El termómetro del agro: cómo impacta el modelo de Milei en el campo bonaerense
Mariana Portilla
La postal es incómoda y difícil de sintetizar en una sola imagen: más litros de leche en los tanques, pero menos plata en los bolsillos. En el corazón productivo de la provincia de Buenos Aires, la lechería atraviesa una tensión creciente que combina números en alza con márgenes en caída y un goteo constante de tambos que dejan de operar.
En ese escenario, el ministro de Desarrollo Agrario bonaerense, Javier Rodríguez, puso cifras a una crisis que ya se siente en toda la cadena: “En los últimos dos años cerraron más de mil tambos bonaerenses”, aseguró durante la Fiesta del Tambero.
El dato, que representa cerca del 10% de las unidades productivas, expone una transformación estructural que abre un fuerte debate sobre el rumbo del sector y el impacto del modelo económico impulsado por el presidente Javier Milei.
Lejos de un escenario de caída productiva, los números muestran lo contrario. Según el Observatorio de la Cadena Láctea Argentina (OCLA), la producción creció más de un 10% en el primer bimestre del año. En el oeste bonaerense, el incremento fue del 7%. Sin embargo, ese repunte convive con una realidad más dura: la rentabilidad no acompaña.
La Cámara de Productores de Leche de la Cuenca Oeste (CAPROLECOBA) advirtió que los tambos están cada vez más comprometidos económicamente. Mientras el precio al productor subió un 7,5% en febrero, la inflación mayorista trepó al 25,6% y el rubro lácteo al 16,4%.
“El problema no es producir, sino sostenerse”, sintetizan desde el sector. La ecuación se vuelve cada vez más desfavorable y deja a muchos establecimientos operando en rojo.
Un país con la mitad de las máquinas paralizadas.
— Javier Rodríguez (@JavoRodriguezL) March 13, 2026
La utilización de la capacidad instalada en la industria apenas pasa el 50%. El peor enero en una década. De esto hablamos cuando decimos que la política económica de Milei es anti producción y trabajo. https://t.co/Ht0FKZjnrp
El cierre de tambos y la discusión por el modelo
El dato de los tambos que bajan la persiana se convirtió en el eje del debate político y productivo. Rodríguez vinculó directamente esta situación con las políticas nacionales:
“Las políticas de Milei están empujando a la concentración y expulsando a los pequeños y medianos productores”, afirmó.
Desde su perspectiva, el actual esquema económico favorece a actores más grandes y acelera la desaparición de unidades productivas más chicas, históricamente claves en el entramado rural bonaerense.
Sin embargo, no todos coinciden con ese diagnóstico. Desde entidades rurales como CARBAP estiman un número menor de cierres —unos 400 en el último año— y relativizan la existencia de una crisis estructural.

La tensión no termina en el campo. La industria láctea también muestra signos de deterioro, con empresas que reducen actividad, entran en crisis o directamente cierran: La Suipachense quebró tras más de 70 años de actividad y dejó a 140 trabajadores sin empleo; Verónica enfrenta una fuerte caída en su producción, con riesgo de despidos masivos; ARSA cerró sus puertas y afectó a 400 trabajadores; y Sudamericana de Lácteos intenta sostenerse mediante una reconversión en cooperativa.
A ese cuadro complejo, el ministro Rodríguez le sumó una mirada crítica sobre el rumbo económico nacional y su impacto directo en el entramado productivo. En ese sentido, remarcó que uno de los principales problemas actuales es la pérdida del poder adquisitivo, que golpea de lleno en la demanda. “La gente no llega a fin de mes”, planteó, al tiempo que señaló que esa contracción se refleja en todos los indicadores y termina afectando tanto a productores como a industrias que dependen del mercado interno.
El funcionario también apuntó contra la orientación general de la gestión nacional al sostener que las políticas implementadas generan un escenario adverso para la producción. Según su análisis, el impacto no distingue sectores: alcanza a la industria láctea, los frigoríficos y, en general, a toda actividad vinculada a la transformación de materias primas, profundizando un contexto de incertidumbre.
En ese marco, la lechería aparece como uno de los ejemplos más claros de esa dinámica: una actividad que, aun con niveles de producción en alza, enfrenta un deterioro sostenido en sus márgenes y una creciente presión sobre su estructura productiva.
Más allá de la coyuntura, lo que emerge es un proceso de cambio más profundo. La lechería bonaerense muestra señales de concentración, presión sobre los costos y una creciente dependencia del contexto macroeconómico.
El dato más disruptivo no es solo cuántos tambos cierran, sino qué tipo de estructura productiva queda en pie. Mientras la producción crece, el interrogante central es quiénes podrán sostenerse en el tiempo.

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