Desdoblar o no: la jugada que puede redefinir el poder real en la Provincia
Pamela Orellana
La discusión por el desdoblamiento de las elecciones en la provincia de Buenos Aires dejó de ser un debate técnico para convertirse en el eje que ordena —y tensiona— a todo el sistema político bonaerense de cara a 2027.
Con un calendario aún sin definiciones formales, pero con versiones cada vez más firmes sobre un adelantamiento a abril o mayo, la Legislatura se transformó en el escenario donde oficialismo y oposición miden fuerzas, proyectan estrategias y dejan al descubierto diferencias profundas sobre cómo se construye poder en el principal distrito del país.
Un rediseño que impacta en la interna peronista
El oficialismo provincial analiza un esquema que implicaría separar completamente la elección bonaerense de la nacional: primero se resolverían las PASO, el cierre de listas y la elección general en la Provincia, y recién después comenzaría el armado nacional. La lógica es clara: consolidar liderazgo territorial antes de entrar en la disputa por la Casa Rosada.
Sin embargo, la jugada abre una discusión interna de alto voltaje. El senador de Fuerza Patria, Sergio Berni, fue uno de los más críticos: “Descreo de las propuestas electorales desdobladas, porque ello supone desarticular al peronismo, tribalizarlo y convertirlo en una confederación de partidos locales incapaces de tener una propuesta programática única”.
Y fue más allá: “O damos una pelea única todos juntos o nos dispersamos en un desdoblamiento que solo servirá para profundizar nuestras debilidades”.
El planteo de Berni expone una tensión de fondo: mientras sectores del oficialismo consideran que fortalecer la Provincia puede ordenar la estrategia nacional, otros advierten que podría aislar al peronismo bonaerense en un contexto donde la disputa con el gobierno de Javier Milei exige coordinación política.

En paralelo, el rediseño electoral incluye otras variables sensibles: cambios en las internas, la posibilidad de suspender momentáneamente la figura del vicegobernador hasta después de las PASO y limitar la competencia en distritos con listas de consenso. Todo apunta a evitar fracturas como las de 2015 y preservar el control territorial, clave para el peronismo.
La oposición empuja el debate, pero con fisuras
Del otro lado, la oposición no presenta una postura unificada. Mientras algunos sectores impulsan el desdoblamiento como una herramienta para visibilizar la agenda bonaerense, otros lo rechazan por su costo económico y político.
Desde el PRO, Pablo Petrecca defendió la separación de elecciones: “Es clave si queremos sacudir la política en Buenos Aires. Las elecciones pegadas a las nacionales hacen que nuestros problemas queden en la sombra”.
En la misma línea, dirigentes radicales como Nerina Neumann sostienen que la Provincia “no puede seguir siendo el vagón de cola de la elección nacional” y que desdoblar permitiría evaluar la gestión en seguridad, educación y salud sin interferencias.
También acompañan esa mirada el presidente del bloque de la Coalición Cívica en Diputados, Andrés De Leo, y el de Hechos, Manuel Passaglia, quienes consideran que separar los comicios permitiría discutir los problemas locales sin quedar atrapados en la grieta nacional. Incluso hay proyectos legislativos, como el impulsado por Gustavo Cuervo, titular del bloque Nuevos Aires, que buscan establecer el desdoblamiento de forma permanente.
Pero no todos coinciden. Desde La Libertad Avanza, Carlos Curestis cuestionó la medida: “Tener a la gente yendo a votar cuatro veces, y gastando recursos que la Provincia no tiene, es innecesario”. En la misma línea, el diputado Alejandro Rabinovich, presidente del bloque PRO, advirtió sobre el desgaste del electorado: “No tiene sentido que una persona tenga que ir a votar cuatro o cinco veces”.

El rechazo también se apoya en argumentos logísticos y económicos. El vicepresidente de la Cámara baja, Juan Osaba (LLA), fue contundente al señalar que el desdoblamiento implicaría “un derroche de recursos” en un contexto financiero complejo, y apuntó contra la gestión provincial al mencionar el embargo judicial por más de $157 mil millones vinculado a obras sanitarias en la región capital.
El factor electoral que reconfigura candidaturas
Más allá de las posiciones públicas, el trasfondo del debate es profundamente estratégico. Un eventual adelantamiento de la elección provincial modificaría de manera drástica el mapa de candidaturas, especialmente en la oposición.
En ese escenario, el ministro del Interior Diego Santilli aparece como uno de los principales beneficiados dentro del universo libertario. Con mayor nivel de conocimiento y experiencia electoral, una elección temprana lo posicionaría mejor frente a figuras con menor instalación, como Sebastián Pareja.
El movimiento también impacta en el PRO, donde conviven tensiones sobre la estrategia a seguir. Mientras Cristian Ritondo respaldó abiertamente a Santilli —“para mí, Diego es el mejor”—, otros sectores buscan instalar candidatos propios que recuperen la identidad partidaria.
Las fricciones se extienden a nivel territorial. El caso de Diego Valenzuela, que tras su acercamiento a La Libertad Avanza quedó fuera de un cargo nacional, es leído dentro del PRO como una señal de alerta sobre los costos de alinearse con el oficialismo nacional.
En este tablero en plena reconfiguración, la discusión por el desdoblamiento ya no se limita a una cuestión de calendario electoral. Expone un dilema más profundo: cómo se construye liderazgo, qué peso tiene la Provincia en la estrategia nacional y de qué manera se ordena una oferta política capaz de disputar poder en un escenario cada vez más fragmentado.

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