Córdoba como ensayo de alineamientos en la estrategia de Kicillof hacia 2027
Pamela Orellana


El desembarco de Axel Kicillof en Córdoba no será una escala más en su agenda federal. Llega en medio de una interna peronista que dejó de ser subterránea y empezó a jugarse en público, con nombres propios, recorridas y mensajes cruzados. Y lo hace en un territorio donde el justicialismo local aprendió a convivir —y negociar— con oficialismos de distinto signo, desde Javier Milei hasta Mauricio Macri.
El itinerario del viernes mezcla gestión, academia y sindicalismo. Pero el trasfondo es político: ampliar base, mostrar volumen y testear vínculos en una provincia históricamente esquiva al kirchnerismo.
La parada en Cosquín, con firma de convenios junto al intendente Raúl Cardinalli, no es un dato menor. Cardinalli responde al exsenador Carlos Caserio, uno de los armadores del kicillofismo en suelo cordobés, y habilita una foto que no abunda: un jefe comunal local dispuesto a mostrarse. Según explicó el ministro de Gobierno bonaerense, Carlos Bianco, el acuerdo será “de carácter turístico y cultural” y permitirá la participación de artistas bonaerenses en el circuito de Cosquín.
En paralelo, la agenda suma un bloque universitario con la Universidad Tecnológica Nacional: cooperación técnica con el Ministerio de Desarrollo Agrario que conduce Javier Rodríguez, trabajo conjunto con el laboratorio de maquinaria agrícola y la firma de diez convenios en el marco del programa Puentes.
Sindicatos, libro y candidatura en construcción
Antes del cierre académico —con la presentación de su libro “De Smith a Keynes”—, Kicillof se meterá de lleno en el músculo sindical. Estará en La Falda, en el Congreso de la Federación de Asociaciones de Trabajadores de la Sanidad (FATSA), invitado por Héctor Daer. El dirigente cegetista juega a fondo en el armado del bonaerense, incluso en un contexto donde la CGT no termina de definir postura.
El encuentro reunirá a más de 600 delegados —algunas estimaciones hablan de más de mil— y sumará figuras como Octavio Argüello y Jorge Sola. La señal es clara: mientras el peronismo debate candidaturas, Kicillof consolida anclaje gremial.

Ese movimiento no es aislado. Forma parte de una estrategia más amplia que combina gestión con construcción política y que se apoya en redes territoriales y sindicales. En Córdoba, ese armado tiene en Caserio una pieza clave, pero también se nutre de contactos de segunda línea y vínculos institucionales que, según admiten en el peronismo local, “son más profundos de lo que se ve”.
Córdoba mira, pero no se mezcla
Del otro lado, el gobernador Martín Llaryora eligió correrse de la escena. No habrá foto conjunta. Desde su entorno aseguran que “no hay razón” para un encuentro y, además, el mandatario estará en San Juan participando de una expo minera. Un movimiento que en la política cordobesa se lee como manual: gestión como excusa para evitar quedar pegado a una visita incómoda.
Aun así, el vínculo existe. Bianco habló de “diálogo permanente” y en el peronismo provincial reconocen que las conversaciones no se limitan a lo institucional. Temas como fondos para PAMI o cajas previsionales conviven con un intercambio político más amplio, aunque nadie quiera blanquearlo.
La figura de Natalia de la Sota también sobrevuela la visita. Su entorno niega cualquier acuerdo y rechaza las versiones que la ubican como posible compañera de fórmula de Kicillof. “Que se olvide”, dicen desde el delasotismo sobre una eventual expectativa de apoyo cordobés. Incluso deslizan que la diputada podría competir por la gobernación provincial.
Interna abierta y presión desde adentro
El viaje ocurre en paralelo a una interna peronista cada vez más expuesta. Mientras Kicillof recorre el país, otros sectores mueven fichas. Victoria Tolosa Paz y Juan Manuel Olmos lanzaron el espacio “Primero las ideas”, con respaldo de intendentes como Federico Achával, buscando una posición intermedia entre el kicillofismo y el kirchnerismo duro.
Bianco bajó el tono: “Me parece muy bien que todos los sectores se movilicen”, dijo, aunque aclaró que no fueron invitados. La frase sintetiza el momento: múltiples mesas, sin conducción clara.
En ese contexto, Máximo Kirchner agitó el debate con un planteo incómodo sobre el programa económico. “Yo quiero que me digan cómo vamos a hacer. Si no discutimos esto después aparecen diciendo vamos a subir los salarios y las jubilaciones ¿Cómo?”, lanzó durante un acto en Cañuelas, apuntando al endeudamiento con el FMI como eje central de la discusión.
La presión interna se completa con la aparición de Sergio Uñac, quien ya confirmó su intención de competir por la Presidencia y propuso internas partidarias si se suspenden las PASO. “No se puede definir en una mesa”, advirtió.
El tablero se mueve en varias direcciones. Córdoba, con su tradición autónoma y su juego transversal, aparece como un laboratorio donde el peronismo mide hasta dónde puede estirar su alcance sin romper equilibrios. Y Kicillof, en ese terreno áspero, apuesta a sumar presencia mientras la discusión de fondo sigue sin resolverse.

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