El axelismo avanza en Córdoba y empieza a tejer poder propio
Mariana Portilla


Con la mirada puesta en el escenario nacional, el gobernador bonaerense Axel Kicillof comenzó a dar señales de proyección más allá de la provincia de Buenos Aires. El Movimiento Derecho al Futuro (MDF), el espacio que impulsa su construcción política, prepara el desembarco en Córdoba, un territorio históricamente esquivo para el kirchnerismo y clave en cualquier estrategia presidencial.
La primera avanzada tendrá lugar en Villa Carlos Paz, donde dirigentes del peronismo cordobés se reunirán en un encuentro que encabezará el ministro de Seguridad bonaerense Javier Alonso, uno de los funcionarios de mayor confianza del mandatario provincial.
El encuentro, que convocaría entre 200 y 300 dirigentes y militantes, es organizado por el ex senador nacional Carlos Caserio, quien desde hace meses trabaja en la articulación de un espacio político alineado con el gobernador bonaerense dentro del peronismo cordobés.
Durante la actividad, incluso se prevé que Kicillof participe de manera virtual con un mensaje dirigido a los asistentes, en lo que sería su primera intervención política en territorio cordobés dentro de esta nueva estrategia de expansión.
Un armado en una provincia difícil para el kirchnerismo
Córdoba representa uno de los mayores desafíos para cualquier proyecto nacional del peronismo. En las últimas elecciones presidenciales, el presidente Javier Milei obtuvo allí uno de sus márgenes más amplios de apoyo, consolidando una tendencia electoral que desde hace años resulta adversa al kirchnerismo.
En ese contexto, la apuesta del axelismo pasa por construir una red propia de dirigentes locales antes de dar pasos más visibles. El encargado de esa tarea es Carlos Caserio, ex presidente del PJ cordobés, quien rompió con el esquema del cordobesismo en 2019 para respaldar la candidatura presidencial de Alberto Fernández, en abierta tensión con la estrategia política del entonces gobernador Juan Schiaretti.
Caserio mantiene desde entonces un vínculo fluido con Kicillof y con el ministro de Gobierno bonaerense Carlos Bianco, y trabaja para reunir a intendentes, dirigentes y referentes territoriales que puedan servir como base de un armado político en la provincia mediterránea.
Entre quienes se mueven en esa misma línea aparece también el intendente de Cosquín, Raúl Cardinalli, uno de los dirigentes que mantiene diálogo con el espacio del gobernador bonaerense.

La avanzada política detrás de una agenda institucional
El viaje de Javier Alonso a Córdoba tendrá primero un componente institucional. El ministro bonaerense participará del primer encuentro del Consejo de Seguridad Interior Nacional, que se realizará en el Centro de Convenciones del Parque Kempes.
La convocatoria fue impulsada por el ministro de Seguridad cordobés Juan Pablo Quinteros y contará con la presencia de la secretaria de Seguridad de la Nación, Alejandra Monteoliva, funcionaria del gobierno de Javier Milei.
Tras esa actividad, Alonso participará del encuentro político en el hotel Mónaco de Villa Carlos Paz, donde se concretará la reunión del espacio alineado con el Movimiento Derecho al Futuro.
No es la primera vez que el ministro actúa como emisario político del gobernador. A comienzos de marzo encabezó un encuentro en Santa Fe, en la localidad de Fighiera, donde dirigentes territoriales del sur provincial comenzaron a explorar un armado vinculado al proyecto nacional de Kicillof.
¿Ministra? @AleMonteoliva, no balbucee en contra de la Policía de la Provincia de Buenos Aires. Hace pocas semanas celebraba los alentadores números de seguridad, producto del trabajo de esta honorable fuerza con la que articulamos a diario, equipando y profesionalizando a su… pic.twitter.com/SyC8WCAkZ8
— Javier Alonso (@JaviAlonsook) March 9, 2026
El factor Llaryora y el dilema del peronismo cordobés
El gobernador Martín Llaryora mantiene por ahora una relación institucional cordial con Kicillof, aunque sin señales de un alineamiento político.
El mandatario cordobés enfrenta su propio desafío: sostener la hegemonía del cordobesismo en una provincia donde La Libertad Avanza avanza con fuerza y disputa parte del electorado que históricamente acompañó al peronismo provincial.
En ese contexto, cualquier definición anticipada dentro del PJ cordobés podría alterar equilibrios internos. Por eso, hasta ahora, la estrategia parece ser mantener canales de diálogo abiertos sin compromisos políticos explícitos.

El desembarco en Córdoba forma parte de una estrategia más amplia que el gobernador bonaerense viene desplegando desde hace meses.
El Movimiento Derecho al Futuro busca ampliar la base política del peronismo y articular con intendentes, dirigentes territoriales y sectores sociales de distintas provincias. La idea, según repiten cerca del mandatario, es construir volumen político antes de que el PJ nacional defina una eventual candidatura de unidad.
Esa lógica ya tuvo su primer ensayo en Santa Fe, donde el axelismo reunió a dirigentes comunales sin involucrar a las figuras más fuertes del PJ provincial, como el ex gobernador Omar Perotti o el ex ministro Agustín Rossi.
La estrategia apunta a evitar estructuras tradicionales demasiado condicionadas por disputas internas y apostar, en cambio, a dirigentes territoriales con margen de maniobra propio.
El movimiento de Kicillof también ocurre en paralelo a la consolidación de su liderazgo en la provincia de Buenos Aires.
El próximo 15 de marzo asumirá la presidencia del PJ bonaerense, en una conducción acordada entre los distintos sectores del peronismo provincial. La estructura partidaria incluirá a Verónica Magario como vicepresidenta primera, Federico Otermín como vicepresidente segundo y Mariano Cascallares como secretario general.
Esa ingeniería interna permitió descomprimir tensiones con el kirchnerismo en territorio bonaerense, aunque las diferencias estratégicas dentro del peronismo siguen abiertas.
Mientras tanto, el gobernador parece decidido a ganar tiempo y terreno. La construcción de una alternativa nacional, repiten en su entorno, no puede limitarse a Buenos Aires.
Y en ese tablero, Córdoba aparece como una de las piezas más difíciles —y al mismo tiempo más necesarias— de mover.

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