Kicillof acelera y el cristinismo responde con el fantasma de Cámpora
Axel Kicillof decidió dejar de insinuarlo y empezó a caminar como candidato presidencial. El acto sindical en Córdoba, una provincia históricamente refractaria al kirchnerismo, fue leído en el peronismo como el primer mojón federal serio de su proyecto 2027.
El gobernador bonaerense llegó a La Falda respaldado por la CGT y salió fortalecido por una escena que en el PJ interpretaron como un lanzamiento clásico: Héctor Daer proclamándolo desde el escenario, un auditorio coreando “Kicillof presidente” y más de 400 representantes gremiales desbordando la convocatoria original.
“Tu humildad y tu mirada te han llevado a que vos no te hayas nominado como potencial candidato a gobernar nuestro país. Pero nosotros creemos que sos el mejor candidato para conducir los destinos de la Argentina”, le dijo Daer durante el Congreso Nacional de FATSA.
Pero mientras el gobernador sumaba músculo sindical y mostraba volumen político fuera de Buenos Aires, el cristinismo endurecía el mensaje desde San José 1111. La discusión interna ya no gira solamente sobre candidaturas. El debate de fondo es quién manda en el peronismo y bajo qué condiciones podría gobernar un eventual presidente justicialista después del fracaso del Frente de Todos.
La frase que más ruido hizo la pronunció Sergio Berni: “Si Kicillof no acepta la conducción de Cristina, buscaremos otro candidato”.
La sentencia cayó como una advertencia directa al armado del gobernador. Y fue complementada por Teresa García, una de las dirigentes más cercanas a Cristina Fernández de Kirchner, cuando admitió públicamente que el kirchnerismo busca “un nuevo Cámpora”. La comparación no fue casual. Tampoco inocente.
El regreso de una palabra incómoda
En el peronismo saben que evocar a Héctor Cámpora implica abrir una caja histórica delicada. La idea de un presidente subordinado a un liderazgo superior remite inevitablemente al doble comando, a las disputas internas y a una experiencia traumática para el movimiento.
Por eso en el entorno de Kicillof interpretaron la declaración de Teresa García como algo más profundo que una señal de lealtad hacia Cristina. La lectura fue otra: el cristinismo ya no disimula que pretende preservar la centralidad política de la ex presidenta aun después de la condena por la causa Vialidad y la inhabilitación perpetua para ejercer cargos públicos.
La senadora bonaerense incluso fue más allá cuando sostuvo que el próximo gobierno peronista debería comprender “la lógica” para lograr que Cristina “esté libre”.
En La Plata creen que ese esquema sería repetir exactamente el modelo que terminó dinamitando al gobierno de Alberto Fernández. Kicillof tomó nota de aquella experiencia: presidente sin control total del poder, ministros respondiendo a distintos liderazgos, internas permanentes y una economía que terminó explotando antes de la llegada de Javier Milei.
Por eso el gobernador viene construyendo autonomía política sin romper formalmente con Cristina. Una maniobra compleja y, para algunos dirigentes del PJ, casi imposible de sostener en el tiempo.
Kicillof no echó a los ministros camporistas de su gabinete, tampoco rompió públicamente con la ex presidenta y evita responder las provocaciones del kirchnerismo duro. Pero al mismo tiempo aceleró su armado nacional, amplió contactos con sectores sindicales y mantiene una estrategia orientada a mostrarse como algo distinto al kirchnerismo tradicional.
En su mesa chica repiten una definición que expone la lógica del proyecto: “Axel hace más política que cualquiera porque se ocupa de su potencia electoral con la gente; los demás se dedican a hacer rosca”.
La amenaza de una fractura y el espejo de 2003
En paralelo, empezó a crecer dentro del peronismo una hipótesis que hasta hace pocos meses parecía extrema: que no haya acuerdo para 2027 y el PJ termine reproduciendo un escenario parecido al de 2003, con múltiples candidaturas peronistas compitiendo entre sí.
La idea circula tanto en sectores del cristinismo como entre dirigentes del peronismo de centro. “Podríamos ir separados y que decida la gente”, deslizan cerca de Cristina.
El problema es que aquel esquema podría resultar letal si Javier Milei logra ordenar a toda la derecha detrás de una misma boleta.
En el kicillofismo ven con buenos ojos una interna vía PASO que legitime liderazgos sin romper el frente. Aunque tampoco descartan operaciones cruzadas para desgastar al gobernador antes de tiempo. Cerca de Kicillof sospechan que Máximo Kirchner y Cristina podrían terminar impulsando otra candidatura si consideran que el bonaerense acumula demasiado poder propio.
Sergio Massa sigue apareciendo como posibilidad latente. Sergio Uñac también dejó trascender su intención de competir. Y en el medio crecen las conversaciones subterráneas para evitar una fractura terminal.
Ahí apareció Miguel Ángel Pichetto. Después de casi diez años sin diálogo con Cristina Kirchner, el ex senador retomó contacto con la ex mandataria y empezó a moverse como articulador de una reunificación peronista. Se reunió con la CGT, habla con Guillermo Moreno, con intendentes del conurbano y también con dirigentes vinculados al macrismo y al universo libertario.
Pichetto dejó además un mensaje directo para Kicillof sobre CFK: “Si algo le debería decir es que la vaya a ver”. Por ahora no hubo bilateral. La última reunión entre Cristina y el gobernador fue el 1 de octubre de 2025, en San José 1111. No hubo foto. Tampoco acuerdo. Y nunca más volvieron a hablar.
Mientras tanto, el gobernador sigue avanzando sobre una cuerda fina: necesita despegarse del tutelaje político de Cristina, pero tampoco puede prescindir de los votos que todavía conserva la ex presidenta dentro del peronismo.