El plan Córdoba: cómo Kicillof empieza a construir poder nacional
Mariana Portilla
No fue un acto masivo ni una demostración de fuerza tradicional. Lo que ocurrió en Villa Carlos Paz tuvo otra lógica: la de un armado en etapa inicial, casi silencioso, pero con una intencionalidad política clara. El mensaje virtual de Axel Kicillof, en ese contexto, funcionó como punto de partida de algo más amplio: su proyección nacional.
El encuentro, organizado por el exsenador Carlos Caserio, reunió a intendentes, sindicalistas y dirigentes del Valle de Punilla, con la presencia del ministro de Seguridad bonaerense, Javier Alonso, uno de los hombres de mayor confianza del gobernador. La escena dejó una señal que no pasó desapercibida: el axelismo empezó a moverse fuera de la provincia de Buenos Aires.
El dato no es menor. En un peronismo sin liderazgo nacional consolidado, cada gesto adquiere valor estratégico. Y Córdoba, históricamente esquiva al kirchnerismo, aparece como una pieza clave en cualquier proyecto presidencial competitivo.
La construcción sin ruptura
Uno de los rasgos más relevantes del armado es lo que decidió evitar. No hubo cuestionamientos al gobernador Martín Llaryora ni críticas al esquema del cordobesismo. Tampoco una convocatoria formal al PJ provincial como estructura. La lectura es política: el espacio que impulsa Caserio busca crecer sin romper. Construir volumen propio, pero sin generar tensiones en un distrito donde el oficialismo local mantiene el control.
“Hemos querido mostrar una base de dirigentes que tienen la voluntad de acompañar a Axel”, sostuvo el exsenador, marcando el tono de la convocatoria.
El desembarco en este territorio no es casual. Córdoba representa uno de los mayores desafíos para el peronismo a nivel nacional. En las últimas elecciones presidenciales, Javier Milei logró allí uno de sus triunfos más contundentes, consolidando una tendencia adversa que se arrastra desde hace años.
En ese escenario, el axelismo apuesta a una construcción desde abajo: dirigentes territoriales, intendentes y gremios como primer anillo de contención política. Una lógica que ya tuvo un ensayo en Santa Fe, donde se evitó involucrar a las figuras más pesadas del PJ local.
El ex senador, Carlos Caserio, junto al ministro de Seguridad, Javier Alonso.
Los puentes políticos
Carlos Caserio aparece como una figura central en este esquema. Con experiencia en la conducción del PJ cordobés y un recorrido que incluye su ruptura con el cordobesismo en 2019 para apoyar a Alberto Fernández, el exsenador hoy oficia como articulador del espacio.
Su vínculo con Kicillof y con funcionarios clave como Carlos Bianco le permite operar como nexo entre Buenos Aires y el territorio cordobés. A su alrededor, empiezan a alinearse intendentes como Ariel Moyano (San Antonio de Arredondo), Fabián Flores (Mayu Sumaj) y Tito Bustamante (San Roque), además de dirigentes como el concejal Carlos Quaranta.
El armado también suma músculo sindical. Referentes como Hilda Bustos (Gráficos), Mancho Morcillo (Alimentación) y Ezequiel Morcillos (Bancarios) aportan volumen en un contexto donde el malestar económico funciona como punto de cohesión.

En su intervención virtual, Kicillof puso el foco en el impacto social de las políticas del gobierno nacional. “El primer enemigo es el desánimo”, advirtió, al tiempo que cuestionó la idea de que no existe alternativa al rumbo económico actual.
El gobernador planteó que el oficialismo busca instalar un escenario de resignación, donde el crecimiento estaría atado al sacrificio de trabajadores e industriales. También alertó sobre la pérdida de capacidad soberana frente a intereses extranjeros.
En ese marco, llamó a reconstruir el peronismo y a construir una propuesta “a favor de todos”, en lo que fue leído como un intento de ampliar su base política más allá del núcleo duro kirchnerista. “No podemos dar ningún paso si no es con el interior y con cada una de las provincias”, sentenció.
Presentamos el Centro de Estudios Derecho al Futuro y su primer documento, "El plan económico de Milei: 10 mentiras y una zoncera".
— Axel Kicillof (@Kicillofok) March 17, 2026
Un trabajo que surge como respuesta a las mentiras económicas que el Gobierno nacional quiere instalar para convencer a los argentinos de que su… pic.twitter.com/NQXZ5zXB2V
El factor Llaryora y el equilibrio cordobés
El movimiento del axelismo convive con una realidad local compleja. Martín Llaryora mantiene una relación institucional correcta con Kicillof, pero sin señales de alineamiento político. El gobernador cordobés enfrenta su propio desafío: sostener la hegemonía del cordobesismo en un contexto donde La Libertad Avanza crece y disputa parte de su electorado.
En ese marco, cualquier movimiento dentro del PJ puede alterar equilibrios internos. Por eso, la estrategia dominante —tanto en Córdoba como en el armado de Kicillof— parece ser evitar definiciones anticipadas.
El encuentro también expuso un reacomodamiento en el frente sindical. Los gremios evitaron referencias a la política provincial y concentraron sus críticas en el modelo económico nacional, con eje en la caída de la industria y el empleo.
Ese posicionamiento refuerza la idea de que el objetivo del espacio es construir una alternativa nacional, sin interferir —por ahora— en la dinámica local. En paralelo, el PJ cordobés atraviesa su propio proceso de reordenamiento, con debates abiertos sobre conducción y estrategia.
En ese contexto, la irrupción del axelismo introduce un nuevo actor en el tablero. Córdoba, en ese mapa, no es un destino más. Es una prueba. Y también una apuesta.

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