¿Qué PJ cranea Kicillof para disputar el poder nacional?
Axel Kicillof no piensa el Partido Justicialista bonaerense como una estructura administrativa ni como una caja de contención de internas. Lo proyecta como una plataforma política. Un instrumento con volumen territorial, más afiliados activos y capacidad de proyectarse a nivel nacional.
Las elecciones internas en 16 municipios no solo ordenaron liderazgos locales: funcionaron como una prueba de fuerza del modelo que impulsa el gobernador. Y el resultado le dio margen para avanzar.
Con diez triunfos del Movimiento Derecho al Futuro (MDF), el kicillofismo logró consolidar una base propia dentro del PJ. No es hegemonía plena, pero sí un punto de partida sólido para lo que viene: un partido más movilizado, con cuadros propios y alineado a una estrategia de acumulación política más amplia.
Un partido con más afiliados y militancia activa
Uno de los ejes centrales del esquema que imagina Kicillof es revitalizar la vida interna del PJ. En La Plata reconocen que el partido venía con bajos niveles de participación real y escasa dinámica territorial.
Las internas, con una participación cercana al 30% del padrón en los distritos donde hubo competencia, marcan un primer indicio de reactivación. No es un número alto, pero sí significativo en términos comparativos con procesos partidarios recientes.
La lógica que impulsa el gobernador apunta a ampliar la base de afiliados, fortalecer la militancia y generar mayor presencia territorial. No solo en el conurbano, sino también en el interior bonaerense, donde el MDF logró varios triunfos clave.
El mapa de las internas: dónde ganó Kicillof
El dato político central es que el MDF se impuso en 10 de los 16 distritos en disputa, muchos de ellos con peso territorial y simbólico. En Morón, una de las internas más observadas, la lista encabezada por Claudio Román —alineada al intendente Lucas Ghi— se impuso con 1.446 votos frente a los 672 de Paula Majdanski, referenciada en Martín Sabbatella y La Cámpora. La diferencia marcó un claro respaldo al esquema del gobernador.
En San Miguel, Santiago Fidanza, cercano al ministro Andrés Larroque, ganó con el 53,7% de los votos en una interna de tres listas. Superó a Juanjo Castro (38,1%), apoyado por Gabriel Katopodis, y dejó relegado al sector kirchnerista de Héctor Fernández (7%).
En la Segunda sección electoral, el kicillofismo logró pleno: en San Nicolás, Sebastián Vignoles venció a Cecilia Comerio (871 a 669 votos), mientras que en San Antonio de Areco y Zárate también se impusieron listas alineadas al gobernador.
El interior bonaerense también aportó volumen. En Balcarce ganó Sergio Aranaga (331 a 265), en Lobería se impuso José Orbaiceta, en Roque Pérez triunfó Homero Salas y en Saladillo Fabián Salguero logró una ajustada victoria por 21 votos.
A estos se suman Lincoln, donde se impuso el exintendente Jorge Fernández, consolidando una red territorial que empieza a mostrar coherencia política.
La Cámpora retiene poder y marca límites
El avance de Kicillof no implica un desplazamiento total de otros sectores. La Cámpora logró sostener cuatro distritos, entre ellos algunos de alto valor político. En General Pueyrredón (Mar del Plata), Daniel Di Bartolo, con el respaldo de Fernanda Raverta, se impuso con cerca del 60% de los votos frente a la candidata del MDF, Adriana Donzelli.
En Tres de Febrero, Juan Debandi ganó con el 56,73% (1.896 votos), superando al kicillofista Alejandro Collia. En Magdalena, Mirna Gurina logró una victoria ajustada por 19 votos.
También hubo un triunfo en Coronel Suárez, donde Damián Meier se impuso frente a una lista que combinaba sectores del MDF y La Cámpora, evidenciando dinámicas locales que escapan a la lógica provincial.
Por su parte, el Frente Renovador, liderado por Sergio Massa, también logró mantener presencia en el tablero. En Junín, Fernando “Turi” Burgos ganó en un esquema de unidad con respaldo de distintos sectores, mientras que en Tornquist, Alberto Musso se impuso con el 67% de los votos.
Más allá del número, estos triunfos le permiten al massismo sostener representación territorial y seguir siendo un actor relevante en el armado del PJ.
De la interna al proyecto político
El desafío para Kicillof es convertir este resultado en una estructura política funcional a su estrategia. El nuevo PJ que imagina no es solo un espacio de contención: es una herramienta para construir poder. Con más afiliados, mayor participación y cuadros propios, el objetivo es consolidar una base que le permita disputar liderazgo dentro del peronismo y proyectarse a nivel nacional.
En ese camino, el equilibrio interno será clave. La convivencia con La Cámpora, el rol del massismo y la articulación con intendentes serán variables determinantes.