que prefieren esperar, la jefa comunal eligió anticiparse. Su planteo incluye una crítica implícita a la dinámica del peronismo, al que describe como un espacio que muchas veces queda “en fila esperando” definiciones desde arriba.
El lanzamiento del espacio “Reconquista” funcionó como el punto de partida formal de esta estrategia. Allí confluyeron dirigentes de distintos sectores: desde el intendente Gustavo Menéndez hasta funcionarios provinciales como Carlos Bianco, pasando por referentes legislativos como Mariano Recalde y Mayra Mendoza.
La foto incluyó también a figuras de peso como Emilio Pérsico, Leonardo Grosso, Jorge Taiana, Eduardo Valdés y Guillermo Moreno, lo que reforzó la idea de un armado transversal dentro del peronismo.
Lejos de ser un acto más, el encuentro buscó instalar una narrativa distinta: la de un peronismo que necesita “volver a enamorar” y reconstruir su vínculo con la sociedad desde una lógica menos confrontativa.

Pichetto, Monzó y la ampliación del esquema
Uno de los movimientos más llamativos de Fernández fue su acercamiento al diputado nacional Miguel Ángel Pichetto, un dirigente que durante años mantuvo una postura crítica hacia los movimientos sociales.
El encuentro no solo sorprendió por los antecedentes, sino por el contexto: Pichetto viene desempeñando un rol de articulador entre distintos sectores políticos, incluyendo dirigentes alejados del oficialismo nacional y espacios con vocación de construir una alternativa amplia.
En paralelo, el ex presidente de la Cámara de Diputados, Emilio Monzó, comparte esa mirada de ampliar la base política más allá de las estructuras tradicionales. Ambos impulsan una estrategia que incluye puentes con sectores del radicalismo y otros espacios provinciales.
En ese esquema de ampliación, la figura de Mariel Fernández empieza a adquirir valor como expresión territorial de esa lógica de apertura. La intendenta de Moreno sostiene su proyección en la gestión local y, con dos mandatos consecutivos desde 2019, busca mostrar resultados en políticas vinculadas al desarrollo comunitario, la educación y la cultura, con fuerte anclaje en el territorio.

Un peronismo en transición
Estos movimientos de Mariel Fernández no ocurren en el vacío. Forman parte de un proceso de reconfiguración del peronismo bonaerense, donde empiezan a emerger nuevos liderazgos y estrategias de acumulación.
Los encuentros recientes —desde el de Cristina Kirchner con Pichetto hasta el de Axel Kicillof con Emilio Monzó y Nicolás Massot— reflejan un clima político en el que los límites tradicionales se vuelven más difusos.
En ese escenario, la intendenta de Moreno decidió moverse primero. Su apuesta combina instalación temprana, vocación de diálogo y construcción de volumen político. Resta saber si ese equilibrio le permitirá consolidarse como una opción real en una carrera que, aunque lejana en el calendario, ya empezó a jugarse en cada gesto.

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