Crisis del empleo en la Provincia: 84.300 puestos menos y un Conurbano atrapado en la informalidad
La crisis laboral volvió a mostrar su cara más profunda en la provincia de Buenos Aires. Entre noviembre de 2023 y mayo de 2026, el distrito perdió 84.300 puestos asalariados registrados en el sector privado, una caída del 4,2% que superó el retroceso del 3,8% observado en todo el país.
El dato surge del último informe del Monitor Social de la CTA Autónoma, elaborado por el Instituto de Estudios y Formación en base a información del INDEC y del Sistema Integrado Previsional Argentino. El relevamiento expone una combinación que golpea especialmente al territorio bonaerense: menos trabajo formal, desempleo elevado, crecimiento de la informalidad y una fuerte cantidad de personas que, aun teniendo una ocupación, necesitan buscar otra.
El impacto más crítico aparece en el Conurbano. Durante el primer trimestre de 2026, la desocupación llegó al 9,7% en los partidos del Gran Buenos Aires, casi dos puntos por encima del promedio registrado en los 31 aglomerados urbanos del país.
La informalidad alcanzó, a su vez, al 40,5% de los asalariados. La incidencia fue todavía mayor entre las mujeres: el 44,9% trabajaba sin descuento jubilatorio, frente al 36,8% de los varones.
El Conurbano, con uno de los niveles de desempleo más altos
La fotografía del primer trimestre muestra una marcada distancia entre la Ciudad de Buenos Aires y los municipios del Conurbano. En los partidos del GBA, la tasa de actividad fue del 48% y la de empleo se ubicó en el 43,4%. En la Ciudad, esos indicadores alcanzaron el 53,4% y el 50,8%, respectivamente.
La diferencia también aparece al observar la desocupación: mientras en CABA fue del 4,8%, en los partidos bonaerenses llegó al 9,7%. El promedio del AMBA quedó en 8,7% y el correspondiente a los 31 aglomerados urbanos, en 7,8%.
En términos absolutos, el informe contabilizó en el Conurbano: 6,356 millones de personas económicamente activas, 5,741 millones de ocupados, 615.000 desocupados y 1,005 millones de trabajadores ocupados que buscaban otro empleo.
Este último dato permite observar una parte del problema que no queda reflejada en la tasa tradicional de desocupación. Tener una ocupación no necesariamente garantiza ingresos suficientes, estabilidad o una jornada laboral completa. El 15,8% de la población económicamente activa del Conurbano tenía trabajo, pero buscaba activamente otro.
La otra señal de alarma es la falta de registración. En los partidos del GBA, el 40,5% de los asalariados no tenía descuento jubilatorio durante el primer trimestre. El porcentaje supera el promedio nacional del 37,9% y queda muy por encima del 25,6% registrado en la Ciudad de Buenos Aires.
La brecha de género profundiza el deterioro. Entre las mujeres asalariadas del Conurbano, la informalidad alcanzó el 44,9%. Entre los hombres fue del 36,8%.
El Monitor Social relaciona esa diferencia con la organización desigual de las tareas de cuidado y con una mayor presencia femenina en actividades que suelen presentar bajos salarios y altos niveles de precarización, como el trabajo en casas particulares y algunos servicios vinculados con la asistencia.
Las desigualdades también aparecen en el acceso general al mercado laboral. En el AMBA, la tasa de actividad fue del 70,3% para los varones y del 53,8% para las mujeres. La desocupación femenina llegó al 9,1%, mientras la masculina se ubicó en 8,4%.
La subocupación afectó al 13,1% de las mujeres y al 9,8% de los hombres. Es decir, además de participar menos del mercado laboral, ellas tienen una mayor exposición a trabajos de pocas horas, menores ingresos y falta de aportes.
La industria explica una parte del golpe
El retroceso del empleo registrado se conecta con el deterioro del entramado productivo. Como publicó GRUPOLAPROVINCIA.COM al analizar los últimos indicadores fabriles, la industria bonaerense permanecía durante el primer trimestre de 2026 un 6,9% por debajo del nivel registrado en 2023.
El problema no se limitó a la producción. En el tercer trimestre de 2025, el sector industrial provincial contabilizó 516.424 empleos, 7.837 menos que un año antes y 25.598 por debajo de 2023. Metales, vehículos, caucho, plástico y minerales no metálicos estuvieron entre las ramas con mayores caídas de actividad.
Ese deterioro tiene una incidencia decisiva sobre el mercado bonaerense: la Provincia explica alrededor del 42% del empleo industrial argentino y reúne más de 25.600 establecimientos fabriles. Cada planta que reduce turnos, suspende personal o cierra arrastra también a proveedores, transportistas y comercios de la zona.
A su vez, la pérdida de puestos y la precarización reducen el poder de compra de los hogares. Esa contracción vuelve luego sobre comercios, pymes e industrias, que venden menos y encuentran mayores dificultades para sostener sus planteles.
La caída del consumo ya comenzó a trasladarse desde los changuitos hacia el empleo y las cuentas municipales. El caso de la mayorista Caromar expuso ese circuito: una baja cercana al 42% en sus ventas, cierre de sucursales y alrededor de 120 despidos.
Intendentes de distintas regiones bonaerenses también advirtieron que la retracción alcanza a los alimentos y deteriora la cobrabilidad de las tasas. El resultado es una secuencia que se retroalimenta: menos ingresos reducen las compras; la baja de ventas golpea a las empresas; y las dificultades productivas terminan en suspensiones, cierres o pérdida de trabajo.
Pobreza elevada aun entre quienes trabajan
El deterioro laboral convive con indicadores sociales críticos. Según el Monitor Social, durante el segundo semestre de 2025 la pobreza alcanzó al 32,6% de la población de los partidos del GBA, mientras la indigencia llegó al 8%.
En la Ciudad de Buenos Aires, las tasas fueron considerablemente menores: 9,6% de pobreza y 2,6% de indigencia. La diferencia vuelve a mostrar la heterogeneidad que queda oculta cuando se analiza al AMBA como un único territorio.
En toda la región metropolitana, aproximadamente 4,6 millones de personas vivían en hogares cuyos ingresos no alcanzaban para cubrir la canasta básica total. De ellas, 1,13 millones tampoco podían afrontar la canasta alimentaria.
La coexistencia de ocupación, informalidad y pobreza indica que conseguir trabajo ya no asegura por sí solo superar las carencias económicas. Una parte creciente de la población tiene alguna actividad, pero permanece sin aportes, busca un segundo ingreso o cobra por debajo de lo necesario para cubrir sus necesidades.